domingo 5 de julio de 2009

(L50) 84, Charing Cross Road (1970)

Helene Hanff, 84, Charing Cross Road (1970)

Qué historia más bonita sobre el amor a los libros, la literatura y la amistad a través de la correspondencia mantenida entre Helen Hanff (1918-1997) y el librero Frank Doel durante veinte años. De vez en cuando aparecen obras que parecen haber sido escritas en estado de gracia, fluyen con facilidad y su carácter leve, alejado de todo envaramiento, las hace frescas y redondas.

Las cartas son deliciosas; al menos para un amante de los libros y la lectura. Además, nos irán introduciendo, a través de las referencias más prosaicas, especialmente aquellas que se refieren a los alimentos que la norteamericana envía a sus corresponsales londinenses, en los avatares de la vida cotidiana de la posguerra: desde los racionamientos de alimentos en Gran Bretaña (y así oiremos hablar de los huevos en polvo, de dudoso gusto y execrable consistencia) hasta los primeros automóviles utilitarios, pasando por el intercambio de recetas del auténtico pudding de Yorkshire. Y siempre con un trasfondo literario que nos deja comentarios que son perlas, como el que se refiere a la necesidad de releer los libros de valía, o el que transcribimos a continuación: “personalmente creo que no hay nada menos sacrosanto que un mal libro e incluso un libro mediocre”.

Helene Hanff descubre un pequeño anuncio en el Saturday Review de una librería de Londres especializada en libros de segunda mano. Decide escribir a esa librería pidiendo ediciones difíciles de encontrar en Nueva York y a un precio módico (pues no le sobra el dinero). Le contesta un circunspecto Frank Doel, fiel empleado de esa librería. De ese modo se inicia una correspondencia que durará veinte años, donde Helene y Frank Doel hablan de libros y libras, autores olvidados, harina, huevos, peniques, centavos, penas, alegrías, esperanzas, sueños, las insignificantes minucias que conforman dos vidas. La alegría, el humor, el ingenio, la efervescente personalidad de Helene contrasta con la aparentemente fría corrección británica a ultranza de Frank Doel.

Pero el vínculo que les une, el amor a los libros, es más fuerte que sus diferencias y va haciéndose más profundo cada año que pasa. La intimidad conseguida por este par de almas solitarias es más rica, más vívida, más real que ese océano que les separa y que ninguno de ambos se atreve a franquear.

El poder de evocación de este texto es fascinante: a medida que avanza la obra, el peso de las palabras no dichas, de las cosas que ninguno de ambos menciona, pero cuya ausencia se hace más y más presente en la obra, es un elemento que juega tierna y hábilmente con el espectador, llevándole más allá de los confines del apartamento de Helene y de ese lóbrego pero luminoso 84 Charing Cross Road, donde consume sus días Frank Doel.

84 Charing Cross Road es la historia de dos almas solitarias unidas por una pasión: la pasión por la lectura, por los libros, por esas ventanas hacia otras vidas que nunca nos dejan de fascinar. Existe una adaptación al cine que logra recrear, con bastante acierto, la atmosfera del libro protagonizada por Anne Bancroft y Anthony Hopkins[1]

[1] David Hugh Jones, 84 Charing Cross Road (1987).

domingo 28 de junio de 2009

(L49) Vinieron como golondrinas (1937)

William Maxwell, Vinieron como golondrinas (1937)

La novela está dividida en tres partes que son narradas por tres de los cuatro protagonistas que aparecen en la historia. El cuarto no tiene una voz propia, pero los otros tres no dejan de hablar de él, se trata de la madre, Elizabeth. William Maxwell (1908-2000) nos explica un aspecto fundamental de su infancia, y que marcará el resto de su vida: la pérdida de su madre por una epidemia de gripe española.

En la primera parte titulada Este pequeño ángel, el pequeño Bunny Morison de ocho años cuenta su infancia y la predilección que siente por su madre, no se imagina su vida sin ella, todo su mundo está lleno de la presencia de Elizabeth. Vemos los objetos y las personas con los ojos de un niño de ocho años. Los relojes pelean por dar las horas, los juguetes tienen vida propia, y la tendera del colmado al que acude a comprar mantequilla “tiene los ojos llenos de matemáticas”. Se entera que va a tener un nuevo hermano. La Sra. Lolly explica que la gripe se extiende por Chicago y Saint Louis. Tenemos noticias de que Alemania se rinde (1918). El pequeño tiene fiebre.

Segunda parte titulada Robert, el hermano mayor nos continúa la historia, que aunque es narrada por tres personajes diferentes, tiene un desarrollo lineal. Aparece la tía Irene divorciada de Boy Hiller. Robert tuvo un accidente y le falta una pierna a la altura de la rodilla. Bunny ha cogido la gripe, un gorrión entra en la habitación, en el alboroto la madre entra en el cuarto. Se han suspendido los colegios y los oficios religiosos. Robert posee una gran fantasía y es aficionado a la lectura. Percibimos el mundo a través de los ojos de un chico de doce años, que no es un adulto todavía pero ha dejado ya de ser un niño. Se sube al tejado de la casa para ver la vida desde arriba, no comprende a los mayores y con su bravuconería desea que le presten atención. Como la madre ha de tener el niño en un hospital el matrimonio los deja al cuidado de la tía Clara. Robert coge la gripe. Reciben una carta, los padres han cogido la gripe y están en un Hospital. Tía Irene les visita. Robert delira y sueña con su madre.

