Eduardo Mendoza en la UIMP de Santander (2013)


Conferencia de Eduardo Mendoza en la UIMP de Santander (extracto)

San Agustín en sus Confesiones (s. IV) se pregunta ¿Qué es el tiempo? No lo sé cuando me lo preguntan pero cuando no me lo preguntan si lo sé. ¿Qué es la literatura? con esta pregunta pasa lo mismo. Goethe es un hombre clave en su época y un poco tonto. Era consciente de sus limitaciones en los encuentros con sus filósofos alemanes (Hegel y Schopenhauer). Hay un libro que destaca, son unas reflexiones y una biografía, Poesía y verdad (1811). Para Goethe la poesía es el puente a lo inefable. Pero a pesar de no llegar a ninguna parte es necesario hablar sobre ello. La literatura tiene una aplicación práctica y no inmediata. Es un patrimonio y como tal hay que trabajarlo. Hay una dejadez en la enseñanza de la literatura. Se está tergiversando la misma, a los alumnos no hay que instigarles a leer sino obligarles a palos.

La Biblia es una gran obra literaria, contemporánea de Platón, es más reciente de lo que en principio se creía y tiene una intención totalizadora. (Casiodoro de Reina, La Biblia del Oso, en versión de Cipriano de Valera) La literatura no nos cuenta la realidad externa, sino nuestra realidad, con nuestra medida y esta es la función de la literatura. Goethe estudia hebrero con el rabino de Frankfurt traduciendo la Biblia. Todo ello le ayuda a entender el mundo porque todo es un relato.

El elemento fundamental de la literatura es la diversidad y la variedad. La comida y la literatura forman parte de la evolución, y lo hemos desarrollado (a través de la cultura) en forma de placer. La única manera de leer es sumergirse y ahogarse, dejarse llevar un poco y solo al final planificar algo.

Se ha de leer pesca de altura en las escuelas, es una asignatura tan importante como las matemáticas, no es un entretenimiento. La pesca de bajura ya la hará cada uno en su casa. Los profesores dicen que la literatura mejora a la humanidad y critica el sistema, el capitalismo. Son dos tópicos, la literatura no mejora ni empeora a la humanidad. Thomas Mann dijo que era por lo mucho que les gustaba la música a los alemanes por lo que habían hecho todas aquellas barbaridades.

Los escritores no están con los humildes y los pobres, están con los que están. Ernest Jünger dice en sus diarios que se hace amigo de Cocteau y de Picasso, a los que en cierto modo corrompe. También es amigo de Celine quien se queja ante él de la lentitud en el exterminio de los judíos.

La literatura ha fomentado todos los perjuicios de las épocas, porque el escritor ha de ser una esponja. Ha de contar cosas relevantes y significativas. El mercader de Venecia es una obra antisemita, aunque dé voz a Shylock. La violencia de género es ensalzada en Otelo, Calderón y Lope. A las mujeres se les considera casquivanas, volubles en el mejor de los casos y en el peor, brujas, malvadas, etc. La literatura no mejora, cuenta.

Santander, 12 de agosto de 2013

El curso no estuvo del todo mal, solamente varios comportamientos de Eduardo Mendoza pueden ser censurables a mi parecer: la poca profesionalidad, se dejó unos apuntes en Barcelona, según nos dijo. Unas chiquitas le pidieron hacerse una fotografía con él y se negó contando una historia peregrina de un encuentro en Guadalajara (México) en que salía en una foto con una chica que llevaba ortodoncia, la explicación duró según me contaron (porque yo no pude aguantar más y me fui a la playa) más de media hora; dijo que no firmaría libros. Siempre decía que estaba muy cansado; interrumpía la clase preguntado: “¿alguno tiene una idea?” ¿Y tú para que estas majo, acaso no cobras por los cursos? Todos los autores que comentaba eran o feos u homosexuales, el guapo era él claro. Se negó a entregar los diplomas del curso y la Vicerectora lo delegó en el bedel de turno, algo sencillamente lamentable.

Yo no tenía ningún interés en que me firmara libros, ni tampoco salir en una fotografía con él, pero si estaba interesado en que el curso fuera como mínimo digno y profesional. De él solamente he leído La ciudad de los prodigios (1986), una mezcla de tópicos sobre la ciudad de Barcelona sin relevancia y personajes prácticamente planos que no evolucionan durante toda la obra y que más vale olvidar. Mendoza es un majadero que va de simpático, porque como dijo otro compañero más avispado “detrás de esa imagen esconde una mala leche considerable”. Simplemente recordarle, “de buen rollo” como nos decía él, que el Volvo descapotable en el que pasea a sus amigas y con el que se hace el ligón, seguramente lo ha comprado gracias a sus lectores, a los que debería mimar un poco más.

La parte más positiva ha sido el clima de Santander, seis días de sol sobre siete, ese color azul del cantábrico, el frescor de sus noches y el poder disfrutar del Palacio y de la península de la Magdalena. Nos sorprendió el magnífico concierto de guitarra flamenca de Òscar Herrero; la amabilidad de Félix Grande. Los bares de tapas de la zona del Cañadío y Puerto Chico; las heladerías Regma y sus jaspeados de Moka y Escocés; Los amigos que hemos ido haciendo a lo largo de estos años: Pilar Villanueva (Valladolid), Josune Intxauspe y Miguel Ríos (Alicante); Carmen Benjumea (Sevilla) y la última en conocer, Lola (Esparraguera). De todos nos despedimos hasta un nuevo encuentro en que podamos compartir con ellos lo que más nos gusta: la amistad, el verano y por supuesto los libros.

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