(G390) Bar Tòfol (Lleida)
Continúo con mi particular búsqueda de bares
tradicionales. En esta ocasión, la parada es el Bar Tòfol, en el Carrer Pallars, 18 de Lleida. Un establecimiento
abierto en 1954, situado en el centro de la ciudad, que mantiene una propuesta
basada en la cocina catalana clásica, con especial atención al producto,
especialmente pescados, mariscos y una destacable oferta de vinos.
A pesar de la remodelación, conserva ese aire
reconocible de bar de toda la vida, con una atmósfera sencilla y sin
artificios. Ofrecen menú de cuchara al mediodía y una carta bastante atractiva,
aunque conviene tener en cuenta que los platos de pescado y marisco hacen que
la cuenta suba con cierta facilidad.
Empezamos con una ensaladilla rusa (foto), correcta pero sin brillo, de
esas que cumplen sin dejar recuerdo. Mucho mejor los buñuelos de calçots con
salsa romesco (foto), bien
ejecutados, sabrosos y claramente uno de los aciertos de la comida.
Seguimos con dos platos de pescado. Por un lado, las
cocotxas al pil-pil (foto), muy bien
ligadas y con buena textura, resultando un plato notable. Por otro, el pulpo a
la gallega (foto), servido sin
cachelos pero con un punto de cocción muy acertado: tierno y agradable.
Como plato principal, el rabo de toro guisado (foto), que en realidad era rabo de
buey. Un guiso bien trabajado, sabroso y profundo, perfectamente a la altura de
referencias más clásicas como las cordobesas. Un plato contundente que, sin
duda, deja satisfecho.
El postre, pastel de manzana (foto), fue el punto más flojo del conjunto. Ni la presentación ni
el sabor estuvieron a la altura de lo que se espera de un postre tan
reconocible, especialmente para quienes lo han probado en muchas versiones.
Para beber, agua mineral y un par de copas de O Fillo da Condesa 2024
(foto), un albariño de Lagar da
Condesa (D.O. Rías Baixas). Criado sobre lías, presenta un perfil claramente
atlántico: joven, con marcada acidez y buena intensidad. Las condiciones del
viñedo —en pérgola, con fuerte influencia oceánica— se traducen en esa acidez
dominante que, en este caso, se impone sobre la fruta y los aromas más amables,
resultando un vino algo más áspero de lo deseable para mi gusto.
Sin cafés. El pan, blanco, correcto sin más. En
conjunto, una propuesta interesante y fiel a un estilo que cada vez cuesta más
encontrar. Sin embargo, el precio —alejado de lo que uno esperaría de un bar de
este perfil— hace que surjan alternativas en la ciudad más cómodas y
equilibradas en la experiencia global.
Precio a la carta: 50 € por persona, sin cafés.
Fecha de la visita: 13 de abril de 2026.
PUNTUACIÓN: 6,5-7

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