Tercera parte. Sobre un punto cardinal, el padre James Morison vuelve a casa viudo, piensa en vender la casa y dejar a los niños con Clara y Wilfred, no se le dan bien los niños. Está completamente desolado por la muerte de su esposa. Quiere que el tiempo corra hacia atrás, que las cosas se muevan por sí mismas. Sufrimos con su apatía, con él en el velatorio, con la actitud hacia sus hijos, a los que no sabe ni puede consolar. Ethel viene a cuidar a Irene que ha caído enferma. Se suceden las visitas de condolencia. Asistimos a la angustia de James, se pregunta con qué fin estamos en el mundo. Lo que nos ocurre a nosotros ya ha sucedido antes. Robert y James se dirigen juntos hacia el ataúd.

Maxwell hace uso en esta novela de una prosa diáfana, limpia, con una atención exquisita por los pequeños detalles, es la historia de una familia que camina hacia la desgracia. El autor nos regala una novela leve, dulce, esplendorosa, emocionante, pero no lacrimógena, como a ello podía prestarse el tema.

La madre es una figura enorme, casi mítica desde el principio, bajo cuya sombra se cobijan todos, la acción avanza con lentitud pausada, como el agua que acarrea una noria, desde la primera a la última página, en los tres libros de que consta la novela, mientras nos muestra sucesivamente los puntos de vista del menor de los hijos, de ocho años, luego el del mayor, de doce, y al final, el del padre. Todos fuertes al principio, en un mundo con sólidos cimientos y las reglas claramente establecidas. Al final desvalidos, todos ellos con un trozo de su existencia amputada por la muerte de la madre.

Maxwell está realmente espléndido cuando describe el mundo infantil, su realismo poético contiene momentos realmente mágicos, imágenes metafóricas excelentes, como cuando se dice que para Bunny “Todas las líneas y superficies de la habitación se inclinaban hacia su madre, de modo que cuando miraba el dibujo de la alfombra lo veía necesariamente en relación con la punta del zapato de ella”. La mayor virtud de Vinieron como golondrinas (1937) es sin duda su falta de pretensiones, su humildad: Maxwell apostaba por conseguir el máximo con los mínimos recursos y creo que lo consiguió.

domingo 21 de junio de 2009

IV Sopar del Club de Lectura de la Biblioteca d'Olesa


El sopar s'ha celebrat el 19 de juny en la Pizzeria-Restaurant L'estació, Av. Ferrocarrils Catalans, 48. Amb aquest sopar despedim la temporada del Club 2008/2009 i ens retrobarem el proper mes de setembre. Bones vacances a tots els integrants, també als que no han pogut assistir.

(L48) Eros es más (2007)

Juan Antonio González- Iglesias, Eros es más (2007)

Eso contestó el poeta Vicente Núñez en una entrevista del ABC Cultural cuando le preguntaron: “¿Logos o eros?: Eros es más”. Me gusta la respuesta, también le gusta al poeta Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964), lo hace título de su último y premiado libro de poesía, ganador de la XIX edición del premio Loewe. Este es otro de los libros destacados del 2007 que queremos comentaros.

En el caso de este Eros es más, retenemos la frase que casi antecede a los poemas: el amor es más fuerte que la muerte. El poemario de González Iglesias constituye una reivindicación del amor en su estado más puro, aquel conocido y nombrado por los griegos, capaz de gobernar sobre los dioses y sobre los humanos. El viaje comienza con “Exceso de vida”, uno de los textos más altos jamás regalados por su autor, cuyo inicio emocionante —Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte— deriva en amor total, que se medita y se abraza, que habla de almas y de cuerpos. Hace tiempo que González Iglesias se enfrenta al reto de escribir sobre el amor —al amor— sin resultar tópico. Esto se debe al estallido de un decir que es coloquial y, al mismo tiempo, disfruta de la altura necesaria con que la poesía debe pronunciarse.

En la poesía de Juan Antonio González Iglesias caben Julio Casares, Aristóteles, Robbie Williams, Marco Aurelio. Caben la conciencia de la muerte, y el carpe diem como combustible para el día a día. En Eros es más cabe la vida plena, rebosante, feliz de ser vivida. Y cabe, sobre todo, el amor. Rebosa más allá de los bordes, nos empapa: es una fiesta que se parece al universo / en que es única. Es el cosmos en medio del caos.

Destacamos también del mismo autor: La hermosura del héroe (1993), Esto es mi cuerpo (1997), Un ángulo me basta (2002).

EXCESO DE VIDA

Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte.
Pero lo que presiento no se parece en nada
a la común tristeza. Más bien es certidumbre
de la totalidad de mis días en este
mundo donde he podido encontrarme contigo.
De pronto tengo toda la impaciencia de todos
los que amaron y aman, la urgencia incompartible
de los enamorados. No quiero geografía
sino amor, es lo único que mi corazón sabe.
En mi vida no cabe este exceso de vida.
Mejor, si te dijera que medito las cosas
(fronteras y distancias) en los términos propios
de la resurrección, cuando nos alzaremos
sobre las coordenadas del tiempo y el espacio,
independientemente del mar que nos separa.
Sueño con el momento perfecto del abrazo
sin prisa, de los besos que quedaron sin darse
sueño con que tu cuerpo vive junto a mi cuerpo
y espero la mañana en la que no habrá límites.

domingo 14 de junio de 2009

(V3) Viaje al Castillo de Michel de Montaigne - (5)


Michel de Montaigne, Los ensayos (1595)

Con este artículo titulado Viaje al castillo de Montaigne termina la serie dedicada a Los ensayos de Michel de Montaigne (1533-1592). ¡Que final más acorde con su lectura que la visita al lugar dónde los escribió y vivió gran parte de su vida retirado de la sociedad!

