(BA5) Exposición de Francis Bacon en el Museo del Prado (2009)


Francis Bacon, Exposición en el Museo del Prado (2009)

El Museo del Prado nos ofrece una gran oportunidad para contemplar una exposición retrospectiva de 156 obras del pintor irlandés Francis Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1992). La podemos ver del 3 de febrero – 19 de abril 2009 en el Museo del Prado de Madrid. La Comisaria de la misma es Manuela Mena, Jefa de Conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya. Está organizada por la Tate Britain de Londres y el Metropolitan Museum de Nueva York, en colaboración con el Museo del Prado. Lugar: Salas del Edificio de los Jerónimos.

Con esta gran retrospectiva se pretende conmemorar el centenario del nacimiento del artista. Las pinturas se exponen siguiendo un orden, que es en parte cronológico, pero sobre todo temático siguiendo conceptos derivados de los asuntos que trató en distintas etapas de su vida: Animal, Zona, Aprensión, Crucifixión, Crisis, Archivo, Retrato, Memorial, Épico y Final. Siguiendo cada una de estas grandes divisiones nos podemos adentrar en el mundo particular de las obsesiones del artista. La contemplación de su pintura exige máxima concentración, alejamiento de cualquier tipo de prejuicios, abrir los ojos y la mente a la belleza de su técnica y a su descarnada y veraz aproximación al ser humano.
A continuación comentaré las pinturas que más me han impresionado intercalando fragmentos de las excelentes entrevistas que le hace David Sylvester y que aportan claridad a su obra.

De su etapa Animal (1940-1950) hay un tríptico en el que presenta al ser humano como un animal, tal vez el más cruel de la creación. No olvidemos que se acaban de descubrir los horrores de los campos de concentración nazi. El cuadro refleja un pesimismo y una crueldad donde el colorido vital contrasta con la violencia de las escenas. He de aclarar que los cuadros de Bacon miden aproximadamente unos tres metros de altura así que las representaciones que aparecen aquí son una pálida muestra de su esplendor y potencialidad.


En Zona y Aprensión (década de 1950) merece destacarse las variaciones sobre el Retrato del papa Inocencio X de Velázquez. Aquí las figuras se aíslan dentro de una estructura metálica, en un espacio sombrío y angustioso. Las bocas, expresivamente abiertas en un grito, se convierten en el centro de las composiciones, uniendo a la idea del poder la de la angustia interior y la crueldad. (DS. Sin embargo, cuando fuiste por fin a Roma, aunque estuviste allí un par de meses, según creo, no aprovechaste la oportunidad para ver el Inocencio X. FB. No lo hice. No. (…) creo que probablemente sintiese también miedo a ver la realidad del Velázquez después de andar manipulándolo, miedo a ver ese cuadro maravilloso y pensar las tonterías que había hecho con él) (pág. 43).



En Crucifixión y Crisis (años 60) podemos destacar el gran tríptico Tres estudios para una Crucifixión. Siendo ateo y no católico, Bacon toma este nombre sin alusión directa al tema religioso sino a la crueldad con que los seres humanos son capaces de tratarse unos a otros. Aparece como tema casi exclusivo la violencia, la sangre y la sugerencia del crimen. (FB. Se han hecho fotografías extraordinarias de animales inmediatamente antes del sacrificio; y el olor de la muerte. No lo sabemos, claro, pero da la sensación, por esas fotografías, de que los animales se dan cuenta de lo que va a sucederles. Hacen lo que pueden por intentar escapar. (…) Ya sé que para la gente religiosa, para los cristianos, la Crucifixión tiene un significado completamente distinto. Pero yo no soy creyente, y para mí no era más que un acto del comportamiento del hombre, una forma de comportarse con otro) (pág. 34) (DS. Un esquema personal repetido en tu obra es la yuxtaposición de las imágenes de la Crucifixión con el tema de la carnicería. La conexión con la carne debe significar mucho para ti. FB. Bueno sí. Si vas a uno de esos grandes almacenes y recorres esos grandes salones de muerte, ves carne y pescados y aves, todo muerto, desplegado allí ante ti. Y, claro, como pintor uno capta y recuerda esa gran belleza del color de la carne. (…) somos carne, somos armazones potenciales de carne. Cuando entro en una carnicería pienso siempre que es asombroso que no esté yo allí en vez del animal.) (Pág.47-48)


En Épico (años 60) me ha impresionado el Tríptico inspirado en el poema de T.S.Elliot “Sweeney Agonistes” (1967). Si bajamos al nivel esencial de las cosas, la existencia se reduce a estos tres momentos: nacer, copular, morir. (DS. ¿Por qué no quieres contar una historia? FB No es que no quiera contar una historia, pero deseo profundamente, hacer lo que dijo Valéry: transmitir la sensación sin el aburrimiento de su transmisión. Y en cuanto aparece la historia, aparece el aburrimiento) (Pág. 62)


En Retrato (años 70) podemos destacar los que elabora de sus amigos, sobre todo de George Dyer, amigo y amante, al que recuerda obsesivamente después de su muerte por suicidio en 1971. También realiza abundantes autorretratos de sí mismo. (FB Realmente he hecho mucho autorretratos, porque la gente ha empezado a morirse a mi alrededor como moscas, y no tenía a nadie a quien pintar más que a mí. (…) Detesto mi propia cara, y he hecho autorretratos porque no podía pintar a otro. Pero ahora dejaré de hacerlos.) (Pág. 112-113)


Bacon es, a mi modo de ver, un gran pintor porque posee las dos cosas necesarias para un artista moderno: destreza y originalidad. Está influenciado sobre todo por las fotografías de Muybridge, la pintura de Miguel Ángel, Rembrandt, Velázquez, etc. Sobre la estética y el concepto de su pintura podemos sacar algunas ideas de sus propias palabras: “Mi pintura no es expresión, confiesa Bacon a Sylvester, es instinto. Intento rehacer la imagen de la realidad oculta en mi mente. Para el artista una pintura no es un aglomerado de cosas que “comprender” sino una cuestión de instinto. Cuando nos situamos frente a una obra debemos dejarnos poseer y dominar por ella. ¿Qué podemos comprender de un retrato de Rembrandt? –Insiste Bacon- Nada”. (Pág. 17) (…) “yo creo que el hombre comprende hoy que es un accidente, que es un ser absolutamente fútil, que tiene que jugar hasta el final sin motivo. Yo creo que, incluso cuando pintaba Velázquez, incluso cuando Rembrandt pintaba, estaba aún, de un modo peculiar, fuese cual fuese su actitud frente a la vida, ligeramente condicionados por cierto tipo de posibilidades religiosas, que al hombre de hoy, podríamos decir, le han sido arrebatadas por completo. El hombre, desde luego, solo puede hacer algo muy positivo, muchísimo, intentando ocultarse a sí mismo durante un tiempo su modo de comportarse, prolongando posiblemente su vida comprando una especie de inmortalidad a través de los medios. En fin, todo el arte se ha convertido hoy completamente en un juego con el que el hombre se distrae; y quizá pudiera decirse que siempre ha sido así, pero ahora es totalmente un juego. Yo creo que así es como las cosas han cambiado, y lo que hoy es fascinante es que las cosas se pondrán mucho más difíciles para el artista, porque debe realmente profundizar el juego para sacar algo en limpio”. (pág. 37)

David Sylvester, Entrevista con Francis Bacon, Debolsillo, Madrid, 2003 (1975)

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