Sobre Literatura (1): Por qué leer y para qué leer



Por qué leer y para qué leer en los tiempos modernos.

La historia de la literatura es un continuo proceso de influencia literaria. Cualquier gran obra literaria lee de una manera errónea –y creativa- y por tanto malinterpreta un texto o textos precursores. Hay que arrastrar la carga de las influencias si se desea alcanzar una originalidad significativa dentro de la riqueza de la tradición literaria occidental. La tradición no es sólo una entrega de testigo o un amable proceso de transmisión; es también una lucha entre el genio anterior y el actual aspirante, en la que el premio es la supervivencia literaria o la inclusión en el canon.

Qué tiene verdadera importancia en la literatura: la representación de los seres humanos, el papel de la memoria en la cognición, la esfera de la metáfora a la hora de sugerir nuevas posibilidades para el lenguaje. Defendemos la autonomía de la estética, la autonomía de la literatura de imaginación y la soberanía del alma solitaria, el lector no es un ser social sino que como el yo profundo procede de nuestra más recóndita interioridad, procede del deseo de ser diferente, de estar en otra parte.

¿Qué debe intentar leer una persona que todavía desea leer en este momento de la historia? Leer buenos libros es malo para el carácter, no nos convertirá en mejores personas ni en mejores ciudadanos. El arte es absolutamente inútil como decía Oscar Wilde que lo dijo casi todo. La estética es bajo nuestro punto de vista un asunto individual más que social. El valor estético puede reconocerse o experimentarse, pero no puede transmitirse a aquellos que son incapaces de captar sus sensaciones y percepciones. Por tanto el yo individual es el único criterio para percibir el valor estético.

La recepción de la fuerza estética nos permite hablar de nosotros mismos y a soportarnos. No se lee con un objetivo moral, ser mejor persona, sino que la verdadera utilidad de la literatura consiste en contribuir al crecimiento de nuestro yo interior y que acompañemos nuestra soledad, esa soledad que, en su forma última, no es sino la confrontación con nuestra propia mortalidad.

Siguiendo las aportaciones de Harold Bloom, diremos que solamente se irrumpe en el canon por fuerza estética que se compone de lo siguiente: dominio del lenguaje metafórico, originalidad, poder cognitivo, sabiduría y exuberancia en la dicción, y subversión de los valores de la época. Proponemos que la originalidad literaria se convierte en canónica. Una prueba para saber si una obra sigue vigente es que al menos exija una relectura.

El siglo de oro de la literatura, sobre todo del género novelístico, donde alcanza su culminación, fue el siglo XIX; naturalmente no tenía tanta competencia. Hoy en día la pantalla ha ganado la batalla al libro, no hace falta ser muy sagaz para darse cuenta. Leer es cosa de minorías, leer buena literatura es patrimonio de una minoría dentro de la minoría de lectores. La lectura y la cultura son antiguallas que van cediendo terreno en nuestra vida cotidiana y también en nuestras universidades donde hoy prima lo tecnológico.

La literatura está hecha para que la lea uno mismo y para los desconocidos. Las grandes obras literarias son angustias conquistadas, y no una liberación de esas angustias, como hemos dicho anteriormente carecen de valores morales o políticos que seguir (Hay muchos personajes en Shakespeare, por ejemplo, muy poco adecuados para tomar como modelo).

Como la vida, nuestra vida, es efímera; no podemos recomendaros malos textos. Si viviéramos doscientos años no tendría tanta importancia, pero como no es así os proponemos nuestro particular canon de escritores. Vosotros, evidentemente, también podéis hacer el vuestro. Nadie posee suficiente autoridad para decir “¡Este es el canon!” “¡Esto es lo que tenéis que leer!”. Siguiendo aproximadamente un orden cronológico mí yo estético os propone estos treinta autores: (Ver canon universal)

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