El castillo está situado en un pueblito llamado Sant Michel de Montaige en pleno corazón perigordino. El acceso es evidentemente de pago y solamente se puede visitar, al ser una propiedad privada y vivir sus dueños en ella, la torre donde tenía la biblioteca y los jardines. La guía nos explicó una serie de anécdotas y curiosidades que quiero reproducir: Michel de Montaigne media solamente un metro y cincuenta y siete centímetros, lo que para su época donde los hombres median casi un metro setenta era poco, le gustaba montar a caballo, sobre todo caballos grandes, para compensar esta poca estatura.


Tenía un pequeño rincón excavado en la pared y cubierto por una cortina, donde se escondía cuando recibía alguna visita que no deseaba atender y que no se conformaba cuando le decían que el señor no estaba en casa. Se hizo trasladar una cama a su estudio, durante su enfermedad, padecía de cálculos renales, para poder seguir escribiendo y leyendo en su biblioteca formada por unos mil libros, algo inusual para una sola persona en su época. En las vigas de madera de esta torre Montaigne escribía las sentencias griegas y latinas que más le gustaban, algunas las borraba y volvía a escribirlas de nuevo.


Ya en la época de Montaigne el castillo producía su propio vino, al él se refiere en sus Ensayos. A modo de souvenir compramos alguna botella, aunque creemos que no es demasiado bueno, tienen de cinco tipos: un blanco dulce, un blanco seco, un tinto joven, un tinto crianza y un tinto reserva, para elaborar los blancos utilizan Sauvignon y Semillon y para los tintos Cabernet franc, Merlot y Cavernet sauvignon, la denominación de origen es Bergerac, todos ellos a unos precios muy moderados, lo que nos hace dudar de su bondad.


Al acabar la visita era la una y media y ya sabemos lo que son los franceses con la comida, si llegan las dos y no has comido te quedas con el estomago vacio, así que raudos y veloces buscamos un Auberge en la misma población de San Michel. Solamente quedaban dos mesas libres y afortunadamente nos admitieron, estaba regentado por una familia. Pasadas las prisas empezamos a mirar algunos detalles que nos parecieron curiosos, había una chimenea con fuego y brasas donde estaban asando un pollo con un mecanismo curioso, había un peso que se elevaba con una polea, el mismo contrapeso al bajar hacia girar una rueda dentada que hacía girar al pollo para que se hiciera por todos los lados, con la particularidad que cuando el peso llegaba al suelo la patrona tenía que volver a girar la rueda para elevarlo y continuar así el proceso.

Por un extraño milagro o encantamiento habíamos retrocedido en el tiempo y nos encontrábamos en la Francia de los años cincuenta. Pedimos un menú campagnard (menú campesino), que resulto bastante bueno. Estaba compuesto por una sopa de verduras con trozos de pan, un paté de campagne, una tortilla de jamón, champiñones o ceps, a elegir, y un entrecot a la brasa con guarnición, hecho en los mismos rescoldos que nos calentaban (la temperatura oscilo entre los 13 y los 20 grados durante el viaje realizado en el mes de agosto), de postre una tarta de frutas al horno, como bebidas agua y un vino de la casa que se podía beber.

Seguimos observando con más detenimiento la estancia y detrás nuestro había un mesa con una familia que estaba celebrando algo, había miembros de todas las generaciones, desde un grand-père muy encorvado que parecía viejísimo pero que acaba todos sus platos con gran fruición, a una petite fille, niña de unos cinco años muy mimada y que solamente quería estar en las faldas de su madre. Cuando reía (la mère) vimos que le faltaban varios dientes concretamente las dos paletillas de delante y parecía tener una edad indefinida. A otro miembro (l’oncle) le faltaba un dedo de la mano y cogía el tenedor para cortar el bistec como si fuera a clavárselo a alguien en la espalda. Por fin nuestras dudas se disiparon salió la dueña de la casa, arrastrando una pierna y los kilos de su cuerpo, portando un petite gâteau con dos velas que formaban el número ochenta y se lo pusieron al grand-père para que soplara, todos los presentes prorrumpimos en un gran aplauso y las felicitaciones se hicieron extensivas a todos los miembros de la familia. Doy gracias al azar por estos momentos dignos de una película de Buñuel.

domingo 7 de junio de 2009

(G9) Dos palillos



Un nuevo japonés ha abierto en Barcelona, está dirigido por Albert Raurich, que durante diez años ejerció como jefe de cocina de El Bulli, con quien todavía colabora, según nos comentó él mismo, y también por el nipón Takeshi Somekawa. El montaje es cuando menos curioso y se justifica de la siguiente manera: "En Asia y España -asegura- se utilizan palillos. Los orientales, a modo de pinzas para ingerir porciones de alimentos; en nuestro país, para picar en los bares". Utensilios que, según su criterio, "vinculan dos culturas gastronómicas, porque tapear no es sólo una forma de comer, sino una filosofía de vida". Fusiona dos ambientes un bar ibérico de lo más Kitsch con una barra nipona de diseño. Un lugar a cuyo alrededor los clientes toman acomodo para degustar tapas exóticas mientras disfrutan del espectáculo de la cocina en directo, de un show-cooking de diversión garantizada donde los cocineros desempeñan a su vez el papel de camareros y el servicio de sala trabaja por detrás de los comensales sirviendo bebidas o recogiendo platos.

El local está situado en la calle Elisabets número 6 en los bajos del Hotel Casa Camper. Había dos menús uno de 45 y otro de 60 euros por persona pero acostumbrados a probar platos de la carta como habíamos hecho en otros japoneses de Barcelona (El japonés del Tragaluz y Sunka) nos decidimos a picotear un poco y seguir algunas de las recomendaciones que hace José Carlos Capel en su artículo de el País del 14/06/2008.

