(L149) Una bendición (2008)



Toni Morrison, Una bendición (2008)

Primera novela que comentamos de la premio Nobel de literatura Toni Morrison (Ohio, 1931). Una bendición (2008) es la última novela de esta escritora afroamericana y posee un lirismo y una musicalidad (tipo blues) a cinco voces muy conseguida.

La protagonista y quien relata la historia se llama Florens. Estamos en 1690, en el estado de lo que hoy sería Virginia. Florence tiene dieciséis años, recuerda cómo llegó a la casa de Jacob Vaark un huérfano aventurero quien se traslada por el territorio Lenape, de naturaleza exuberante y peligrosa. Él es un mercader que va a una plantación llamada Jublio, allí se entrevista con d’Ortega, el amo, que le debe dinero y le ofrece esclavos a cambio, se queda con una niña llamada Florens. Años después Florens va en busca de un herrero porque su ama, Rebekka, está enferma de viruela. Hay otra esclava llamada Lina, deseosa de amor desde el principio y otra esclava llamada Dolor. Todos los hijos del ama Rebekka mueren al poco de nacer. El señor Jacob ha muerto de viruela, Florens se ha enamorado del herrero que trabajó en la finca. Rebekka, enferma, recuerda cómo llegó con su marido, las peripecias del viaje en una tierra llena de anabaptistas, cuáqueros e indígenas, tierra todavía por conquistar pero que está embrutecida y manchada por el pecado de la esclavitud, origen traumático del nacimiento de la nación norteamericana.

La novela empieza así: “No temas. Mi relato no puede hacerte daño a pesar de lo que he hecho y te prometo que yaceré tranquilamente en la oscuridad, tal vez llorando o en ocasiones viendo una vez más la sangre, pero nunca volveré a estirar mis extremidades para levantarme y enseñar los dientes. Te lo explico. Si quieres, puedes considerar lo que te cuento como una confesión, pero llena de curiosidades habituales solo en los sueños y en esos momentos en los que el vapor de una tetera adopta la forma del perfil de un perro. O cuando un muñeco de farfolla sentado en un estante aparece de pronto despachurrado en un rincón de la sala y el malévolo motivo por el que está ahí resulta evidente. Cosas más extrañas suceden continuamente en todas partes. Lo sabes. Sé que lo sabes. Un interrogante: ¿quién es responsable? Otro: ¿sabes interpretar? Si una pava real se niega a empollar, me apresuro a interpretarlo y, con toda seguridad, esa noche veo a minha mãe en pie y con su hijito de la mano, mis zapatos metidos en el bolsillo del delantal. Otros signos requieren más tiempo para comprenderlos. A menudo hay demasiados signos, o un brillante augurio se nubla con demasiada rapidez. Los clasifico todos e intento recordar, pero sé que es mucho lo que pierdo, como no interpretar a la culebra que repta hasta el umbral de la puerta para morir. Deja que comience por lo que sé con seguridad”.

Obsesiones omnipresentes en la obra de Morrison, que articulan y dan ritmo a la novela hasta el desenlace final, donde la joven comprenderá el gesto de su madre. En esta época salvaje que la novelista retrata, donde la vida es una amenaza permanente para las mujeres que no tienen ningún derecho, se inician las solidaridades. “Ser mujer aquí, es ser una herida abierta que no puede cerrarse”, nos dice la autora.

La explotación y la esclavitud todavía no tienen color. Una idea que la novelista desarrolla con mucha lucidez, mostrando los comienzos de la segregación, del puritanismo, de la institucionalización del racismo que anulan las posibles solidaridades entre los explotados, blancos o negros. Ya que la novela se sitúa justo después de la “Rebelión de Bacon”, en 1676. En Virginia, “un ejército de negros, indígenas, blancos y mulatos” de miles de personas se une para derrocar el poder establecido. Son pequeños propietarios o esclavos negros, indios o blancos. Serán capturados y ahorcados por un gobierno desestabilizado, que responde en ese momento promulgando las primeras leyes racistas, que autorizan a un blanco “a matar a un negro por cualquier razón”. Los legisladores, escribe la autora, “separaron y protegieron a los blancos de los otros y para siempre”.

Al volver a los orígenes del “Nuevo Mundo”, profundizando en las fuentes del racismo y de las desigualdades de género, Toni Morrison plantea los tabús más problemáticos de la identidad norteamericana. Todo puede comprarse, todo tiene un precio, material o espiritual, y la esclavitud se convierte en la metáfora perfecta y más terrible de este afán. Incluso el amor, que, al fin y al cabo, es otra forma de esclavitud y, a la vez, afán de posesión, ahonda en esta idea. La única esperanza, la auténtica “bendición”, reside en que quien se adueñe de la persona tenga la compasión y el respeto mínimos por su poseído.

De esta autora os recomendamos también su novela Beloved (1987).

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