(L38) Los deberes (-43 ac.)


Cicerón, Sobre los deberes (-43 ac).

Continuamos el apartado de ensayo y filosofía con el excelente libro de Marco Tulio Cicerón (106 adc – 43 adc) De Officiis escrito en parte bajo la aversión a la dictadura de Marco Antonio, ya que siempre prefirió como modo de gobierno la República. Cicerón es el representante más destacado del estoicismo medio romano, su maestro y fuente principal fue Panecio. Adopta también postulados de los académicos (Platón), los peripatéticos (Aristóteles) y censura sobre todo a los epicúreos, los hedonistas y los cínicos. Desde nuestro punto de vista es el prototipo de defensor de la sociedad civil (la República) frente a los dictadores (César y Marco Antonio).

La obra consta de tres libros de carácter epistolar que dirige a su hijo Marco. En el primero trata sobre lo honesto. Nos dice que todo lo que es honesto surge de estas cuatro virtudes: o bien consiste en el diligente y exacto conocimiento de la verdad (la sabiduría); o en la defensa de la sociedad humana dando a cada uno lo suyo y observando la fidelidad de los contratos (la justicia); o en la grandeza y vigor de un alma excelsa e invicta (la fortaleza); o en el orden y medida de cuanto se hace y se dice (la templanza) (I, V, 15). También nos habla de la beneficencia y la liberalidad (I, XIV, 42), dice que se devuelva con largueza si es posible y que se auxilie a quien más lo necesite (I, XV, 48). El alma fuerte debe despreciar las cosas externas y emprender obras que sean grandes y útiles (I, XX, 66). La represión y el castigo deben aplicarse sin afrenta y sin ira solamente para la utilidad del Estado (I, XXV, 88). Hay que saber moderar el ánimo tanto en la fortuna próspera como en la adversa (I, XXVI, 90). Nos habla también del decoro (I, XXVIII, 99). Recomienda frente a los deseos que la razón mande y el apetito obedezca (I, XXVIII, 101). Ser la persona que nosotros queremos ser, eso depende de nuestra voluntad (I, XXXII, 115). Hay que ser coherentes con nosotros mismos (I, XXXIII, 117, 119). Debemos respetar defender y observar la común convivencia y sociedad de toda la familia humana (I, XLI, 149). Nos habla de las profesiones y otras fuentes de ganancias, cuáles son más dignas que otras (I, XLII, 150). La sociedad hay que anteponerla al conocimiento (I, XLIII, 153). La elocuencia es preferible al pensar (I, XLIV, 156). Todos los deberes que sirven para unir la sociedad humana deben preferirse a los que dependen del conocimiento y de la ciencia (I, XLIV, 158).

En el segundo libro trata de lo útil: De todas las cosas no hay ninguna más apta para guardar y conservar nuestro poder que ser amados, y nada más contrario que el ser temidos (II, VII, 23). La Gloria, es la cálida admiración por parte de los otros (II, IX, 31). La confianza de los hombres pude granjearse por dos medios: si sabemos ganarnos la fama de prudentes y al mismo tiempo de justos. (II, IX, 33). La justicia hay que mantenerla y conservarla a toda costa, ya por sí misma, ya con miras al acrecentamiento del honor y de la gloria que ella nos procura. (II, XII, 42). El mejor camino es ser como queremos parecer. (II, XIII, 44). Grande es la admiración del que habla con elocuencia y sabiduría (II, XIV, 48). De la beneficencia y de la liberalidad (II, XV, 52). Los pródigos y los generosos (II, XVI, 55). La donación (II, XVII, 59). La hospitalidad (II, XVIII, 64). El derecho civil (II, XIX, 65). De la elocuencia (II, XIX, 67). Los beneficios que atienden a todos y a la República (II, XXI, 72). Lo propio de un Estado y de una ciudad, es que cada uno conserve libremente y sin sobresalto su propia hacienda (II, XXII, 78-85). Con frecuencia nos vemos obligados a elegir entre dos cosas útiles (II, XXV, 88).

El tercer libro trata de las relaciones entre lo útil y lo honesto. Tres cosas que los hombres suelen deliberar cuanto tratan de los deberes: cuando dudan si es honesto o torpe lo que van a ejecutar, la otra si es útil o inútil y la tercera como liga lo que presenta aspecto de honesto con lo que parece útil (III, II, 7). La fábula del anillo de Giges (III, IX, 38). La utilidad nunca puede estar en conflicto con la honestidad (III, III, 11). Lo que es honesto es útil y no hay nada útil que no sea honesto. Para que podamos juzgar sin error hay que establecer una regla: no es lícito causar daño a otro para beneficiarse a sí mismo. A esto se orientan las leyes, esto buscan: que se mantenga incólume la convivencia civil. Se nos prohíbe por la ley natural causar daño a otro (III, IV, 19-29). Los deberes se confunden con las amistades (III, X, 43). El hombre bueno ni para comprar ni para vender simulará nada (III, XV, 61). Hay que observar siempre los pactos y las promesas que se han hecho “sin violencia y sin mala intención” (III, XXIV, 92). Las promesas de Régulo a los cartagineses (III, XXVII, 99-115). Ataque a los epicúreos y hedonistas: “aseguro que todo tipo de placer es contrario a la honestidad” (III, XXXIII, 116-120).

Deseamos que este pequeño resumen os anime a entrar en su lectura. También recomendamos de Cicerón estas otras obras: Catilinarias, De amicitia (La amistad) y De Senectute (La vejez).

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