Frente a una barra abierta a la cocina podemos ver cómo nos preparan los platos en vivo y en directo, elaborando aperitivos fríos y calientes. Los platos están elaborados con gran rigor técnico sin renunciar a un componente de originalidad. Para beber pedimos una cerveza japonesa (Kirin Ichiban). Los platos fueron los siguientes: Sunomono blanco de verduras y pescados con sardinas, zanahoria, coliflor y bonito seco; onsen tamago, huevo cocido a baja temperatura, 25 minutos a 63 grados con caldo dashi; unas minúsculas navajas estilo thai con lima, kéfir, curry rojo y algas frescas; rollitos frescos vietnamitas de pollo de payés con cilantro, albahaca y pomelo; won ton de carne, son unos raviolis fritos de carne de cerdo y verduras; gyoza de carne, empanadillas crujientes; wok de verduras tiernas; dumpling al vapor, una especie de ravioli de langostinos y de postre ningyo yaki de chocolate y bizcocho aéreo.

Su cocina es de sensaciones intensas donde la acidez y las notas picantes se suman a las fragancias de múltiples hierbas, y se refuerzan con tres salsas de mesa de gusto incisivo que los clientes utilizan a su antojo para rociar los bocaditos. Una sola pega, las raciones son tan minúsculas que te quedas con hambre y para quedar mínimamente saciado tendrías que pedir tantas que prácticamente gastarías lo mismo que escogiendo uno de los dos menús que proponen. Visita el día 6 de septiembre de 2008.

Precio por persona 45 euros/60 euros + bebida + IVA

PUNTUACIÓN: 7

domingo 31 de mayo de 2009

(L47) El buen soldado (1915)

Ford Madox Ford, El buen soldado (1915)

De verdadero nombre Ford Hermann Hueffer (1873-1939). Su padre era católico de origen alemán y su madre, hija del pintor Ford Madox Brown. Fue admirador de Henry James y de Joseph Conrad, con quien colaboró en algunas obras, y promotor de escritores como Joyce, Lawrence o Pound, a través de las revistas de vanguardia que dirigió en Londres y París.

Argumento: Dos parejas se encuentran en un balneario alemán: los Ashburnham y los Dowell. Lo que parece una sincera y profunda amistad se va corrompiendo. La degradación del propio matrimonio y la personalidad romántica y enfermiza del capitán Ashburnham irá haciendo cambiar las relaciones personales entre ellos.

Nueve años después el narrador nos explica la historia. Los matrimonios se conocieron el verano de 1904 en el comedor del Hotel Excélsior. En este primer momento de la novela ya sabemos prácticamente el desenlace, ha habido dos muertes. La voz narradora en primera persona del señor Dowell es utilizada para proponer un punto de vista, a veces objetivo, a veces subjetivo. Ford Madox la usa para amagar historias, contar cosas que pasarán, sugerir finales, desandar lo andado, y llegar a la meta antes de haber salido. El estudio de la personalidad, las razones de la actuación, los cambios de lugar y tiempo se acumulan en la novela. Es interesante, y revolucionaria para su época, la construcción narrativa, en especial el empleo del aspecto temporal y el tono conversacional. Esta capacidad fabuladora y la maestría en el dominio de las envolturas y desarrollos emocionales de los personajes hacen de El buen soldado la mejor obra de su autor.

La novela es una crítica de la sociedad victoriana, esa atmósfera en la que se mueve la “gente bien” de darlo todo por sabido. En el relato de los hechos hay mucha ironía, ambigüedad, contradicciones, escepticismo, para resaltar el contraste entre la apariencia y la realidad, entre una sociedad que desaparece, la victoriana, y la que se anuncia a partir de la Gran Guerra. Junto a la crítica hay también cierta nostalgia por esa sociedad en vías de extinción. Como reflexiona Dowell al final de la novela “La sociedad debe seguir adelante, supongo, y la sociedad sólo existe si florecen las personas normales, virtuosas y un poquito falsas, mientras que los apasionados, los testarudos y los demasiado sinceros son condenados al suicidio y a la locura”.

En el aspecto formal, El buen soldado es también una revisión de los gustos de la literatura victoriana. En ésta predominaba el relato lineal, de autor omnisciente, con un sentido moral y afán de objetividad. En cambio, Ford Madox, adopta un estilo que podríamos llamar impresionista. Uno de los personajes narra en primera persona los acontecimientos de que ha sido testigo. Los saltos en el tiempo, la inclusión de puntos de vista personales, la manifestación de sus dudas sobre lo que relata son constantes, como un rompecabezas que sólo al final se completa. Lo subjetivo predomina sobre lo objetivo, y no hay ningún deseo moralizador, sino mostrar unos hechos y dejar que el lector saque sus conclusiones.

Es una novela con una estructura formal clásica escrita cuando la novela ya se está descomponiendo, cuando las vanguardias ya han entrado en escena. En ese sentido recuerda a Howard´s end (1910) de E.M. Forster; representan el final de una tradición depurada, que cuenta con infinidad de recursos a punto de quedar caducos pero que en manos de escritores competentes, pueden dar lugar a obras perfectas, "que funcionan como un reloj". Con esta estructura tan novedosa entonces, el novelista hizo un trabajo notable para conseguir mantener la tensión dramática y el interés del lector.

