(L765) Los expedientes de madrugada (2023)

Felipe Benítez Reyes, Los expedientes de la madrugada (2023)

Este libro de poemas ha sido mi primer acercamiento a Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960). Ganador de numerosos prestigiosos premios como el Loewe (1992) y el Nacional de Poesía 1996 por Vidas improbables. También ha escrito novelas, como el Premio Nadal 2007 por Mercado de espejismos, y numerosos ensayos. Los expedientes de la madrugada obtuvo el I Premio de Poesía Marpoética de Marbella.

Poemas:

EL TRÁNSITO

Una paloma ha elegido mi terraza para su agonía.

El encuentro inesperado nos sobresalta a ambos,

pero ella al instante parece comprender:

yo no soy el heraldo de su muerte,

y sigue, indiferente, en un rincón,

con el plumaje hinchado.

 

Diré lo previsible: en sus ojos creo leer

una súplica, un desvalimiento

ante lo para ella incomprensible:

¿qué es la muerte,

la enemiga de su vuelo,

esa cosa invisible que la postra

en territorio extraño?

 

Hace un momento se ha mudado a una zona de sol,

buscando alivio al frío que sin duda le invade,

el bálsamo de luz que ahuyente el mal.

 

Sé que dentro de unas horas

tendré que recoger su cadáver

y escribo esto por no poder decirle:

«Tranquila, pasará pronto.

 

Lo peor de la muerte es conocerla

desde mucho tiempo antes de morir.

Tú pudiste volar y fuiste eterna».

 

DONDE ERES Y NO

Igual que el sello de lacre blanco de la luna

—y es un modo de hablar— clausura el día,

las puertas del tiempo van cerrándose en tu memoria

como una sucesión de espacios inconexos,

y ese acaba siendo tu imperio de ilusionismo,

el lugar que gobiernas con un cetro de humo.

 

Tú, el centinela de la vida invisible,

miras ya el tiempo pasar como si nada

contuviera en su esencia esa abstracción

que demarca tus tránsitos,

la historia de fantasmas que ahora eres,

el perdido de ti cuando te buscas,

pero ausente de ti cuando te encuentras.

 

No puedes recordarte

en la sucesión de episodios que te han traído hasta aquí,

al lugar de las suposiciones

en torno a tu existir en torno a qué,

donde eres y no, donde al final no hay nadie.

 

Dentro de ti resuena la música de un mundo

desconocido para los demás,

pues en este entresueño todos vamos

componiendo una sinfonía exclusiva

que solo puede oírse si cerramos los ojos

y nos miramos por dentro

como quien deambula por el fondo de un mar.

 

Vas por dentro de ti como quien huye

de lo que va buscando,

dueño de esas palabras

que pronuncia en su caos la conciencia

para componer un discurso que suena en un vacío,

como quien habla en sueños.

 

Bajo la luz del día vas hacia lo oscuro.

Vas por la oscuridad en busca de qué aurora.

 

Vas adónde tú, en fin,

si vas ajeno contigo en tu dejar de ser.

 

Si las puertas del tiempo van cerrándose.

 

Si has perdido unas llaves que jamás existieron.

 

ÉGLOGA EN LA BIBLIOTECA

Cierro los ojos y veo

el sol tender los rayos de su lumbre

como lo vio Garcilaso.

Oigo

la huida de unos ciervos temerosos.

Me ampara

el dosel de humedad de la fronda del haya

en que Virgilio recostó a Títiro,

el pastor que ensayaba silvestres melodías

con su caramillo delgado.

Siento el frío

de las verdes esmeraldas enlutadas

con que Lope de Vega

lamentó las desdichas de Amarilis.

Junto al olmo de los sueños vanos

que imaginó Barahona de Soto me detengo

y Teócrito me recuerda

que todo allá en el Hades es ya olvido.

Abro al azar el tomo de Petrarca y leo esa estrofa

en que habla de alcanzar lo imposible y no pensado.

