(L1) Diario de la guerra del cerdo (1969)


Adolfo Bioy Casares, Diario de la guerra del cerdo (1969).

Argumento: Unos viejitos: Vidal, Dante, Arévalo, Rey, Néstor y Jimi pasan sus años de jubilados jugando al truco (juego de naipes) y esperando que el gobierno les pague la pensión atrasada. Todo sucede con una cierta monotonía hasta que se van sucediendo una serie de incidentes en los que son agredidas personas mayores, llegándose a una verdadera caza del anciano. Narrada en primera persona por Isidoro Vidal, mezclando el humor y la tragedia, nos va adentrando en un mundo absurdo, despiadado, pero no por ello carente de ternura.

En el horizonte, una relación imposible, de ésas que tanto gustan a los autores hispanoamericanos; sentimientos no resueltos de un hombre, Vidal, que sigue siendo un adolescente emocional, y que ahora, en el otoño de su vida, se valora menos que nunca.

Este libro de Adolfo Bioy Casares (1914-1999) es una impresionante alegoría sobre la soledad y la vejez, sobre cómo se siente una persona cuando deja de importar para el mundo, cuando te atienden mal en la panadería, cuando ya no puedes mirar a las mujeres sin que piensen en ti como un viejo verde. En resumen, la repulsión e incomprensión que siente la sociedad por las personas mayores.

Nos podemos imaginar que esa persecución contra los viejos ha sido promovida por el gobierno de turno (Buenos Aires 1969), para tapar cualquier situación incómoda mediante un chivo expiatorio. O tal vez la banalidad de la sociedad brutal simplemente cambió de divertimento. Pocos años después de la publicación de esta novela, una persecución real comenzaba en Argentina, y dejaría más de 30.000 desaparecidos.

Vidal, héroe que no ignora las debilidades, enfrenta con dignidad y coraje ese misterioso compromiso que nos incumbe a todos: el de vivir. Sin embargo, no es un libro pesimista, la caracterización de los personajes es brillante y el diálogo fluye con naturalidad. Los episodios narrados dejarán en el lector recuerdos vividos como los sueños: en última instancia son sueños que todos hemos de soñar.

Reflexiones sobre la vejez y la voracidad de la condición humana (“He llegado a un momento de la vida en que el cansancio no sirve para dormir y el sueño no sirve para descansar”) hacen de la novela una de las mejores de Bioy Casares, superior, a mi modo de ver, a La invención de Morel (1940) y a un nivel cercano a El sueño de los Héroes (1954).

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