(L77) La casa de los espíritus (1982)



Isabel Allende, La casa de los espíritus (1982)

Es la primera novela de Isabel Allende (Lima, 1942) que obtuvo un gran éxito tras su publicación. Está influenciada y es heredera del realismo mágico latinoamericano. La historia de varias generaciones de la familia Trueba sigue el curso de las vicisitudes de un país, Chile, durante aproximadamente setenta años. Se podría considerar una historia novelada del siglo veinte chileno. Aparecen personajes como el Poeta (Pablo Neruda) o el Presidente (Salvador Allende) que todos reconocemos y el personaje de Pedro Tercero está inspirado en el cantautor Víctor Jara.

En referencia a lo mágico o “real maravilloso” como lo denomina Alejo Carpentier podemos ver: fantasmas, un perro mitológico, Barrabás, las facultades telepáticas y telequinésicas de Clara clarividente, premoniciones, facultades curativas cuasi sobrenaturales de Pedro García, etc.

Los personajes principales son Esteban Trueba, su hermana Férula Trueba, Severo del Valle y su esposa Nívea padres de Rosa la bella (su primera novia) y Clara la hermana de Rosa, su esposa. Sus hijos, Blanca y los mellizos Jaime y Nicolás, su nieta Alba, forman la segunda generación. La prostituta Tránsito Soto aparece a lo largo de toda la novela y es, en cierto modo, el hilo conductor de la historia. También son personajes importantes Pedro García, padre del capataz Pedro Segundo y su hijo Pedro Tercero amante de Blanca, así como el conde Jean de Satigny primer marido de Blanca, La Nana, las tres hermanas Mora, Esteban García (nieto bastardo de Esteban Trueba), Miguel, estudiante de derecho, novio de Alba y su hermana Amanda cerrarían el elenco de personajes destacables.

Identificamos tres narradores: el propio protagonista, Esteban Trueba, su nieta Alba y un tercer narrador omnisciente que conoce el futuro. En La casa de los espíritus (1982) se nota la influencia de García Márquez y de Cien años de soledad (1967). Isabel Allende utiliza el recurso narrativo de la anticipación, que consiste en avanzar acontecimientos que aún han de suceder, a nuestro modo de ver fuera de lugar y un poco gratuitamente.

La novela tiene dos partes claramente diferenciadas: la primera, que se acaba con la muerte de Clara, en la que predomina el realismo mágico y la segunda más política y social. Existe una dicotomía entre el campo (Las tres Marías) y la ciudad (Santiago de Chile); los personajes van de un lugar a otro buscando en la hacienda la tranquilidad que no encuentran en la ciudad. El esplendor de “Las Tres Marías” y su decadencia llevan parejo el esplendor y la decadencia de la familia Trueba (tal como sucede en Cien años de soledad de García Márquez). La reconciliación, tanto familiar como política, se convierte en el mensaje final; parece  que la autora quisiera dar una señal de esperanza que cierre las heridas abiertas por el golpe militar.

Recomendamos su lectura aunque el universo que relata es mucho más exuberante y extraordinario que el lenguaje que utiliza para describirlo.

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