 

(Un aleteo de pájaros veloces

que siembran en el aire sus querellas,

el prado de una amena sombra lleno...).

 

Estoy aquí, frente a las baldas de los clásicos,

y estoy en otra parte, en otros siglos,

en una Arcadia artificiosa

en la que todos cantan desventuras

y, sin embargo, qué aroma a yerba nueva,

qué limpia el agua va por esos versos,

por el silencio de la selva umbrosa,

y en ellos mi sentir qué venturoso,

vagando por la vida imaginaria,

peregrino de mundos que no existen,

fugitiva de sí Melancolía.

 

LOS DOS ANCIANOS

Ante el televisor, compartiendo qué

tras compartir una vida.

 

La medicación puntual, y las horas iguales.

El dolor que se revela de repente

en un punto concreto,

tras ser un padecimiento indefinido

y en cierto sentido total: la amenaza constante.

 

La idea que no consigue perseguirse a sí misma,

trazar una secuencia, llegar a conclusiones.

El pesar que no encuentra un adjetivo.

El recuerdo que se detiene en el aire

como un pájaro muerto en pleno vuelo.

 

El laberinto derivado de una simple línea recta.

Los relojes que han dejado de ser

instrumentos de medición

para convertirse en una música de fondo

en la sala en que todo parece girar

y a la vez ser estático.

 

El sueño a plena luz, la noche en vela.

 

Vas de visita allí y palpas ese miedo en el vacío,

ese miedo al vacío,

ese vacío.

 

Hay una transmisión de pesadumbre

en la conversación, un traspaso del daño.

 

Si te dieron la vida, ahora te la reclaman.

 

Ellos son la antesala de un tiempo que vendrá:

están anticipándote.

 

Comentario: estos poemas reflejan su cosmovisión, la vida como ilusión y espejismo, esa gran ilusión teatral, la vida en su proceso de magia y vacío. Sus preocupaciones principales son: la bruma de la memoria y un laberinto fragmentario al que llamamos recuerdos, la reinvención del pasado, la fuga y la pérdida, la problemática de la identidad –y lo que adivino de mí es sobre todo/ lo que no soy/ ni sé de mí–. También emergen nuevos temas, está muy presente la muerte, por ejemplo, sostiene una mirada de frente a nuestro final y a todo lo que conlleva. Es un poemario que arrastra cierta pesadumbre.

Últimamente estoy leyendo a poetas de mi generación, porque sus preocupaciones vitales son las mías: el inicio de la vejez, el fin del amor físico por falta de motivación, la llegada a su final de la etapa laboral, el cuidado de los padres mayores, etc.

La poesía es un análisis de la realidad común y la realidad íntima. Me fascina el acierto de sus premoniciones sobre los padres: «—Si te dieron la vida, ahora te la reclaman—». Más o menos esto es lo que hace el mío con mayor intensidad. Su egoísmo pretende arrastrarnos con ellos a la muerte. Tiránicos (nacidos en los años treinta, con el pensamiento y las frases típicas de los fascistas: «Con Franco esto no pasaba», «Con Franco se vivía mejor», «Lo que hace falta es un tío con dos pelotas que arregle esto»), déspotas y egoístas que pretenden, y por momentos lo consiguen, amargarnos los últimos años de nuestra existencia.

Cuando lo escribí estaba más furioso que ahora, cuando creo comprender mejor la "putada" que son la vejez y la dependencia.

BIBLIOGRAFÍA

Ana Isabel Alvea Sánchez, «Los expedientes de la madrugada» de Felipe Benítez Reyes, Worlpress.com, 12/02/2024.

Felipe Benítez Reyes, Los expedientes de la madrugada, Visor, Madrid, 2024 (2ª edición).

Carmen Reina, Felipe Benítez Reyes: “La poesía es mi método de pensamiento”, Cordópolis, 02/10/2022.

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