(L14) La señora Dalloway (1925)


Virginia Woolf, La señora Dalloway (1925).

Libro de difícil lectura y extraña belleza, requiere un esfuerzo por parte del lector que no siempre le será recompensado, como pasa con muchas otras cosas en la vida. La novela nos relata un día en la vida de Clarissa Dalloway, en concreto el día de su cincuenta cumpleaños. En literatura lo importante no es lo que se explica sino cómo se explica, ahí radica su valor y lo que da trascendencia a la escritura. La búsqueda de Virginia Woolf de una fórmula narrativa mediante la cual se pudiera perfilar simultáneamente un cuadro de vida y costumbres y la experiencia interna de la mente de los personajes, cristaliza de modo magistral en La señora Dalloway (1925). El argumento surge de la vida interior de los personajes, y los efectos psicológicos se logran a través de imágenes, símbolos y metáforas. Los personajes se despliegan gracias al flujo y reflujo de sus impresiones personales, sentimientos y pensamientos: un monólogo interior en el que los seres humanos y sus circunstancias normales aparecen como extraordinarios.

Dos tramas se entrelazan en esta obra que pone en relación la comedia de costumbres satírica y la tragedia de una vida. Por un lado, Clarissa Dalloway, esposa de un miembro del parlamento y perfecta anfitriona, se prepara para dar una fiesta. Por otro, Septimus Warren Smith, un hombre encerrado en sí mismo, terminará la jornada suicidándose. Todo ocurre en un solo día. Septimus y Clarissa nunca se encuentran pero la muerte de él es mencionada casualmente en la fiesta de la señora Dalloway. El flujo de conciencia, la realidad filtrada a través del mundo interior, es el vehículo para revelar mediante pensamientos, recuerdos e impresiones, el carácter de los personajes. Como telón de fondo lejano, la guerra y la sensación de fracaso de las figuras secundarias que se reúnen en la fiesta.

La señora Dalloway de Virginia Woolf (1882-1941) es una novela innovadora en cuanto a estilo y forma de contar las cosas. Utiliza el monólogo interior (El Ulises de Joyce data de 1922), que consiste en representar el flujo de la conciencia. La subjetividad para acercarse las cosas, se explican los sentimientos de los protagonistas, aparece el reloj como nexo de unión entre situaciones y personajes. Un narrador omnisciente pasa de un personaje a otro, de una situación a otra, como si de un espíritu volador se tratara. Comparándola con las novelas de su época, por ejemplo La montaña mágica (1924) de Thomas Mann de estructura más tradicional, nos daremos cuenta de su modernidad.

Algunos de los temas más sugerentes que aparecen son: el diferente rol hombre-mujer, la ambigüedad sexual de la protagonista, la dificultad para ser feliz, el suicidio, la locura, el sentimiento de sentirse prisionera, etc.: “¿Qué es lo que se sabe incluso de las personas con las que se vive?, preguntó. ¿Acaso no somos todos prisioneros? Había leído una obra de teatro maravillosa sobre un hombre que garrapateaba en la pared de su celda; estaba convencida de que la vida era eso: garrapatear en la pared. Cuando desesperaba de las relaciones humanas (las personas eran tan difíciles), con frecuencia se iba al jardín y sus flores le proporcionaban una paz que hombres y mujeres nunca le habían dado”.

Otras novelas que merecen ser leídas son: Al faro (1927), Orlando (1928), Las olas (1931) y el ensayo Una habitación propia (1929).

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