(G99) Tatau Bistro (Huesca)


El bar tiene una bonita entrada con una barra a la derecha, seguida de una minúscula cocina y unas mesas altas a la izquierda. La estética es rockera, pin-up años cincuenta y tatoo. Las camareras llevan unos bonitos vestidos rojos que combinan con el decorado del local a la perfección. Oculto al fondo está un discreto comedor para ocho comensales. Conviene decir primero que Tatau Bistro no es un restaurante, es un local de tapas. No poseen la amplitud y variedad del Tickets (Barcelona) de los hermanos Adrià pero si su propia gracia y saber hacer.

Su propuesta gastronómica está cargada de matices y es muy divertida. Son muchos los detalles que sugieren que el concepto y bastantes ingredientes de la alta gastronomía se han trasladado a la barra para disfrutarlos sobre un taburete o en una mesa. El proyecto corre a cargo de Tonino Valiente y Arancha Sainz, sus propietarios, que pronto serán tres ;-)

Ofrecen una carta reducida que se compone de unos entrantes fríos, unos segundos calientes donde predomina un acertado ensamblaje de mar y montaña, y unos postres.

Los primeros fríos fueron: Coca de cristal con anchoa del cantábrico, croqueta de tres carnes (foto) y un asadillo de pimientos con ventresca de bonito (foto), buenos.




Los segundos calientes en los que predomina la combinación mar y montaña fueron los siguientes: Tartar de atún rojo con foie y crema de maíz dulce (foto), plato extraordinario, tal vez el más conseguido y armónico de cuantos probamos. Sepieta de costa con lengua de ternera y un alioli (foto), muy bueno y la lengua tiernísima. Mar y montaña de gamba de Palamós (foto), se trata de morro de cerdo guisado y la gamba, muy rico.





Seguimos con unas Espardeñas con papada de cerdo ibérico, migas y uvas (foto), plato de montaña al que se ha añadido el componente marino, muy bueno. Para terminar un plato de carne, Lechecillas de ternasco glaseadas (foto), plato muy fino y suave. Las lechecillas son una glándula parecida a las mollejas de vacuno u ovino. Y aunque están buenísimas, la casquería no gusta a todo el mundo y menos a las féminas.




De postre un Caribe, formado por mango, maracuyá y piña (foto), bueno y refrescante que acompañamos con un vino dulce de Jumilla. Olivares Dulce Monastrell 2011. Este vino de postre es de gran calidad y está elaborado con uva monastrell sobremadurada y sin crianza. Un tinto dulce con mucha personalidad, de intenso color y aromas que acompañó perfectamente el final del agradable tapeo.



Como bebidas disponen de varios vinos blancos de la zona interesantes y que además se pueden tomar por copas. Nos decantamos por un Edra Blanco Luz 2012, un viogner de la Ribera del Gállego, afrutado, flores blancas, madreselva y romero, e intenso con recuerdos a albaricoque maduro.

El pan, blanco, bueno y crujiente nos lo trajeron en una pequeña caja de madera, un platonet (foto). Los cafés con hielo para soportar mejor el intenso calor de la ciudad oscense.





Precio del tapeo entre 40/50 euros por persona, bebidas, cafés e IVA incluidos. Fecha de la visita un caluroso día del mes de julio de 2015. Graciosa la cajita de la cuenta con la calavera.

PUNTUACIÓN: 7-7,5

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