Haruki Murakami, La caza del carnero salvaje (1982)
Primera novela que
os traigo de este afamado escritor japonés. Haruki
Murakami (Kioto, 1949). Le pasa un poco como a Woody Allen, tiene defensores
y detractores acérrimos. Con La caza del
carnero salvaje (1982) voy a intentar desentrañar algunas de las claves de
su escritura, e intentar comprender el porqué del éxito de algunas de sus
novelas en Occidente.
Argumento: El
narrador sin nombre asiste al entierro de una chica a la que había conocido, la
acción se desarrolla en julio de 1978, en una barriada degradada de Tokio. La
conoció en un bar de la universidad en otoño de 1969. Recuerda que se acostaba
con todos. Los martes por la noche se acercaba a su apartamento a cenar y pasar
la noche con él. Recuerdan el 25 de noviembre de 1970 cuando se suicidó el
escritor Mishima. Después del entierro vuelve a casa borracho. Su mujer lo está
esperando. Ha recogido sus cosas y le pide que se las envíe al nuevo domicilio.
Acaban de divorciarse. La pareja se fue distanciando; ella se acostaba con uno de
sus amigos hasta que decidió irse a vivir con él.
El protagonista recuerda
las visitas al acuario y la vista del pene de ballena disecado. Sale con una
chica que tiene tres oficios: correctora de pruebas de imprenta, modelo de
orejas y acompañante al servicio de una agencia de señores distinguidos. Conoció
a la chica al poco de separarse de su mujer. Él trabaja en una agencia de
publicidad y tienen un proyecto en el que salen unas orejas. Queda cautivado por
la modelo y la invita a cenar en un restaurante francés. Deciden hacerse amigos
y contarse sus vidas. Ella lleva sus orejas ocultas, como deferencia hacia él
se ata el pelo con una cinta. Su belleza era superior a lo que había imaginado.
Era tan expansiva como la energía del cosmos. Viven juntos mientras ejercen sus
respectivas profesiones.
Su socio en la
agencia de publicidad y amigo de universidad se ha entregado a la bebida.
Aunque el negocio les va bien, no es feliz. Reciben la visita de un hombre muy
elegante que no llega a los cuarenta años, lleva la manicura muy cuidada; viene
de parte de un señor muy poderoso vinculado a la extrema derecha. Les pide que
retiren una publicidad en que aparece un paisaje de Hokkaido con un rebaño de
carneros. Le ofrece cubrir las pérdidas que les ocasione por la retirada del
anuncio. Además quiere saber dónde se hizo la foto de los carneros, quien la
envío y con qué intención lo hizo. Cuando llega a su apartamento se lo cuenta todo
a la chica de las orejas y ésta lo anima, incluso se ofrece a acompañarlo.
Hacen los preparativos del viaje en busca del paisaje y de los carneros, se
despide de su socio y junto a la chica cogen un avión a Sapporo, rumbo a las lejanas
y misteriosas montañas de Hokkaido…
Comentario: La caza del carnero salvaje (1982) es
una novela extraña y desconcertante: al terminar su lectura, el lector queda
perplejo, con la sensación de no saber muy bien si ha sido víctima de una broma
o si se le escapa algo esencial. Ninguno de los protagonistas —el narrador
treintañero, la chica de las orejas, el amigo de la agencia de publicidad, el
Hombre Elegante, Ratón, entre otros— tiene nombre propio, lo que refuerza la
idea de anonimato y despersonalización en la sociedad contemporánea.
La obra comienza como una
novela de corte realista, casi cotidiana, pero a medida que avanza va
incorporando elementos fantásticos e inquietantes que desdibujan los límites
entre lo racional y lo irracional. Murakami construye así un relato que explora
la soledad profunda de sus personajes, la dificultad de establecer vínculos
humanos auténticos en las grandes aglomeraciones urbanas y el desencanto
existencial del protagonista, atrapado en una vida que parece carecer de
sentido y dirección.
¿Qué distingue a Haruki
Murakami de otros autores japoneses? En primer lugar, la clara influencia de la
literatura estadounidense, de la que fue lector voraz, tanto en el estilo
narrativo como en los temas y referencias culturales. Sus personajes suelen ser
jóvenes o adultos jóvenes marcados por la soledad, el desarraigo y una búsqueda
casi desesperada del amor o de algún tipo de redención personal. Esta
combinación convierte sus textos en relatos de una gran carga poética y
emocional, capaces de gustar tanto a lectores orientales como occidentales.
Otro rasgo recurrente en
su obra es la presencia de la muerte, a menudo ligada al suicidio de personajes
jóvenes, un elemento que atraviesa muchas de sus novelas y que subraya el
malestar existencial y la fragilidad emocional de sus protagonistas. A ello se
suma la constante mezcla de lo imaginario y lo fantástico, que produce un
efecto perturbador y desconcertante, obligando al lector a cuestionar la
naturaleza de la realidad que se le presenta.
Por último, la pasión de
Murakami por la música pop —fruto, entre otras cosas, de su experiencia
trabajando durante una larga temporada en una tienda de discos— se refleja de
forma clara en sus novelas, donde las referencias musicales no solo ambientan
la narración, sino que funcionan como un lenguaje emocional que acompaña y
define a los personajes.
Con el tiempo también
comentaremos en el blog otras dos novelas notables: Tokio Blues (Norwegian Wood) (1987) y Kafka en la orilla (2002).
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