(L156) La muerte de Artemio Cruz (1962)



Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz (1962)

Esta semana os explico la excelente novela de Carlos Fuentes (1928-2012) titulada La muerte de Artemio Cruz (1962). Para este exhaustivo análisis me he basado sobre todo en la introducción que hace al libro José Carlos González Boixo especialista en literatura hispanoamericana de la Universidad de León.

Cruz está en el lecho, le atiende un médico, está agonizando, recuerda el vuelo en avión, estamos a 9 de abril de 1959, tiene 71 años. Sabemos que es rico, tiene abundantes propiedades, también es dueño de un diario.

El lector se encuentra en la primera página de la novela con el monólogo interior de un personaje (Artemio Cruz) que parece ir percibiendo la gravedad de su enfermedad, hasta el punto de pensar en que va a morir. Esta situación extrema va a condicionar tanto la estructura como el modo narrativo. Ese “yo” inicial, que desde la semi-inconsciencia comienza a identificar su propio estado físico y su entorno, va trasmitiendo al lector de manera necesariamente caótica sus pensamientos del momento, frases que pronuncia., y otras que escucha a personajes que están a su alrededor. Lógicamente, el lector acepta como algo irremediable que, dada la situación que vive el personaje narrador, sus informaciones no sean demasiado comprensibles. (p. 26-27)

En estos dos primeros monólogos se encuentran las claves para entender la estructura tripartita que se mantiene a lo largo de toda la novela enunciada sucesivamente por los pronombres “yo”, “tú” y “él”. (p. 27) El estado de semi-inconsciencia en que se encuentra el narrador justifica esos sucesivos desdoblamientos de su personalidad. (p. 28) Cada secuencia, por lo tanto, queda configurada por tres unidades narrativas: “yo” y “tú” que se sitúan temporalmente en el 10 de abril de 1959, el último día de la vida de A. Cruz, y una tercera unidad “él” en la que se recuerdan determinados días del pasado. (p. 29)

De manera obsesiva, tres ocupan la mente de A. Cruz: su vida junto a Catalina, marcada por el fracaso; la juventud y el amor, representados por Regina, y el recuerdo de su hijo Lorenzo, al que le une una intensa afectividad. Este último tema –sin duda, el más importante- se presenta de forma llamativa a través de la frase “cruzamos el río a caballo” que, con distintas variantes, se repite constantemente. (p. 32)

Aunque sea obvio, tal vez es conveniente recordar que no existe la posibilidad de narración desde la 2ª persona. Solamente la 1ª y 3ª persona pueden realizar un enunciado narrativo. Utilizando la 3ª persona obtenemos un “discurso indirecto”, y empleando la 1ª, un “discurso directo”. En este último caso, el enunciador puede dirigirse a un interlocutor (expreso o no) con lo que estaríamos ante una narración “personal” o “impersonal”, o bien, no existe interlocutor, con lo que no encontraríamos con el “monólogo”. Pues bien, en el caso del nivel narrativo del “tú”, tal como aparecen en La Muerte de Artemio Cruz, nos encontramos con un monólogo en el enunciador se dirige a un interlocutor, “tú”, pero se trata de un interlocutor falso, ya que no es alguien distinto al propio enunciador; es decir, se produce un desdoblamiento de un único “yo” narrador. Podríamos definir esta técnica como “monólogo autorreflexivo”. La escasa utilización de esta técnica radica, pues, en su carácter artificial y en sus propias limitaciones temáticas. (p. 41-42)

Explica Carlos Fuentes, refiriéndose a su personaje: “Le he dado la oportunidad de escoger sus momentos decisivos, doce días, doce veces en que pudo decir sí o no, tomar un camino pero sacrificar, por fuerza, todos los demás” (p. 51)

