(G36) Abantal (Sevilla)



Aprovechando una visita a la Semana Santa sevillana hemos comido en el restaurante Abantal, situado en la calle Alcalde José de la Bandera, 7. Está dirigido por el joven cocinero Julio Fernández que combina la tradición de la gastronomía andaluza de toda la vida con técnicas más modernas. Un poco de lluvia hizo que nos refugiáramos en el restaurante con algo de antelación, mientras esperábamos tomamos una manzanilla Papirusa[1] de Emilio Lustau acompañada de unas olivas gordales.

Los entrantes fueron simplemente correctos a destacar la crema de ajoblanco. Como preplatos nos ofrecieron crema de tomate con espuma de queso provolone[2] y un original gazpacho de remolacha (foto).


Vamos con los primeros: Verdura de temporada con trufa albidum pico[3] (foto), bueno y carabineros al vapor sobre arroz basmati salteado con all i oli (foto), bueno.


Como segundos mi acompañante pidió los carabineros al vapor sobre arroz basmati salteado con all i oli, ya comentados, y yo el rabo de cerdo ibérico deshuesado con crema ligera de manteca “colorá” y cigala (foto), muy bueno.


Para regar la comida unas copas de K-naia, un interesante verdejo del 2009 D.O Rueda. Un vino fácil de beber y bien elaborado, que apuesta por dignificar esos momentos en los que no nos apetece descorchar una botella entera.

De postre bizcocho borracho de chocolate con espuma de vainilla y naranja, bueno, acompañado de una copita de un vino emblemático en Andalucía, el Matusalem[4] de González- Byass.

Los panes fueron bastante originales: de arándanos, de pasas y nueces y una regañada sevillana, una especie de torta crujiente. Como infusión un Té verde de la Jaima a base de té verde Gunpowder[5] aromatizado con hierbabuena marroquí y menta, muy bueno y refrescante. Los entretenimientos finales pasaron sin pena ni gloria.

Precio aproximado por persona 55 euros + bebidas + IVA. Fecha de la visita 19 de abril de 2011.

PUNTUACIÓN: 7


[1] Nos encontramos ante una de las mejores manzanillas del país, elaborada según lo que marca la tradición. Envejecida bajo velo de flor, por el sistema de Soleras y Criaderas en Sanlúcar de Barrameda.
El microclima húmedo y la brisa marina de la desembocadura del río Guadalquivir de Sanlúcar marcan la personalidad de esta peculiar manzanilla.
[2] El provolone (Provolone Val Padana) es un queso italiano originario del sur del país, donde se sigue produciendo en piezas de 10 a 15 cm con diversas formas (pera alargada, salchicha o cono). Sin embargo, la región de producción más importante de provolone es actualmente el norte de Italia (Piamonte, Lombardía y Véneto).
[3] Su nombre común es el de trufa blanca.
[4] Un oloroso con mucha historia, que empezó a elaborarse el año 1864. Criado en barricas centenarias de roble americano durante 30 años, este viejo y dulce oloroso nos retorna a una época en la que estos delicados vinos eran un referente mundial.
Su complejidad aromática y su bouquet nos permiten afirmar que probablemente nos encontremos delante de uno de los mejores vinos del planeta.
[5] El té verde Gunpowder lleva su peculiar nombre debido a que su aspecto es similar al de la pólvora que se empleaba para los cañones tiempo atrás. Pero no temas por su sabor ya que no se parece en absoluto a nada relacionado con ella. De hecho, es uno de los tés verdes más antiguos y populares de la China.

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