(G387) Bar Bocata (Barcelona).
De los dos locales que tiene Bar Bocata
en la ciudad —Travesera de Gràcia, 86 y Diagonal, 343— nos decidimos por este
último, mejor comunicado con nuestro lugar de trabajo. Situado en plena Avenida
Diagonal (Eixample), el local se integra perfectamente en la dinámica urbana de
la zona.
Se trata de uno de esos establecimientos
“cool” que atraen a una clientela joven, con presencia notable de influencers y
público afín a las tendencias actuales. Sin embargo, más allá de la etiqueta
moderna, su propuesta gastronómica se apoya en una base sólida: una selección
bien ejecutada de tapas clásicas con ligeros giros contemporáneos.
El espacio presenta una estética retro
cuidadosamente diseñada, con una atmósfera desenfadada que invita al picoteo
informal. La cocina, de corte tradicional, resulta reconfortante, sin
artificios innecesarios. Tras consolidarse durante casi dos años en el local de
Travesera de Gràcia, el proyecto ha crecido con esta segunda apertura en la
Diagonal. Detrás están Quim Crespo y Oriol Fernández, responsables de un concepto
que conecta bien con las nuevas generaciones sin alejar al público más clásico.
Iniciamos el picoteo con unas croquetas de
rustido, cremosas y bien ligadas, con un interior meloso y sabroso que cumple
con creces. Los puerros escalivados con apio y manzana aportan frescura y
contraste, en una combinación equilibrada y bien pensada.
La patata aliñada con ventresca de atún y
escabeche de cítricos resulta un plato muy agradecido, donde el punto graso de
la ventresca se ve compensado por la acidez del escabeche. Por su parte, las
albóndigas en salsa de tomate destacan como uno de los platos más redondos:
sabrosas, jugosas y con una salsa bien trabajada, de esas que invitan a
rebañar.
A pesar de la cantidad, llegamos a los
postres con margen. El requesón con mermelada de naranjas amargas ofrece un
final ligero y equilibrado, mientras que el chocolate con avellanas, aceite y
sal se convierte en el broche más goloso, con un interesante juego entre dulce,
graso y salino.
Para beber, optamos por agua mineral y un
par de copas de Cerveza
Turia, una tostada valenciana bien
equilibrada entre lúpulo y la malta tostada, que acompaña correctamente este
tipo de cocina.
La música ambiental estaba en consonancia
con el conjunto. Sonaban temas icónicos como la banda sonora de El
bueno, el feo y el malo (1966) de Sergio
Leone con la genial e inolvidable música de Ennio Morricone. Jailhouse
Rock (1957) del gran Elvis Presley. My
Way (1969) de Frank Sinatra, adaptación
al inglés de una canción popular por Paul Anka, y Hey Jude
(1968) de los Beatles.
Un detalle curioso: la comida transcurrió
sin pan, aunque el servicio tuvo el gesto de invitarnos a unos chupitos de
Baileys al final. El trato fue atento y eficiente en todo momento. El público,
mayoritariamente joven —sensiblemente más que nosotros—, confirma la buena
sintonía del local con el barrio y con las nuevas generaciones. En definitiva,
un local que combina con acierto estética, ambiente y una cocina tradicional
bien ejecutada, ideal para un picoteo informal en clave actual.
Precio a la carta: 26 € por persona,
sin cafés.
Fecha de la visita: 1 de abril de 2026.
PUNTUACIÓN: 6,5-7
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