(L90) Auto de los condenados (1985)



Antonio Lobo Antunes, Auto de los condenados (1985)

Argumento: una familia de terratenientes portugueses vive los días posteriores al cambio de régimen político. Aguardan con expectación los últimos momentos del patriarca, enfermo y en supuesta posesión de unos papeles que dejan constancia de la herencia. Cada uno tiene sus motivos, pero, sobre todo, sus miserias. Cada uno nos deja conocer parte de su vida. Nos narran cómo han llegado a unas actitudes que, ahora, en estos últimos días antes de su huida a España, demarcan la crisis final de la institución familiar.

De António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) merece destacarse su prosa poética: “me pescó el despertador a las ocho horas de mi sueño, del mismo modo que las grúas del muelle traen a la superficie los automóviles peludo de limos que no saben nadar. Me alcé en las sábanas goteando noche de las mangas y los pies, hasta que el guindaste depositó en la alfombra, junto a los zapatos de la víspera, mi cadáver oxidado de legañas, embotado de ojeras y reumatismo” (pág. 18). “Abrí el cajón para elegir una camisa, una corbata, y allí estaban los calcetines y calcetines con mil artejos de ciempiés dentro” (…) “Me escondí en los calcetines, en los calzoncillos y me abrochaba el chaleco cuando Ana me dijo desde la almohada” (…) “Una galleta para el camino, señor. Los árboles de la embajada de Bolivia se despojaban de sombras. Gracias, dije yo mientras los codos se retraían tal como se cierran los abanicos, ofendidos”. (pág. 19-21). “Un tipo con delantal apareció planeando, opaco en la claridad opaca, defecó en la mesa la carta de comidas, escrita a lápiz con una letra de pizarra infantil y se sumergió como un pez entre los limos de las sopas”. (pág. 36). “El camarero clamó por mi pedido a la cocina y se desvaneció de nuevo como un hada con delantal, sin afeitarse y con las uñas sucias. (pág. 37)

Auto de los condenados (1985) no es una novela que usa plenamente el monólogo interior, ni se trata de puro perspectivismo, porque no se narran los mismos hechos. En verdad, ninguno de los personajes al que se le otorga la palabra tiene conciencia de que esos días o momentos que narran en primera persona rodean a un acto, la salida de Portugal de la familia protagonista, lleno de significación. Todos lo cuentan desde un hipotético presente, y al igual que si alguien les hubiera encargado esta tarea de contar retrospectivamente (incluso así se insinúa en alguna ocasión): como si fueran confesiones ante un juez.

No parece casual que muchos miembros de la familia ni posean nombre propio (son "la madre", "el padre", "la mongoloide"). Nos arrastran tanto el retrato de personajes (débiles o crueles, ruines o patéticos) como la fuerza del lenguaje. En estas narraciones en primera persona se entremezclan tiempos diferentes, aquellos años, y el presente desde donde son recordados. A la vez, a ello se unen impresiones subjetivas de los entornos, objetos, naturaleza, personajes, situaciones, que se expresan con imágenes acordes con los estados de ánimo de cada narrador. Ello origina descripciones abigarradas o narraciones a distintos niveles, con diversas cosas sucediendo a la vez, contrastando o reforzando. Incesto, violencia, locura, afán monetario, conformismo miserable. Temas duros, y con una expresión exigente.

Su estilo narrativo se caracteriza por su densidad, se ha de hacer un esfuerzo para seguir su lectura, suele haber una mudanza de narrador, como si el punto de vista saltase de personaje en personaje, dando una cualidad caleidoscópica. Destaca la obsesión recurrente, casi laberíntica que dan un tono general de claustrofobia. Los sintagmas nominales complejos que funcionan como una metáfora o como una comparación (copo de agua; los pulmones haciendo ruido como una cascada; ojos lisos de estatua) y la simultaneidad, ocurren varias descripciones a la vez, tanto físicas como de pensamientos.

La crítica lo celebra, pero a la vez lo considera complejo a lo cual Lobo Antunes responde: “Los libros tienen una llave. Y nosotros abrimos los libros con una llave propia, formada por experiencias y lecturas. Pero un buen libro tiene su propia llave, distinta, y con ésa tienes que abrirlo. Cuando leía a Conrad, al principio, no entendía nada, como si caminara en la niebla. Pero la emoción literaria no es para entenderse, es para experimentarse”.


PREMIO FIL (FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE GUADALAJARA) EN LENGUAS ROMÁNICAS 2008 (EMOTIVO DISCURSO).

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