(L20) El epicureísmo (1984)


Emilio Lledó, El epicureísmo (1984).

Este libro cayó en mis manos en mi época universitaria (allá por los años ochenta) y me causó una grata impresión. Años más tarde iba a impresionarme mucho más la persona que lo escribió Emilio Lledó (Sevilla, 1927). Con motivo de su 80 cumpleaños he pensado que podríamos hablar sobre su obra y su persona.

Hubo unos años en que estaba enfrascado en la lectura de la obra de Nietzsche, cuando vi que ofrecían un curso en la UIMP de Santander que llamó mi atención: Verdad y memoria en Nietzsche (2001) impartido por Emilio Lledó, aquí fue donde le conocí. Me cautivó, aparte de su sabiduría, la bondad de la persona (Lo que Machado llamaba “en el buen sentido de la palabra bueno”). Más adelante decidí hacer otro curso con él: Calipso y Dulcinea. Una historia del amor y de la amistad (2005). Este último fue entrañable, trabamos amistad con él y con una alumna suya de Valladolid, Pilar Villanueva, ciudad donde obtuvo su primer trabajo como profesor de filosofía en un Instituto a finales de los años cincuenta.

En El epicureísmo Lledó nos introduce en la doctrina de Epicuro, dando un soplo con sentido (phoné semantiké) a sus escritos. Expongo a continuación varias ideas que desarrolla Lledó siguiendo al sabio griego.

La pregunta fundamental que se hace Epicuro es ¿Qué ha de hacer el hombre para ser libre?:

1.- Estar libre de preocupaciones .“La plenitud e incorruptibilidad de un ser implica no sólo estar libre de preocupaciones, sino el no causárselas a otro. Nada le dicen, pues, ni las iras ni las benevolencias. Todo esto son cosas de débiles”.

2.- El saber, no sólo nos hará libres, sino también felices. Pero primero, para ser libres, hemos de desaprender todo lo aprendido. “Feliz tú que huyes a velas desplegadas de toda clase de cultura (paideia)”. “El que pone el oído a la naturaleza y no a las vanas opiniones será siempre autosuficiente”. “El más grande fruto de la autarquía, de la autosuficiencia es la libertad”.

3.- Los dioses son invención nuestra; son fruto de nuestras necesidades, de nuestras frustraciones, de nuestros deseos. No podemos cargar sobre nuestras espaldas otras limitaciones que las que se derivan de nuestra propia naturaleza. Los dioses existen porque los hombres hablan de ellos.

4.- Todo lenguaje constituye una semántica de la sospecha. Detrás de las palabras, detrás de todo discurso mítico o religioso, se oculta siempre el lenguaje del poder, cuya pretensión última es apoderarse de nuestra posibilidad de pensar.

5.- No temer a la muerte. “Es posible frente a las demás cosas procurarse una seguridad; pero frente a la muerte todos habitamos una ciudad sin murallas”. “Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir”. “Así que el más espantoso de los males nada es para nosotros, puesto que, mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte se presenta, entonces no existimos.”.

6.- Una teoría de La corporeidad. La teoría del más acá cuyo centro es el cuerpo. Pensar desde el cuerpo. Tener a los sentidos como primera fuente del conocimiento. Negación del dualismo alma-cuerpo. No hay primacía del alma porque todo es cuerpo.

7.- La temporalidad inmediata. La característica fundamental de este proceso físico, los latidos del corazón que miden a su vez el ritmo del aire, es su total efimeridad.

8.- ¿Porqué el placer? (hedoné) “Sólo es nuestro el presente; no el momento pasado ni el que esperamos, puesto que el uno está ya destruido y del otro no sabemos si tendrá existencia”. “Yo por mi parte no sé pensar el bien, si quito los placeres del gusto, del amor, del oído y los suaves movimientos que de las formas percibo por la vista”. “Rebosa mi cuerpo de dulzura viviendo a pan y agua, y escupo sobre los placeres del lujo, no por ellos mismos, sino por las complicaciones que llevan consigo”. “No cultivar los deseos que no son ni naturales ni necesarios”.

9.- La amistad. “La amistad hace su ronda alrededor del mundo y, como un heraldo, nos convoca a todos a que nos despertemos para colaborar en la mutua felicidad”.

Espero que con estas palabras os haya entrado el gusanillo del “atrévete a saber” que empieza por el “atrévete a preguntar”. Otros libros suyos que recomiendo son: El silencio de la escritura (1992), El surco del tiempo (2000), Elogio de la infelicidad (2004).

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