COMENTARIOS DEL CLUB DE LECTURA:

- Se resalta que el fino sentido del humor que tiene toda la novela se pierde al final cuando se vuelve más melodramática.
- Las clases sociales de la élite británica es posible que no nos sean muy cercanas. Son los rentistas, la burguesía rural que retrata Jane Austen en sus novelas pero cien años después en plena decadencia.
- Se nos presentas los personajes como un minueto perfecto pero después comprobamos que se descompone la situación de las parejas.
- Las relaciones sociales y el “amor”. Las parejas duermen en habitaciones separadas. Parecen personajes con poco interés por lo sexual, sobre todo Dowell y Leonora, También hay una falta de expresividad en los sentimientos.
- No existe discrepancia entre los matrimonios y entre las parejas, porque no profundizan en nada, así se evita el conflicto. Mantienen los protocolos, las costumbres, son muy tradicionales.
- El narrador es un narrador pasivo, que nos explica lo que pasa como un observador (voyeur). Hay una falta de energía en los personajes, ej.: Edward deja la administración de sus tierras a su mujer porque es incapaz de hacerlo él de forma provechosa.
- La novela narra el ocaso de los personajes que es a su vez el de un imperio y una forma de vivir.

domingo 24 de mayo de 2009

(L46) Alabama Song (2007)

Gilles Leroy, Alabama Song (2007)

En Alabama Song (2007), el escritor francés Gilles Leroy (Bagneux (Hautes-de-Seine, 1951) se mete en la piel de Zelda Sayre para narrar en primera persona la ascensión y caída de Scott y Zelda, dos genios, dos escritores que se necesitaron el uno al otro, que se utilizaron y se destrozaron en aras de un arte mayor llamado escritura. Alcoholismo, locura y genialidad hicieron menos suaves las noches de los Fitzgerald.

Zelda le está contando al psiquiatra de un hospital donde está internada (estamos en el año 1940) la historia de su vida remontándose a los inicios cuando conoció a Scott Fitzgerald en 1918 en la ciudad de Montgomery (Alabama), él tiene 21 años y ella 17. Fueron las "dos aves más hermosas del cielo". Durante una década, entre los estertores de la I Guerra Mundial y el crack del 29 -con el que languidecieron los brillantes trajes de las flappers, la música de foxtrot. Francis Scott Fitzgerald y Zelda Sayre formaron la pareja más hermosa y maldita no sólo de la Generación Perdida sino de uno de los grandes periodos de la literatura norteamericana.

“Salíamos en primera plana de los periódicos y nuestros retratos estaban en los frontispicios de los teatros y los cines de Manhattan. Nos pagaban fortunas por hacer anuncios que no nos requerían más esfuerzo que llegar puntuales, sobrios, sonrientes y pulcros. Fuimos nosotros los inventores de la celebridad y, sobre todo, de la forma de comerciar con ella” (página 54)

"Scott y yo nos necesitábamos y los dos utilizamos al otro para conseguir nuestros propios fines. Sin él, me habría casado con aquel chico gris, el teniente fiscal de Alabama, que es como decir que me habría tirado al río con los bolsillos llenos de plomo. Sin mí, Scott nunca habría triunfado. Es posible que ni siquiera hubiese publicado. No crea que lo aborrezco. Hago como que lo odio. Lo admiro. Leí sus manuscritos. Los corregí. El título de El gran Gatsby se me ocurrió a mí, mientras Scott andaba empantanado en hipótesis extravagantes. Siento estima por mi marido, profesor. Pero esa empresa común, no es amor".

Alabama Song es un bello relato escrito en primera persona con una prosa delicada y a la vez valiente capaz de mostrarnos, con sólo unas pinceladas, el ambiente cálido y seco de Alabama, la vida nocturna del Nueva York de los años veinte, la Europa de entreguerras, la España de la guerra civil. Los grandes nombres se humanizan. Gilles Leroy no teme mostrarnos ni lo bueno ni lo malo de su manera de ser: artistas, bailarinas o escritores pasean por sus páginas y todos son descritos sin piedad, como los narraría alguien que tuvo la oportunidad de conocerlos.

Aparecen en la narración personajes famosos como Lewis O’connor, Lilliam Gish, indirectamente también Lilliam Hellman y sobre todo su amiga Tallulad Bankhead (1902-1968) actriz nacida en Alabama como ella.


miércoles 20 de mayo de 2009

Mario Benedetti (1920-2009)


El domingo 17 de mayo se nos ha muerto el poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), últimamente no ganamos para disgustos y la etiqueta de necrológicas va creciendo sin pausa. En el blog ya le dedicamos un artículo comentando su excelente novela La tregua (1960) el 25 de noviembre de 2007. La poesía de Mario Benedetti consiguió entrar en la educación sentimental de muchos lectores, y supo hablarle a la gente del amor, del miedo, de la melancolía, de la soledad, sentimientos que, por fortuna, no son patrimonio de los poetas, sino de los seres humanos en general. Os queremos hacer llegar un par de poemas suyos para quitarnos este regusto amargo en la boca. Como dice Benedetti en uno de sus últimos poemas: La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos.

Ustedes y nosotros

Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual

ustedes cuando aman
calculan interés
y cuando se desaman
calculan otra vez
nosotros cuando amamos
es como renacer
y si nos desamamos
no la pasamos bien

ustedes cuando aman
son de otra magnitud
hay fotos chismes prensa
y el amor es un boom
nosotros cuando amamos
es un amor común
tan simple y tan sabroso
como tener salud

ustedes cuando aman
consultan el reloj
porque el tiempo que pierden
vale medio millón
nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor
gozamos y nos sale
barata la función

ustedes cuando aman
al analista van
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal
nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad
el subconsciente piola
se pone a disfrutar

ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial
nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.


