(L180) Los santos inocentes (1981)


Miguel Delibes, Los santos inocentes (1981)

Pocas veces una novela ha tenido una adaptación cinematográfica tan acertada que eclipse, en cierto modo, al texto. Nos referimos a Los santos inocentes (1981) del escritor vallisoletano Miguel Delibes Setién (1920-2010) de quien comunicamos su muerte y dedicamos una breve necrológica en el blog. La adaptación cinematográfica corresponde a Mario Camus (Santander, 1935) y es del año 1984. Este año también ha muerto uno de sus protagonistas Alfredo Landa (1933-2013) quien está magnífico en el papel de Paco el bajo.

Argumento: Azarías es un campesino, deficiente mental, que lleva a cabo sencillas tareas rurales en la Jara, un cortijo enorme. Cuando el dueño lo expulsa, se va a vivir con su hermana, la Régula, casada con Paco, el Bajo, y es madre de dos hijos y dos hijas, una de las cuales, la Niña Chica, es una muchacha que lleva una vida vegetativa, debido a una parálisis cerebral. De cuando en cuando, emite unos alaridos sobrecogedores, y Azarías la calma diciéndole las mismas palabras que dice al búho o a la grajeta amaestrados: «Milana bonita». Azarías ama apasionadamente a su sobrina y a sus pájaros. Por otra parte, su cuñado, Paco el Bajo es, gracias a su olfato y pericia, insustituible ayudante del señorito Iván en sus cacerías…

La novela está dividida en cinco capítulos titulados: Azarías, Paco el bajo, la Milana, el secretario, el accidente y el crimen.

Siguiendo el Análisis de Los santos inocentes de Miguel Delibes / Lozano Jaén-Albertus Morales-González García de la Universidad de Murcia, son varios los temas que plantea la obra de los cuales vamos a destacar tres: la educación de los desheredados, la formación religiosa en la España franquista y la confrontación entre servidores y amos o la injusticia social. El tratamiento anecdótico de estos tres temas permite no sólo airear problemas de hondo calado que socavaran la sociedad española de los primeros años sesenta, sino caracterizar con singular eficacia a los distintos personajes.

Delibes plantea, como tema fundamental de esta novela, una situación de injusticia social; injusticia que se hace más flagrante por la sumisión con que es aceptada. Los elementos que configuran la injusticia van acumulándose, acrecentándose a lo largo de la novela; la distancia entre amos y siervos se hace, así, cada vez mayor.

La injusticia no sólo se percibe en los signos externos que reflejan el modo de vida de unos y otros (casa, vestido, ocupaciones, etc.). Va unida, en primer lugar, al desprecio por los semejantes, del que la novela tiene sobrados momentos. La injusticia también se percibe en los abusos que cometen los amos (la Nieves es obligada a servir, Paco es obligado, aún impedido, a ir a una batida, etc.).

Pero el fin de la injusticia se ve aún más lejano cuando se comprueba la sumisión con que la aceptan los inocentes. De esto son buenos ejemplos Paco el Bajo y la Régula. Sólo su hijo Quirce manifiesta un principio de rebeldía: su silencio, su indiferencia que enfadan al señorito.

Ante la perpetuación de la injusticia, la rebelión trágica se abre paso como reacción inevitable. Pero no se trata de una rebelión política ni social de largo alcance, sino de una venganza individual: Azarías llega al crimen sólo porque una pasión (la caza) ha chocado con otra pasión (su amor por la milana). Pero al lector este crimen se le aparece como algo más, como un acto de justicia natural (poética) que posee dos características: estar exento de culpabilidad (lo comete un retrasado mental, el loco útil) y constituir un resarcimiento de todos los humildes por los abusos sufridos.

La educación.- Régula sabe de la importancia de escolarizar a sus hijos, por lo que la opinión de Azarías, oída en la Jara “luego no te sirven ni para finos ni para bastos”, le disgusta.

Régula confía en la capacidad emancipadora de la educación; sabe que no quiere para ellos una vida de humillación crónica. Pero contra su voluntad se alza el despotismo de los señores, que manejan a su antojo la vida de los criados, un despotismo que se vuelve grotesco en la figura de Pedro, el Périto, en la medida en que ni es sino un déspota subsidiario de aquel que, en primer grado, ejercen la Marquesa y su hijo Iván. Nieves no pudo ir a la escuela porque hubo de pasar cinco años en la linde de la finca, y ahora tampoco porque el administrador la quiere como criada gratuita. Si la educación de Nieves resulta así burlada, otro tanto ocurrirá con la educación de los adultos, en un episodio interpolado y puesto en la memoria de Paco. Se trata de las clases de alfabetización que impartieron tiempo atrás, al concluir la jornada, dos señoritos venidos de Madrid. Es éste el único episodio que contiene elementos humorísticos por cuenta de la ignorancia de los campesinos. Delibes rentabilizará este episodio en el Libro cuarto, donde Iván se jactará ante su invitado francés del esfuerzo que ha supuesto conseguir que los criados logren a duras penas firmar con su nombre.

