(L750) Euforia (2023)

Carlos Marzal, Euforia (2023)

Carlos Marzal (Valencia, 1961) es una de las voces más representativas de la llamada poesía de la experiencia en España. Su obra se caracteriza por una mirada reflexiva sobre lo cotidiano, donde las pequeñas vivencias adquieren una resonancia moral y emocional profunda. En 2002 obtuvo el Premio Nacional de Poesía por Metales pesados, consolidando una trayectoria marcada por la lucidez y el equilibrio entre pensamiento y emoción.

Poemas

VOY A CUMPLIR 60

voy a cumplir 60.

 

En otro tiempo

—ocurría en verdad en otro mundo, en un planeta otro:

la impune juventud—

alguien ya con sesenta no era un viejo, simplemente no era.

Se trataba

de un acontecimiento de invisibilidad.

Al fin y al cabo, un asunto incurable.

 

Hoy me lo explico

-pero sin entender cómo ha ocurrido bajo un prisma geométrico:

esa recta tangente de la edad que acaricia en un punto,

fervorosa,

la evanescente curva de la vida.

Qué absurdo de la edad:

ir a cumplir 60, sin dejar de tener aún 18.

 

LIBRERÍAS DE ENTONCES

IBA de librerías, por entonces,

con aquella absoluta exaltación que sólo cabe en un adolescente.

(Las muestras de fervor son un prodigio que nos transporta, intactos, hasta una juventud que no transcurre.)

Iba de librerías

como quien busca un oro a manos llenas, como quien agradece estar sediento.

Era un temblor difícil de explicar, porque nunca buscó que lo explicasen.

Iba de librerías, y no volví a estar solo.

 

He llegado a creer que me extirparon el cromosoma del aburrimiento.

Las tardes presentidas

me las pasé escarbando entre unas páginas.

Cada vez que abro un libro, desde entonces,

conservo la esperanza de encontrar la fórmula de fórmulas que sepa

hacernos sin descanso ser felices.

 

LA MADUREZ

NUNCA la alcanzaré.

Se me ha hecho tarde.

Cuando hablaban de ella, no entendía bien la naturaleza del asunto.

Parecía tratarse de obtener respuestas para todo, una especie de adusta impavidez frente al destino.

El clan de los adultos ha tramado una oscura ficción

ensimismada,

según la cual son dueños de este mundo.

 

La verdad, sin embargo, es que me encuentro

en un perpetuo estado de ignorancia, tratando de escuchar,

 

 

en mí, a quien supo:

el niño que yo fui sueña salvarme.

Me encaramo, así pues, a mi desobediencia.

Esta es mi insurrección, íntimamente.

 

Ya soy el inmaduro de por vida.

 

LOS AMIGOS MUERTOS

Los amigos que han muerto no están muertos, al menos no del todo: viven en la pereza de mi memoria,

una manera absurda

de regresar al mundo. Ellos merecen

mucho más que el recuerdo que les brindo,

necesitan la vida,

la vida idolatrada.

 

Cuando los resucito me figuro

que ellos me resucitan en su muerte.

Como si entre ambos sueños

lográsemos tender un puente amable,

aunque sé que esta idea es una tonta

variedad aborigen del consuelo de tontos.

 

Todo lo que no sea vivir es una ofensa.

 

 

 

Los amigos que han muerto sí están muertos;

por más que yo lo escriba, ellos no vuelven.

No quiero deshonrarlos con blanduras

de poesía anémica.

Jamás

reiremos de nuevo entre nosotros.

 

Me los figuro como exploradores

en un país ingrato, en donde esperan

a quien irá más tarde.

Se entretienen

 

abriendo las maletas, hacen fuego

en las casas heladas.

 

Sobre todo,

buscan un bar en donde nos permitan

beber y conversar hasta las tantas

a un círculo infernal de amigos muertos.

 

Comentario: En Euforia (2023), Marzal retoma algunos de sus temas habituales –el paso del tiempo, la identidad, la memoria, la amistad o la lectura– desde una perspectiva más serena, incluso celebratoria, aunque no exenta de conciencia trágica. El libro oscila entre la aceptación de la edad y una resistencia íntima a renunciar a la intensidad de la juventud.

Poemas como “Voy a cumplir 60” expresan con ironía y extrañeza esa dislocación entre la edad biológica y la percepción interior: el sujeto se descubre simultáneamente en la vejez y en la adolescencia. La imagen de la “recta tangente” que roza la “curva de la vida” introduce una dimensión casi filosófica, en la que el tiempo se percibe como una paradoja más que como una línea continua.

En “Librerías de entonces”, uno de los textos más logrados del conjunto, aparece la lectura como experiencia fundacional. La librería no es solo un espacio físico, sino un lugar de revelación y compañía: “Iba de librerías, y no volví a estar solo”. Aquí Marzal formula una poética implícita donde la cultura no es erudición, sino una forma de felicidad y de resistencia frente al vacío.

Por su parte, “La madurez” cuestiona irónicamente la idea misma de adultez. Lejos de presentarse como un estado de plenitud o dominio, la madurez aparece como una ficción social. El poeta reivindica, en cambio, una “inmadurez” consciente, entendida como fidelidad a la curiosidad, a la duda y a la rebeldía del yo infantil.

Uno de los poemas más intensos es “Los amigos muertos”, donde Marzal oscila entre el consuelo de la memoria y la aceptación radical de la pérdida: recordar no resucita a los muertos, pero permite sostener un vínculo precario con ellos. La imagen final –ese “círculo infernal de amigos muertos” reunidos en un bar– combina ternura, ironía y desolación.

Desde una lectura personal, Marzal es un poeta cercano generacionalmente, y muchos de los temas que aborda –los signos de la edad, la memoria compartida, la desaparición de los amigos, la educación sentimental a través de los libros– me resultan reconocibles y próximos. Hay elementos culturales y emocionales que remiten claramente a la experiencia del baby boom español: objetos, referencias y hábitos que forman parte de nuestra memoria colectiva.

Sin embargo, pese a esa afinidad, la lectura de Euforia no me entusiasmó. Tal vez porque su apuesta por una claridad expresiva y una reflexión accesible, rasgos distintivos de su poética, puede percibirse en ocasiones como falta de riesgo o de intensidad innovadora. Su escritura busca la complicidad del lector más que la ruptura.

Con todo, el libro deja formulaciones valiosas: la cultura como aprendizaje de la felicidad, la lectura como compañía, o la idea de que el dolor, al ser narrado, se atenúa. En ese sentido, Euforia puede leerse como un arte poética vital: una invitación a sostener la alegría incluso bajo la conciencia de la pérdida.

En definitiva, Marzal construye un libro que, sin renunciar a la melancolía, se inclina hacia una ética de la afirmación: vivir, pese a todo, sigue siendo la única forma digna de responder al tiempo.

BIBLIOGRAFÍA

Luis Bagué Quílez, ‘Euforia’, un buen huésped del mundo, El País, 20/05/2023.

Túa Blesa, 'Euforia', de Carlos Marzal: un cántico a la alegría de vivir, El Cultural, 28/03/2023.

Carlos Marzal, Euforia, Tusquets, Barcelona, 2023.

Ángel Peña, Carlos Marzal explica su regreso a la poesía, The Objective, 25/04/2023.

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