(L89) Lord Jim (1900)


Joseph Conrad, Lord Jim (1900)

Vamos a comentar la excelente novela de Joseph Conrad (1857-1924) Lord Jim (1900). En ella se nos cuenta por mediación del narrador, el capitán Marlowe, la vida del joven Jim quien a consecuencia de una mala decisión en su quehacer como marino (el vergonzoso abandono del vapor Patna por parte de todos los oficiales al abrírsele una vía de agua). Este acontecimiento marcará la existencia de Jim, ya que de todos ellos es el único que acepta comparecer ante un tribunal para ser juzgado por este hecho. Más adelante tendrá ocasión de recuperar el honor perdido. Conrad retrata con maestría las debilidades de la condición humana, como nos hubiera ocurrido a cualquiera de nosotros ante una situación límite: puedes ser atrapado por el terror y quedar inoperante.

Reproduzco a continuación un extracto del artículo de Ignacio Arellano, Diario de Navarra, 09/04/2003: ¿Cuál es el secreto del héroe más entrañable de todos los que Joseph Conrad ha lanzado a los mares y selvas de su imaginación? No se comprenderá la importancia de tal secreto (que enseguida deja de serlo, porque el narrador Marlowe lo revela en las primeras páginas) si no se comprende primero cuáles son las ilusiones y la heroica visión del mundo que definen a Jim. Hijo de un pastor inglés, procede de una morada de devoción y paz, pero se aficiona a las novelas de aventuras y estudia en una escuela de la marina mercante. El mar se convierte en su destino, un destino que presiente lleno de esplendor y emociones: «Se veía salvando a gentes de barcos que se hundían, cortando mástiles en medio de un huracán, cruzando a nado el oleaje para llevar un cabo. Se enfrentó con salvajes en costas tropicales, sofocó motines en alta mar, y en un bote pequeño en medio del océano infundió ánimos en los corazones de hombres al borde de la desesperación». ¡Jim el romántico, eternamente ingenuo, siempre valeroso!

Pero el mundo está lleno de otras gentes. De hecho, sin ellas los héroes no tendrían sentido. Gentes mediocres, malvadas, feroces o simplemente estúpidas; gentes sin escrúpulos, mendaces, sobornables. Y está lleno de monotonías, de cosas prosaicas a las que un héroe encuentra más difícil resistir que a cualquier drama de brillante intensidad.

En uno de sus viajes su vida queda marcada para siempre. El Patna es un vapor viejo, comido de óxido, una chatarra flotante que transporta a ochocientos peregrinos hacia la Meca. Una noche tranquila choca con un pecio y empieza a hundirse. La tripulación abandona el barco cargado de peregrinos, y Jim mismo, desgarrado ante la imposibilidad de hacer nada, desorientado frente a una batalla cuyo enemigo ni siquiera puede reconocer, salta al bote de salvamento como quien salta a un pozo. El Patna, sin embargo, no se hunde y las autoridades ordenan una investigación. Solo Jim asume la humillación y la vergüenza. Su verdadero drama consiste en haber dejado pasar la oportunidad del heroísmo, como confiesa ante su amigo Marlowe: «Dios mío, qué ocasión perdida», grita, mientras las aletas de la nariz se le dilatan «olfateando el perfume embriagador de aquella oportunidad desperdiciada». Marlowe lo evoca -inolvidable- en una habitación tropical mirando al mar: «Pude ver que en esa mirada suya que se adentraba en la noche iba todo su ser, lanzado de cabeza a un ámbito imaginario de temerarias aspiraciones heroicas. A cada instante se adentraba más en un mundo de gestas románticas». ¡Si no hubiera abandonado el barco, desdichado!

Ahora debe redimir su destino, cada vez más lejos, iniciando su verdadera odisea en la selva malaya, en Patusán, donde conseguirá el amor y admiración de los nativos, que envuelven su nombre en un halo de leyenda, de fuerza y valor «como el que siempre ha tenido madera de héroe»: convertido en caudillo y defensor de su pueblo ante los abusivos piratas, jeques locales y depredadores de la región, construye su nueva vida. Si lo comparamos con el Kurtz de El corazón de las tinieblas (1899) se revela la entidad luminosa de Jim, que no cede a la barbarie ni a la corrupción en un mundo de oscuros y salvajes caminos. Por el contrario, su ingenuidad infantil y su romántico idealismo se mantienen hasta la muerte.

Otros libros que os recomiendo de Conrad son El corazón de las tinieblas (1899), Nostromo (1904) y Agente secreto (1909).

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