(L752) El Manantial (1943)

Ayn Rand, El Manantial (1943)

Segunda novela que traigo al blog de esta escritora de origen ruso que emigró a los Estados Unidos. Ayn Rand (1905-1982) era una firme defensora de la individualidad frente a lo colectivo, y partidaria de la economía clásica del laissez faire.

Argumento: el estudiante Howard Roark ha sido expulsado de la Escuela de Arquitectura de Stanton. El decano quiere verlo y le propone que se tome un año sabático y vuelva a los estudios. Su rebeldía ante los estilos clásicos de la arquitectura y su preferencia por la construcción moderna lo ha enfrentado a varios profesores que exigieron su expulsión.

Guy Francon, antiguo alumno y el más importante de Stanton, ha venido desde Nueva York para pronunciar el discurso de graduación. Allí se encuentra Peter Keating, el alumno más popular de la promoción de 1922. Le conceden una beca de cuatro años en la École des Beaux-Arts de París. Además, Guy Francon le ofrece trabajo en su estudio de Nueva York. Como no sabe qué hacer pide consejo a Howard Roark que ha estado alojado en casa de Keating durante sus estudios. Peter se quedará con Francon mientras que Howard ha decidido trabajar con Henry Cameron, un arquitecto con cierto renombre pero que hace años que no consigue construir ningún edificio importante.

Encontramos a Peter Keating en Nueva York, es su primer día de trabajo en Francon & Heyer Arquitectos. Ya lleva un mes en la ciudad y se encuentra solo, entonces piensa en llamar a Catherine Halsey, una antigua amiga que resulta ser la sobrina de Ellsworth Toohey, el crítico de arquitectura más importante que existe, quien trabaja a su vez para el Banner un diario popular cuyo dueño es Gail Wynand el magnate de la prensa.

Mientras, Howard Roark ha conseguido un trabajo precario con el siempre malhumorado Henry Cameron, quien trata de convencerlo para que se busque un trabajo en otro sitio y se pliegue a las normas para no acabar como él mismo.

El primer paso de Peter Keating en la empresa es ocupar el puesto de Tim Davis, haciéndole primero los trabajos y consiguiendo luego que lo despidan por incompetente. El siguiente paso es Stengel, el mejor diseñador del despacho, al que le proporciona una cliente adinerada y éste se establece por su cuenta dejando la firma Francon & Heyer. De este modo Keating consiguió el puesto de dibujante jefe. Para la primera casa que le encargan, Peter Keating pide ayuda a Howard Roark.

Cameron y Roark sobreviven de pequeños encargos hasta que en el año 1925 Cameron sufre un colapso que lo obliga a jubilarse. Peter Keating aprovecha la ocasión para contratar a Howard Roark para su despacho de arquitectos. Pero dura poco, se niega a hacer un encargo de Francon que va contra sus ideas y éste lo despide. Después de meses deambulando lo contratará John Erick Snyte que sabe que es un hombre de Cameron y a quien no le da miedo su arquitectura moderna.

Ralston Holcombe era el presidente de la Asociación de Arquitectos de Estados Unidos. Era un hombre de ideales firmes. Denuncia el deplorable estado de la arquitectura estadounidense y el eclecticismo sin principios de sus profesionales.

Peter Keating se ha convertido en la mano derecha de Francon. Durante una fiesta conoce por fin a la hija de este, Dominique Francon, quien no se lleva demasiado bien con su padre. Pretende conquistarla para asegurar su carrera profesional, pero no obtiene ningún éxito en su primera aproximación.

Erik Snyte tiene un cliente especial. Se llama Austen Heller que quiere algo diferente. No le gusta lo que le propone, pero si un diseño de Howard Roak, a quien Erik despide, aunque Heller decide ayudarlo para que abra su propia oficina.

Comentario: extensísima novela de Ayn Rand que desafortunadamente no me ha gustado tanto como Los que vivimos (1936). Su inicio es un poco aburrido y algo monótono. La novela transcurre con la lentitud de las novelas río de aquellos años. A mi entender le falta lirismo, fuerza y vigor en el desarrollo de la trama, así como mayor complejidad en el desarrollo y la evolución de sus personajes que parecen sin vida. No obstante, a partir del capítulo dedicado a Gail Wynand va cogiendo fuerza. Algunos capítulos me recuerdan ligeramente a Fortuna (2022) de Hernán Díaz.

Ayn Rand nos dice, parafraseando a Víctor Hugo, que un escritor no ha de escribir sólo para su época. Para ella el romanticismo es la escuela conceptual del arte. No se ocupa de trivialidades arbitrarias y cotidianas, sino de problemas y valores atemporales. Siguiendo lo que dijo Aristóteles “no se interesa por cómo son las cosas, sino cómo podrían y deberían ser”. El Manantial nos habla de ese supuesto “hombre ideal” que lo sacrifica todo en pos de una idea, de la libertad más absoluta de acción. El arquitecto Howard Roark (basado libremente en la figura de Frank Lloyd Wright) es un hombre contra el sistema.