Hagamos un trato

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.




viernes 15 de mayo de 2009

Carlos Castilla del Pino (1922-2009)

Esta mañana ha muerto el médico, profesor, humanista y amigo Carlos Castilla del Pino (1922-2009) a consecuencia de un cáncer. El verano pasado tuvo que suspender un curso en la UIMP de Santander titulado Espacio íntimo. Estructura y dinámica de la intimidad. Unos meses después me comentó que lo habían operado, había perdido diez quilos, pero que se encontraba bien, reanudando su labor intelectual de cursos y conferencias. Esta pasada semana santa le comenté mi intención de pasar a saludarlo por Castro del Río donde tiene situada su residencia (la casa del Olivo como a él le gustaba denominarla, es la fotografía que os adjunto) pero me dijo que le estaban haciendo unas pruebas muy dolorosas y que no se encontraba bien, toda una premonición del desarrollo final de la enfermedad. Hace diez años que entré en contacto con sus obras interesado en conocer algo más sobre la complejidad y el funcionamiento de la mente humana. He leído desde entonces veintitrés libros suyos quedando cautivado por la profundidad y el rigor con que trata estos temas. Le considero un referente de la psiquiatría y el pensamiento español y, lo que es más importante, un puntal fundamental en mi formación y en mi forma de entender la vida. Desde las páginas del blog quiero despedirme de él con cariño y agradecimiento por todo lo que me ha dado.

Para los que todavía no le hubierais conocido os adjuntamos una buena biografía escrita por Rafael Gonzalo Jiménez antiguo profesor de los Salesianos de Ronda a la que hemos intentado añadir nuestro pequeño grano de arena.


Biografía: El profesor Carlos Castilla del Pino (1922), prologuista de Luis Martín-Santos, neurólogo, psiquiatra y ensayista español, nacido en San Roque (Cádiz), y que me fue muy familiar durante mis estancias en Puente-Genil y Pozoblanco (Córdoba), lector precoz, tuvo también una temprana vocación científica marcada por la admiración hacia Santiago Ramón y Cajal. Cursó la enseñanza primaria en el Colegio Salesiano de Ronda (Málaga), de cuyo Instituto Militar he sido profesor, el bachillerato en los Escolapios de Sevilla, y la carrera de medicina en la Universidad Central de Madrid. Comenzó su carrera docente nada más terminar sus estudios, adscrito a la cátedra de Patología Médica del Dr. Agustín del Cañizo Álvarez, entre 1942 y 1943. Desde 1943 a 1946 fue alumno interno del Departamento de Psiquiatría del Hospital Provincial de Madrid, que dirigía el profesor Juan José López Ibor. Allí conoció al neurólogo Manuel Peraita y Peraita, que se había formado en Alemania con C.S. Föster, el gran maestro de la neurología germánica inmediatamente anterior a la II Guerra Mundial, Peraita fue uno de sus maestros. Desde 1946 a 1949 continuó en el mismo Departamento, pero ya de médico interno, al tiempo que desde 1945 a 1949 fue también colaborador del Departamento de Histología del Sistema Nervioso en el Instituto Santiago Ramón y Cajal de Madrid, que dirigía el profesor Sanz Ibáñez. Allí conoció a dos discípulos de Santiago Ramón y Cajal, Jorge Francisco Tello y Fernando de Castro, de los que tuvo ocasión de aprender la preparación en láminas muy extensas del córtex cerebral. Y estuvo también influido por la fenomenología, la psicopatología y el análisis existencial de Edmund Husserl, Max Scheler y Martin Heidegger.

El 19 de junio del 2003 fue elegido miembro de número de la Real Academia española de la Lengua, en la que el 7 de marzo del 2004, a las 19 horas, leyó el discurso de ingreso: Reflexión, reflexionar, reflexivo. Con contestación a cargo de José Luis Pinillos. Ha formado a numerosos psiquiatras españoles, franceses e hispanoamericanos. Ha sido profesor visitante de las universidades de Copenhague y Aarthus (Dinamarca), Middelbury (Vermont, USA), Milán (Italia), Göttingen (Alemania), Marsella (Francia, Sheffield (Inglaterra), Lieja (Bélgica), Caracas, Valencia (Venezuela), Buenos Aires, La Plata, Córdoba y Rosario (Argentina), Santo Domingo (República Dominicana), Lima (Perú), Bogotá (Colombia), etc. Ha recibido el premio Comillas de memorias, biografías y autobiografías (1996), el Premio Internacional de Ensayos Jovellanos (1998), el Premio Público de ensayo y pensamiento (1999), el Premio de Cultura María Zambrano (2000), el Premio Meridiana del Instituto Andaluz de la Mujer (Cádiz,2001) y el Premio Andalucía de Investigación de Humanidades y Ciencias Jurídicosociales Ibn Al Jatif (2001). Doctor honoris causa por la Universidad Nacional de San Marcos (Lima, Perú), Cádiz y Autónoma de Madrid (España). Profesor de la Escuela de Ciencias Sociales, con mi catedrático y amigo Enrique Tierno Galván y José Luis López Aranguren, a menudo trabajó con Elías Díaz, Ramón Tamames, Carlos Moya y Salvador Ginés.

Su tesis doctoral la dirigió el catedrático de oftalmología Dr. Buenaventura Carrera sobre Fisiología y patología de la percepción óptica del movimiento, leída en 1947. Investigó por entonces la distinción de esquizofrenias encubiertas por otras patologías. Desde 1949 dirigió el Dispensario de Psiquiatría de Córdoba, donde también ejerció como catedrático de Psiquiatría. Desde 1946 a 1966 dedicó gran parte de su tiempo a las investigaciones neuropatológicas y publicó treinta trabajos, de los que veinte son de neurología patológica experimental; destacando un trabajo sobre La unidad sensoriomotriz en la esfera óptica, que se publicó en 1946 en las prestigiosas Actas Lusoespañolas de Neurología y Psiquiatría. Y en algunos de ellos, por ejemplo Los dinamismos de la tristeza y de la inhibición en los enfermos depresivos, publicados en Archivos de Neurobiología en 1966, se contienen ya los gérmenes de una nueva manera de entender la psiquiatría. En 1949 hizo unas Oposiciones en la que fue nombrado jefe de los Servicios Provinciales de Psiquiatría e Higiene Mental de Córdoba, cargo en el que continuó hasta su jubilación en 1987. No logró ninguna de las cátedras universitarias a las que se presentó durante el franquismo, por ser militante entonces del Partido Comunista de España (PCE).