Las técnicas narrativas que utiliza Fuentes son: a) Frases descontextualizadas, la mente de Cruz, como es lógico, puede recordar en cualquier momento personajes y situaciones de los que el lector carece de información. b) Anticipaciones o prolepsis, técnicamente consiste en enunciar o enumerar aspectos que serán narrados más adelante. Son muy abundantes al comienzo de la novela debido al uso del monólogo interior: el narrador se dirige a sí mismo y, para él, el lector no existe. c) Procedimientos de interiorización, el discurso textual se adecua al fluir de la conciencia del personaje. Hay en el nivel del “yo” diversos recursos que intentan que el texto refleje el pensamiento caótico de A. Cruz: repeticiones, rasgos sintácticos (ausencia o utilización no normativa de los signos de puntuación). d) Escenas simultáneas, cuando en el relato se fusionan escenas independientes se produce una anacronía textual, pueden ser simultáneas en el tiempo o estar entre sí muy alejadas. Se intenta conseguir un determinado efecto gracias a su contigüidad. e) Técnicas cinematográficas, en la secuencia inicial de la novela Artemio ve su rostro reflejado en las incrustaciones de vidrio de un bolso de mano femenino, la escena recuerda una similar que aparece en la película Ciudadano Kane (1941) de Orson Welles. Kane observa una bola de cristal y su rostro aparece deformado a causa de la esfericidad del objeto. Tanto Cruz como Kane son personajes que llegan a la ancianidad dominados por el afán de riqueza y poder, pero anímicamente solos.

La historia de México en el trasfondo novelesco. Aunque en ella no se recrea propiamente un acontecimiento histórico, las numerosas referencias históricas que presenta sirven para trazar con bastante detalle la historia de México desde su independencia. Las menciones en la novela de los distintos Presidentes de la nación son negativas, excepto para Lázaro Cárdenas.

La visión mítica que Fuentes tiene sobre México se fundamente en el concepto de “temporalidad cíclica”. Esta teoría del “tiempo cíclico” como determinante de la historia de México, supone la idea del inmovilismo, del eterno presente y su falta de progreso y evolución que ha registrado el país desde su origen. La visión de Fuentes podría considerarse pesimista, abarca los distintos períodos de su historia: indígena, colonial, independentista, liberal, hasta llegar a la Revolución, periodo crucial prolongado hasta nuestros días al que Fuentes se resiste a ver fracasar. (p. 84)

Parte de la necesidad de integrar la diversas etapas históricas de México, asumiendo sus factores positivos y negativos, sin que ninguna de ellas quede excluida: el mundo indígena, el hispánico, el período de la Independencia y el revolucionario deben encontrar en el presenta la conexión que no tuvieron en el pasado. (p. 15)

Con España llegaba a América toda la cultura milenaria acunada por el Mediterráneo: la filosofía griega, el derecho romano, la ciencia árabe y la religión judía, idea persistente en Carlos Fuentes y expuesto ya, en toda su amplitud, en La Muerte de Artemio Cruz. Por eso la conquista fue también una entrega. Que la conquista fue un hecho violento, que se cometieron atrocidades, nadie lo va a negar. Quedarse, sin embargo, en ese esquematismo equivale a no haber comprendido nada. Fuentes es consciente de ello y asume la crítica de los hechos, pero va más allá. (p. 17)

Hay algunos elementos que nos ayudarán a comprender la personalidad de Artemio Cruz: 1) Orfandad e ilegitimidad. A. Cruz no tiene raíces a donde agarrarse. Fruto de una violación, no sólo no conoce a su padre, sino que es desposeído de una tierra que le pertenece. 2) El espejo y la máscara. El primero es la conciencia del verdadero ser y la segunda es la imagen falsa que cada uno quiere que los demás vean, donde uno se esconde.  3) Elegir. Al final de su vida, Artemio Cruz, recuerda sus “elecciones”, suma de equivocaciones que le han llevado a la amargura y soledad que muestra en esas horas finales de su vida. (p. 95-97). 4) El amor como salvación. Frente al hombre seguro y despiadado de los negocios aparece la dimensión interior de un personaje en el que los afectos son determinantes. En gran medida, son dos personalidades que parecen excluirse y el triunfo de una determina el fracaso de la otra. Cruz triunfa socialmente y fracasa sentimentalmente. 5) La pérdida del paraíso. El recuerdo de Cocuya, la infancia junto a Lunero, regresa a la mente de Artemio como el paraíso perdido –la edad de la inocencia- que no podrá recuperarse. (p. 95-98).

Deseo que todas estas explicaciones os animen a leer la novela y también os ayuden y hagan más fácil su lectura. También os recomendamos de Carlos Fuentes Los años con Laura Díaz (1999) y En esto creo (2002).

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