(L66) Estupor y temblores (1999)


Amélie Nouthom, Estupor y temblores (1999)

La novela nos narra la incorporación de la joven Amélie Nouthom (Kobe, 1967) a la compañía Yumimoto (“las cosas del arco”), su superiora es la señorita Mori Fubuki (“tormenta de hielo”) que en un principio no le encarga ninguna labor. Amélie se dedica a llevar cafés, cambiar los calendarios y hacer fotocopias, hasta que recibe un encargo del Sr. Tenshi para elaborar un estudio sobre la mantequilla belga. Ambos reciben una bronca monumental por haber tenido iniciativa propia saltándose a los jefes. La que firma la denuncia es la señorita Fubuki que no puede permitir que una recién llegada y además extranjera adquiera protagonismo en la empresa. Fubuki le encarga archivar facturas y comprobar los gastos de viaje del personal, se equivoca constantemente y no consigue realizar este trabajo. Amélie nos habla de la belleza de Fubuki, su más de metro ochenta la hace estar fuera del alcance del japonés medio, de los dogmas y obligaciones que sufre la mujer nipona, el miedo que tiene el japonés al sudor, toda su existencia es la empresa. Se produce la visita del holandés Piet Kramet, hombre muy alto, en quien Amèlie ha pensado para posible pareja de Fubuki, pero este suda y a partir de aquí todo se va al garete.

Amélie sigue su caída imparable en la escala laboral de la empresa, acabando por ocuparse de los lavabos. Pero no pierde el entusiasmo ni en los momentos más duros y hasta se compadece de Fubuki, que como tantas mujeres japonesas (y algunas no tan lejanas) se ven en la imposible tarea de triunfar en el trabajo y casarse. Porque si dedica todo su tiempo a subir en la empresa, ¿dónde encontrar el tiempo para tener una mínima aventura? Y si se dedica a buscar marido, nunca demostrará la total dedicación que requiere un ascenso. Cuando llega al fin de su contrato Amélie debe presentar la renuncia con humildad a todos sus jefes por orden de escalafón: Fubuki, Saito, Omochi i Hameda, el gran jefe, que resulta ser el más humano.

La autora hace un paralelismo entre su caso y el de la película Feliz Navidad, Mister Lawrence (1983), de Nagisa Oshima, que narra la relación de atracción-dominio entre un oficial japonés y un prisionero inglés durante la II Guerra Mundial.

La empresa es una máquina de funcionarios que "sólo" pretende la sumisión total de los empleados. Debe desaparecer todo rasgo de individualidad en favor del conjunto y sus complicadas jerarquías. Sin contarnos nada de lo que sucede fuera de Yumimoto, Amélie va realizando una radiografía de nuestro sistema económico y su perversidad.

Es una novela autobiográfica, repleta de alusiones despectivas al sistema laboral japonés, que maltrata a la mujer, y mucho más si es dinámica, joven y foránea. El relato de Nothomb no puede ser más demoledor. No deja títere con cabeza e intenta aportar su propia visión del mundo nipón según la versión de un gaijin (extranjero), que domina el idioma japonés, pero le obligan a no utilizarlo en el trabajo.

Creemos que la novela no tiene demasiada calidad literaria, está escrita en primera persona y en un estilo directo que la hace de fácil lectura, pero está escrita con cierto humor que alivia o potencia, según los casos, el dramatismo de las escenas. Una lectura curiosa, incisiva y políticamente incorrecta sobre los choques entre culturas. También es curiosa su novela Cosmética del enemigo (2001).

Comentarios

  1. Ei Tomás,

    D'això se'n diu puntualitat! moltes gràcies, encara he d'acabar però de ben segur que em serà d'ajuda!

    bona setmana santa,

    Marta Massané

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