Inscrita en la educación se encuentra otro tema. La formación religiosa, la catequesis que sirve al adoctrinamiento del niño en la fe y la moral cristiana al objeto de prepararlo para la comunión. El Concilio Vaticano II, que celebraba sus sesiones cuando Delibes escribía los tres primeros libros estaba representando una modernización sin precedentes en el seno de la Iglesia. A Delibes, que siempre ha declarado su igualitarismo cristiano, aquel movimiento de apertura a otros credos religiosos, de fomento del apostolado de los seglares a los laicos, tuvo que parecerle esperanzador. El deseo de la muchacha de hacer su Primera Comunión se convierte entre los personajes opresores, en especial Pedro y su esposa, en motivo de regocijo y burla, como si Nieves hubiese expresado unas pretensiones fantasiosas o extravagantes. Él rechaza el deseo “¿qué base tiene la niña para hacer la comunión?”, dice Pedro; ella lo corrompe “¿no será un zagal lo que tú estás necesitando?”, se burla Purita.

La animalidad: El señorito Iván achaca al “dichoso Concilio” que la joven quiera comulgar y, con intensa zafiedad, añade: “las ideas de esta gente, se obstinan en que se les trate como a personas y eso no puede ser”. Delibes agrega una nota de degradación a la escena: el señorito, que concibe los sacramentos como prerrogativas, mientras rebaja a Nieves y a sus iguales a una categoría infrahumana, se asoma al escote de Pura, que coquetea con él sin rebozo, ante la mirada enfurecida de Pedro. Éste volverá a equiparar a los criados con los animales cuando Miriam, compadecida, pregunte qué mal hay en que Nieves haga la Comunión: “su padre no tiene más alcances que un guarro”, y lo mismo ocurrirá cuando Paco se fracture el hueso y Manolo, el médico, le diga a Iván: “tú eres el amo de la burra”.

El tiempo histórico. No existe en la novela ninguna fecha explícita que indique el año en que transcurre. Hay, sin embargo, en el libro segundo una referencia al Concilio, que muy bien podría tratarse del Concilio Vaticano II, celebrado en Roma de 1962 a 1965. Otro detalle puede ser el uso del tractor en las labores agrícolas, inicio de la mecanización del campo, que se produjo en los años iniciales de los sesenta. También se alude en la novela a la masiva migración a las ciudades, que se produjo en esa época.

Merece la pena destacarse también la gran riqueza del vocabulario de Miguel Delibes cuando nos habla de los animales y cosas del campo: 1) Aves: ratera, águilas, cornejas, ratonero, guillas, perdices, pitorras, tórtolas, gangas, picaza, búho, aguilucho, pinzón, cárabo, grajeta, codorniz, azulones, grajilla, zuritas, palomo, estorninos, zorzales, rabilargos, urracas, etc. 2) Animales: merina, zorra, venados, lobos, rebeco, yegua pía, etc. 3) Vegetación y accidentes del terreno: Jara, madroño, encinar, tamujos, moheda, trocha, piornos, alcornoques, gatuñas, vaguada, torvisca, alcornoque mocho, etc. 4) Utensilios y temas del cortijo: tajuelo, guijos, gallinaza, chozos, canchales, zaguán, aseladeros, tabuco, azuela, linde, jergón, chamuzo, arriates, panoplia, corralada, herrada, escíbalos, poyo, canchal, pella, mataduras, aladinos, angarillas, papirotazo, cimbel, trebejo, etc. 5) Características de una persona o animal: rutando, bravías, achares, cetrino, albazano, zascandil, amartelarse, zahareño, lloraduelos, empleiteras, descabalar, visajes, colodrillo, etc.

De Delibes se pueden recomendar varias novelas interesantes, pero sobre todas destacan estas cinco: El camino (1950); Las ratas (1962); Cinco horas con Mario (1966); Señora de rojo sobre fondo gris (1991) y El hereje (1998).

CLUB DE LECTURA 29/04/2011

Vemos como se relacionan con el tema de la caza según la posición social de los protagonistas. El tiempo: un día es igual a otro. No son amos de su propia vida. Hay una falta total de libertad, de protección.

La animalidad con que son descritos los personajes. Paco el bajo es un perro: “suélteme señorito”. La Niña chica es una milana, así la trata Azarías. De la Nieves dicen los señores que “se ha empollinado” como las gallinas. (Fanny).

Existe una relación feudal, de vasallaje. (R. Recio) El señorito (el noble) del cortijo (castillo) casi tiene derecho de pernada (con la mujer del Perito). Los campesinos (súbditos) a lo que manden, que para eso están.

La novela no deja un resquicio de esperanza, no se vislumbra una situación mejor. (T. Ruiz) No pueden tener amparo de nadie, ni siquiera de la Iglesia. El obispo desprecia a Régula cuando ésta le besa el anillo (Fanny).

La caza como elemento de relación entre los diferentes estamentos sociales: iglesia, ministros, embajadores, nobleza, etc. (R. Recio).

El señorito Iván no sabe que su mundo está cambiando, no percibe el peligro. (Fanny) Los que vienen detrás no seguirán el modelo de servidumbre de los anteriores. Solamente es alguien en la caza, ahí se siente protagonista.

Azarías (el loco) es el único que puede decir o hablar con libertad al señorito. Existe una atmosfera bíblica de venganza con el crimen final.

El lenguaje despectivo del señorito Iván hacia los subordinados: “pedazo de maricón”.

Azarías es un personaje que mastica la nada, su vida es muy simple.  (R. Taravilla) Cuando “le ataca la perezosa” (una especie de melancolía) lo soluciona pasando unas horas en el campo, la naturaleza lo regenera.

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