Comenzó a ser conocido con su libro Un estudio sobre la depresión. Fundamentos de antropología dialéctica (1966), que abrió un nuevo frente social en la psiquiatría y en la conciencia pública española, señalando la importancia que en el desarrollo de las patologías y su curación tiene el contexto social y económico; y el impacto de esta obra se acusó en las nueve ediciones sucesivas que tuvo; explicando la clínica psiquiátrica tradicional, la psicología dinámica, la psicología social (en particular la psicología de las actitudes), la sociología de George H. Mead, la psiquiatría de Harry Stack Sullivan y la antropología marxista de derivada de los Manuscritos Económicos y Filosóficos. Desde 1968 Carlos Castilla del Pino centró su investigación en el análisis del lenguaje, con especial dedicación a la hermenéutica del lenguaje. Su segundo libro, La incomunicación, se publicó en 1969 tuvo trece ediciones. En 1970 sus Cuatro estudios sobre la mujer y su Sexualidad y represión fueron también muy leídos.

Otros de sus libros son: Psicoanálisis y marxismo (1971); El discurso de la mentira (1988); De la intimidad (1989); Introducción a la hermenéutica del lenguaje (1972); Introducción al masoquismo (1973); Criterios de objetivación en psicopatología (1977); Introducción a la Psiquiatría; Vol.1 (1978); vol.2 (1980); Teoría de la alucinación (1984); Una investigación de teoría psicopatológica (1984); Cuarenta años de psiquiatría (1987); El análisis del discurso y su aplicación a la psicopatología (1988); El silencio (1992); El delirio, un error necesario (1997); El odio (1997); Discurso de Onofre (novela) (1999) y Teoría de los sentimientos (2000). Así como los dos libros de memorias Pretérito imperfecto. Autobiografía (1922-1949) y Casa del olvido. Autobiografía (1949-2003). Libros que le valieron su ingreso en la Real Academia Española de la Lengua.

Desde 1949 a 1965 escribió sobre numerosos trastornos neurológicos, como meningitis tuberculosa, encefalitis linfática, mielitis neuroóptica, tumores cerebrales y epilepsia; neurohistología: método del cromato de plata amoniacal y su aplicación a la impregnación de las neuronas; y clínica psiquiátrica: sobre la patogenia de algunos síntomas del delirium tremens, el síndrome de Korsakov, la sintomatología psiquiátrica del síndrome de Morgagni-Stewart-Morel. Separó las dismorfias psicóticas de las dislusiones.

También El punto de vista clínico en la sistemática psiquiátrica actual: teoría nosológica; La psiquiatría desde 1944; psicopatología: Sobre el trastorno formal del pensamiento en la neurosis obsesiva, Sobre la degradación de las estructuras delirantes tras el tratamiento con neurolépticos; filosofía: El concepto de gravedad en Kierkegaard. Y artículos psicológicos, psicopatológicos y clínicos recopilados en Cuarenta años de Psiquiatría (1987).

En 1959 confeccionó dos artículos, publicados conjuntamente en 1963 con el título Vieja y Nueva Psiquiatría. Durante los años sesenta: Ética equívoca; La persona, limitante y determinante de la libertad; La situación, fundamento de la antropología.

Quiso crear una antropología dialéctica que cuestionase el fracaso de la cura psicoanalítica corriente. Partiendo de la oposición entre sujeto y realidad, muestra que, si bien la persona se ve estructurada por su situación mundana, conserva su propio dinamismo, de orden evolutivo e histórico; su teoría de la libertad plantea como tesis fundamental que el ser humano es el motor de la historia. Analizó la mala conciencia, que constituye una falsa conciencia, a través de La depresión (1967), La culpa (1968) y La incomunicación (1969). Hostil a la fenomenología, se adhiere a la filosofía de la praxis, en la que lo que cuenta es la significación que el ser humano confiere a la realidad; pero nunca en el sentido de Jean Paul Sartre. Rechazando toda ontología, incluso la agnóstica, Carlos Castilla del Pino quiere disolver las últimas frustraciones, pero éstas sólo podrán desaparecer una vez establecida la sociedad sin clases; en espera de ello subsistirían muchas alienaciones, en particular femeninas, en un mundo machista, duro y exclusivo. El humanismo imposible (1968) y la Naturaleza del saber (1975) muestran el camino a seguir, sin disimular las innumerables dificultades. Y el problema de la expresión se relaciona con esta perspectiva en Introducción a la hermenéutica del Lenguaje (1972).

Entrevista al psiquiatra Carlos Castilla del Pino en el programa "De cerca" de TVE el 16 de mayo de 2005.





domingo 10 de mayo de 2009

(C6) La teta asustada (2009)

Claudia Llosa, La teta asustada (2009)

Us vull proposar una pel·lícula: “La teta asustada”, guanyadora del premi de la Crítica Internacional i de l’Ós d’Or del festival de cinema de Berlín de l’any 2009. Es tracta d’una coproducció entre el Perú i Espanya, escrita i dirigida per la jove Claudia Llosa (Lima, 1976), qui resideix actualment a la ciutat de Barcelona.

