(L756) Por amor a Imabelle (1957)

Chester Himes, Por amor a Imabelle (1957)

Hoy os traigo a un escritor estadounidense de novela. Chester Himes (1909-1984), tras coquetear con la delincuencia, pasar alguna temporada en la cárcel, y harto del racismo de su país se trasladó a vivir a París. Los últimos quince años de su vida los pasó en España, concretamente en Moraira, Alicante, donde está enterrado.

Argumento: la historia se inicia en el apartamento de Jackson. Está con su novia. “Imabelle era la mujer de Jackson. Era un guayabo de labios carnosos, cuerpo ardiente y piel canela, con unos ojazos pícaros y un meneo de cintura generoso que le delataban el natural caliente. Jackson andaba más chalao por ella que un alce empalmao”.

También están Hank y su socio Jodie, quienes han convencido a Jackson de que pueden convertir billetes de diez dólares en billetes de cien metiendo un papel especial en el horno. Cuando lo están haciendo, llega un policía y todos huyen. Solo consiguen atrapar a Jackson, que asegura no haber hecho nada. El policía le propone dejarlo libre a cambio de doscientos dólares. Como Jackson está sin blanca —ha entregado a Hank todo su dinero para hacerlo “crecer”—, decide ir a la funeraria donde trabaja y cogerlos de la caja fuerte. Paga al “policía” y se queda con trescientos para repetir la operación.

Vuelve a su apartamento en busca de Imabelle pero esta no ha regresado. Se dirige a ver a Margie, la hermana de la chica, quien tampoco sabe nada. La patrona le reclama el dinero del horno que han estropeado y su jefe el señor Clark lo está buscando por el dinero sustraído.

Decide visitar al reverendo Gaines que reza con él pero como era la hora de la cena pronto se lo quita de encima. “Jackson depositó su fe en el señor y se dirigió a un garito de juego situado en un piso de la Calle 126, hacía esquina”.

“Era el garito de dados más importante de Harlem. Jackson conocía de vista a todos los burlangas famosos”. (...) “Rezó a los dados; les suplicó: ‒Cuadros, mi corazón sufre como si lo hubieran cortado a navajazos, y la tristeza de mi mente es tan profunda como los abismos del océano y tan inmensa como las Montañas Rocosas.

Cuando le tocó jugar por segunda vez, se quitó la chaqueta. Tenía la camisa empapada de sudor. Los pantalones se le pegaban a los muslos. Cuando le llegó el tercer turno se aflojó los tirantes y los dejó colgar sobre las piernas.

Jackson acertó más sietes y más onces de los que nunca había visto en toda su vida. Sin embargo también sacó muchos chungos, doses, treses y doces, más que sietes y onces. Y como ya sabe todo perdedor experto, cuando a uno le agarra la racha chunga lleva camino de hundirse en la miseria.

El burle se cerró al amanecer. Jackson acabó desplumado. Se sentía como si le hubieran pegado una paliza. Pidió cincuenta centavos al garito y hecho un pingo fue andando despacio hasta el snack bar del Theresa Hotel. Se instaló en la barra y encargó un café y dos donuts por treinta centavos. Tenía los ojos vidriosos. Su piel negra había pasado al gris mate. Estaba más cansado que si saliera de arar un pedregal con un par de mulas”.

Finalmente va a ver a su hermano gemelo Goldy, drogadicto, estafador y falsa hermana de la caridad, quien se asombra de que hayan sido paridos por la misma madre, al ver como su hermano se ha dejado engañar con tanta facilidad. Le promete ayudarlo a encontrar al falso policía y a Imabelle a la que supone cómplice de la estafa. Pero Goldy descubrirá algo más: existe una gran trama fraudulenta relacionada con la venta de participaciones de una mina de oro en México.

Comentario: la serie de novelas más popular de Himes fue la que presenta a los detectives Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones, de la policía de Nueva York, que prestan servicios en Harlem. Las narraciones se desarrollan en un tono sarcástico y una visión fatalista de la vida en las calles del barrio negro. La que hoy comento es la primera de la serie que consta de ocho novelas y tal vez, según dice la crítica, sea la mejor de ellas. El verdadero protagonista es Jackson que está perdidamente enamorado de Imabelle y hará todo lo posible por recuperarla, cueste lo que cueste.

Las numerosas palabras del argot del hampa y los rateros son muy divertidas y curiosas, pues muchas de ellas ya están incorporadas a nuestra habla, lo que demuestra por desgracia que el argot ha terminado por envejecer. Pero lo más sorprendente y chocante es que el traductor Josep Elías pidió asesoramiento a Manuel Sánchez Torres alias “el Palomo”, un delincuente poco conocido del que he encontrado una anécdota en la prensa.

Ejemplos de vocabulario: la tira, nuevos de trinca, mil quinientos del ala, pápiros, menda, chorba, guayabo, cheli, achantar, afanar, enchironar, chunga, atorigar, puchar, aflojar, trullo, priva, camelar, guita, arramblar, najarse, trena, burlangas, tafares, currelantes, burle, jeró, vasca, gacholis, grifotas, dar de comer al mono, madaleno, famurria, jirlachona, chachi, andoba, pelanas, marao, garbeo, fusca, bofias, bujarra, etc. No las traduzco porque muchas de ellas ya se entienden y además hay un pequeño diccionario al final de la novela.

Es una novela de entretenimiento que permite pasar un buen rato, especialmente a los amantes del género negro, sin mayores pretensiones.

BIBLIOGRAFÍA

Vicente González, Por amor a Imabelle de Chester Himes, Solo Novela Negra, 2021.

Chester Himes, Por amor a Imabelle, Editorial Bruguera, Barcelona, 1985.

Milagros Pérez Oliva, Un peligroso delincuente se fugó de la cárcel de Zaragoza al ser confundido con otro recluso, El País, 16/01/1988.

Alice Silver, Ataúd Ed Johnson y Sepulturero Jones - Chester Himes, Mis detectives favoritos, 14/03/2012. 

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