Su antagonista principal es Ellsworth Toohey, quien representa el espíritu del colectivismo. Se hace llamar representante de las masas, pero su verdadero deseo es el poder sobre ellas.​ Promueve los ideales del altruismo y un riguroso igualitarismo que trata a todas las personas y a todos los logros como igualmente valiosos, independientemente de su valor real. Ya sabemos el odio que sentía Rand por el comunismo y todo lo igualitario. Sin embargo en la novela sugiere un interesante problema:

“El problema básico del mundo moderno, es la falacia intelectual de considerar que la libertad y la coerción son opuestos. Para resolver los gigantescos problemas que agitan el mundo de hoy, debemos esclarecer nuestra confusión mental. Debemos adquirir una perspectiva filosófica. En esencia, libertad y coerción son la misma cosa. Les daré un ejemplo: los semáforos restringen su libertad de cruzar la calle cuando lo desean. Pero esa restricción les da la libertad de no ser atropellados por un camión. Si se les diera un trabajo y se les prohibiera abandonarlo, se restringiría la libertad de sus carreras, pero se les daría la libertad de no temer al desempleo. Siempre que se impone una nueva coerción sobre nosotros, automáticamente ganamos una nueva libertad. Las dos son inseparables”.

Alrededor de estos cinco personajes (Howard Roark, Peter Keating, Dominique Francon, Ellsworth Toohey y Gail Wynand) se desarrolla esta historia de juegos de poder y superación personal que, como la propia autora afirma en el prólogo, pretende mostrar al "hombre que utiliza su propia mente sin intermediarios y se convierte así en el manantial de la realización".

Aunque nuestra cultura no es tan individualista como pensamos. La cuestión es que vivimos en una cultura en la que la gente tiene miedo de ser original y de tener sus propias ideas. Nos esforzamos tanto por complacer a los demás, por ser la persona que otros quieren que seamos, que en el proceso nos perdemos a nosotros mismos. Son precisamente las visiones únicas y globales las que hacen que un producto sea grande. “Hay una razón por la que casi todas las grandes obras de arte son creadas por individuos y no por equipos” nos dicen en la novela.

Del discurso de Howard Roark ante el tribunal que lo juzga extraigo los párrafos más interesantes:

«A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es lograr, sino dar. Sin embargo, uno no puede dar lo que no ha sido creado. La creación precede a la distribución, porque de otro modo no habría nada que distribuir. La necesidad del creador precede a la necesidad de cualquier posible beneficiario. Sin embargo, se nos enseña a admirar a los que viven de prestado y reparten regalos que no han producido, en vez de al hombre que ha hecho posibles esos regalos. Alabamos un acto de caridad y nos encogemos ante un logro».

«A los hombres se les ha enseñado que estar de acuerdo con los demás es una virtud, pero el creador es el hombre que discrepa. A los hombres se les ha enseñado que nadar a favor de la corriente es una virtud, pero el creador es el que va contra la corriente. A los hombres se les ha enseñado que ir juntos es una virtud, pero el creador es el hombre que va por su cuenta. A los hombres se les ha enseñado que el ego es el sinónimo del mal, la ausencia de ego, el ideal de la virtud. Pero el creador es egoísta en un sentido absoluto, y el hombre sin ego es el que no piensa, siente, juzga o actúa: esas son las funciones del yo».

«Ningún trabajo se ha hecho nunca de forma colectiva, por una decisión de la mayoría. Todo trabajo creativo se logra bajo la guía de un único pensamiento individual. (...) El primer derecho sobre la tierra es el derecho del ego. El primer deber que tiene el hombre es hacia sí mismo. (...) Un hombre piensa y trabaja solo. Un hombre no puede robar, explotar ni reinar solo. Robar, explotar y reinar requieren la existencia de víctimas. Implican una dependencia. Son el territorio de los que viven de prestado».

«Desde el principio de la historia, los dos antagonistas han estado frente a frente: el creador y el que vive de prestado. Cuando el primer creador inventó la rueda, el primero que vivió de prestado respondió inventando el altruismo.

El creador, repudiado, combatido, perseguido y explotado, siguió y avanzó, y con su energía llevó consigo a toda la humanidad. El que vive de prestado no ha aportado nada a ese proceso, salvo obstáculos. Esa competición tiene otro nombre: el individuo contra el colectivo».

El Manantial de Ayn Rand, puede ser considerado un tributo al individualismo y su capacidad de fomentar el progreso humano. “El ego del hombre es el manantial del progreso humano”. Para Rand la masa, lo colectivo, no hace avanzar a la sociedad. En cambio individuos “idealistas” o “egoístas” como Howard Roark sí.

El alegato final de Howard Roark es una apología de la individualidad más exacerbada frente al colectivismo. O sea del capitalismo americano frente al comunismo soviético. Por eso tuvo una gran aceptación en los Estados Unidos.

Me espanté al saber que era el libro de cabecera de Mauricio Macri y que se lo hacía leer a todos sus ministros. En la búsqueda de información encontré un divertidísimo comentario sobre la adaptación de la novela al cine. Los personajes son tan disparatados y están tan fuera –o por encima– de la realidad que incluso parece una parodia del peor Hollywood.

BIBLIOGRAFÍA

Patrick Carroll, Cinco cosas contraintuitivas que aprendí leyendo “El Manantial” de Ayn Rand, Fundación para la Educación Económica, 14/11/2022.

Ayn Rand, El Manantial, Deusto, Editorial Planeta, Barcelona, 2019. (860 páginas).

Tony Lucas, El Manantial – Clásicos de mierda, 02/11/2023.

José Luis Sánchez Noriega, El Manantial, una apología del individualismo norteamericano, Dialnet, 2010.

King Vidor, El Manantial, Warner Bross, USA, 1949 (114 minutos).

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