Ella mateixa, en una entrevista, explicava l’argument: “La teta asustada no es una creencia, es una enfermedad, una antigua enfermedad. Se contagia a través de la leche materna de las mujeres que fueron violadas durante la gestación y la lactancia. Sus hijos se infectarán de manera irremediable de ese silencioso terror. Fausta (Magaly Solier) lo tiene. Ella sufre de un miedo atávico que la invade por completo. Y más, guarda un secreto que no quiere ni puede revelar. Pero debe cumplir una promesa: llevar a su madre a su pueblo natal. Y para hacerlo debe encontrar la salida del laberinto que está dentro y fuera de ella”.

Molts comentaris sobre la pel·lícula fan referència a les violacions i a la seva relació amb aquesta malaltia anomenada “la teta asustada” i que dóna títol a la pel·lícula. No és aquest l’argument principal, tot i estar constantment present, també hi ha d’altres aspectes que han originat comentaris, alguns de molt crítics al Perú, com són l’origen indi dels protagonistes, la llengua quítxua en què parlen, el contrast entre l’extraradi de Lima, on viu la protagonista, i la casa rica on treballa. Tot forma part de la pel·lícula, però allò que veritablement la determina és la por de la protagonista, profondament arrelada dins seu (com crec que ho fan totes les pors).

La pel·lícula és en part original perquè s’ha rodat al Perú (concretament a Lima). D’aquest país ens arriba poquíssima filmografia, i encara menys guanyadora de premis internacionals. El gran dolor i tristesa que en alguns moments ens transmet la història i els personatges, i la cura i sensibilitat amb la qual sembla que s’ha rodat i produït, crec que són les seves millors referències i la fan mereixedora dels guardons que ha rebut.

Si voleu una mica més d’informació, la podeu trobar a http://www.latetaasustada.com/. A Barcelona, només la projecten als Cinemes Alexandra.

MAITE QUILES

domingo 3 de mayo de 2009

(M5) Serguei Rakhmàninov

Serguei Rakhmàninov, Concert núm. 3 en re menor

Hola companys, durant una llarga temporada he estat apartada de la vostra, sempre grata i enriquidora, companyia. Ara més recuperada m'agradaria fer una aportació de nou al blog amb el Concert que l'Auditori va celebrar el passat 22 de febrer, a càrrec de la OCB, actuant com a solista el pianista Nicolai Lugansky amb la interpretació del Concert núm. 3 en re menor de Serguei V. Rakhmàninov. Amb aquesta explicació, desitjo motivar-vos a escoltar-lo i gaudir d'un bon moment.

Durant el canvi de segle XIX al XX Rússia comptava amb molt bona salut musical des del punt de vista creatiu. Si les obres de Txaikovski ja sonaven a la majoria d'auditoris d'Europa, les d'A. Borodín o les de N. Rimski-Kórsakov s'anaven introduint progressivament en el panorama internacional amb una música que defensava amb fervor l'estètica nacionalista. D'altra banda, A. Skriabin i I. Stravinsky, dos autors que pels vols de 1900 assolien la seva maduresa com a artistes, s'anaven llaurant la seva pròpia parcel·la en el circuit musical de l'època amb personalitats acusades i ben diferenciades.

L'altre gran compositor rus que va conquerir el mercat internacional d'aquell convuls canvi de segle va ser, Serguei V. Rakhmàninov (1873-1943), un artista que, en la seva vessant creativa, es va quedar fondejat en la tradició anterior. Va voler estirar el romanticisme fins a les màximes conseqüències, resistint-se a adscriure's a les noves tendències que s'encetaven a començament del segle XX. Les convencions tonals del XIX, serien la base del seu ideari estilístic, això sí, sempre modelades pel seu impetuós geni creatiu, l’identitat del qual aconseguí que el rostre del moviment romàntic adquirís una dimensió, potser un xic passada de moda, però amb una expressivitat tan innovadora que el públic no s'hi va poder resistir "Potser sento que el tipus de música que m'agradaria escriure no és el mateix que s'accepta avui en dia", apuntaria Rakhmàninov referint-se a la seva escassa producció. Era cert; la seva ànima romàntica discrepava dels nous corrents musicals i potser per això va focalitzar la seva energia, bàsicament, en la producció pianística, un terreny que dominava més bé que cap altra. En aquest sentit, va compondre algunes de les obres cabdals de la història del piano.

El seu Concert per piano i orquestra núm. 3 en re menor és, juntament amb els altres concerts per al mateix instrument, una de les seves creacions més divulgades i una de les peces pianístiques de més dificultat de la història, l'execució del qual és tot un repte per a qualsevol intèrpret. Va ser concebut l'any 1909 i l'estrenà el mateix Rakhmàninov aquell mateix any a Nova York com a carta de presentació de la seva primer gira nord-americana.

En quant a l'estructura, potser és el més sòlid dels quatre concerts per a piano que va compondre; reflecteix les característiques essencials de l'estudi del compositor i està dividit en tres extensos moviments separats per fronteres tan suaus com merament formals. Ja des de les primeres notes s'edifica el bellíssim tema principal que dominarà tot el concert i que es desenvoluparà immers en un mar de textures fermes, la regularitat rítmica de les quals està injectada d'una gran envergadura climàtica i d'una orquestració rica, sedosa i d'extrema generositat sonora que donen a l'obra una estructura de dimensions simfòniques.

La malenconia exaltada que resideix en moltes de les obres de Rakhmàninov domina les melodies d'aquest tercer concert amb especial magnitud, i és aquesta tristesa apassionada la clau que fa obrir les papil·les emocionals de l’oient gairebé sense adonar-se'n i de manera automàtica. Després de l’estrena, el compositor no tornaria a executar aquest concert fins als seus últims anys de vida, confiant la seva interpretació a altres grans i aleshores joves genis del teclat de l'època.

ROSA SANROMÀ