(L405) Las personas del verbo (1975)
Jaime Gil de Biedma, Las personas del verbo (1975)
La obra poética completa de
Jaime Gil de Biedma (1929-1990)
cabe en un volumen. Así que su relectura y comentario en el blog era una deuda pendiente que he cumplido
con satisfacción. Si la lectura de novela ya es de por sí una actividad
minoritaria, leer poesía es el summum. Son
poquísimas las personas con las que se puede compartir el amor por la poesía y esto
ya de por sí las hace valiosísimas. El blog siempre ha tenido una especial sensibilidad
por los poetas y espero seguir teniéndola en los próximos años.
«Ser escritor lento sin
duda que tiene sus inconvenientes» decía Gil de Biedma. «Pero la lentitud
también tiene sus ventajas. En la creación poética, como en todos los procesos
de transformación natural, el tiempo es un factor que modifica a los demás.
Bueno o malo, por el mero hecho de haber sido escrito despacio, un libro lleva
dentro de sí tiempo de la vida de su autor. El mismo incesante tejer y
destejer, los mismos bruscos abandonos y contradicciones revelan, considerados
a largo plazo, algún viso de sentido, y la entera serie de poemas una cierta
coherencia dialéctica. Muy pobre hombre ha de ser uno si no deja en su obra
–casi sin darse cuenta– algo de la unidad e interior necesidad de su propio
vivir».
Al libro publicado en
1975 se le añadieron 27 poemas “póstumos” en la edición de 1982. «Así que la
presente edición recoge mis poesías completas hasta la fecha, y quién sabe
hasta qué fecha.»
No voy a hacer ningún
análisis de los poemas, simplemente dejaré que la lectura de los mismos fluya
hacia vosotros y a cada uno os diga algo especial y diferente. Su tremenda originalidad y lo transgresor de su poesía no se supo apreciar hasta mucho después de su muerte.
POEMAS
A
una dama muy joven, separada.
En un año que has estado
casada, pechos hermosos,
amargas encontraste
las flores del
matrimonio.
Y una buena mañana
la dulce libertad
elegiste impaciente,
como un escolar.
Hoy vestida de corsario
en los bares se te ve
con seis amantes por
banda
-Isabel, niña Isabel-,
sobre un taburete
erguida,
radiante, despeinada
por un viento sólo tuyo,
presidiendo la farra.
De quién, al fin de una
noche,
no te habrás enamorado
por quererte enamorar!
Y todo me lo han contado.
¿No has aprendido,
inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?
Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.
Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.
Años
triunfales
[…] y la más hermosa
sonríe
al más fiero de los vencedores.
Rubén Darío
Media España ocupaba
España entera
con la vulgaridad, con el
desprecio
total de que es capaz,
frente al vencido,
un intratable pueblo de
cabreros.
Barcelona y Madrid eran
algo humillado.
Como una casa sucia,
donde la gente es vieja,
la ciudad parecía más
oscura
y los Metros olían a miseria.
Con la luz de atardecer,
sobresaltada y triste,
se salía a las calles de
un invierno
poblado de infelices
gabardinas
a la deriva bajo el
viento.
Y pasaban figuras mal
vestidas
de mujeres, cruzando como
sombras,
solitarias mujeres
adiestradas
—viudas, hijas o esposas—
en los modos peores de
ganar la vida
y suplir a sus hombres.
Por la noche,
las más hermosas sonreían
a los más insolentes de
los vencedores.
No
volveré a ser joven
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a
comprender más tarde
–como todos los jóvenes,
yo vine
a llevarme la vida por
delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre
aplausos
–envejecer, morir, eran
tan sólo
las dimensiones del
teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable
asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de
la obra.
T'introduire
dans mon histoire ...
La vida a veces es tan
breve
y tan completa que un
minuto
–cuando me dejo y tú te
dejas–
va más aprisa y dura
mucho.
La vida a veces es más
rica.
y nos convida a los dos
juntos
a su palacio, entre
semana,
o los domingos a dar
tumbos.
La vida entonces, ya se
cuenta
por unidades de amor
tuyo,
tan diminutas que se
olvidan
en lo feliz, en lo
confuso.
La vida a veces es muy
poco
y tan Intensa –si es tu
gusto...
Hasta el dolor que tú me
haces
da otro sentido a ser del
mundo.
La vida, luego, ya es
nosotros
hasta el extremo más
inmundo.
Porque quererse es un
castigo
y es un abismo vivir
juntos.
Himno
a la juventud
Heu!
quantum per se candida forma valet!
Propercio, II, 29, 30
¿A qué vienes ahora,
juventud,
encanto descarado de la
vida?
¿Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los
mayores
y tú vienes a herirnos,
reviviendo
los más temibles sueños
imposibles,
tú vienes para hurgarnos
las imaginaciones.
De las ondas surgida,
toda brillos, fulgor,
sensación pura
y ondulaciones de animal
latente,
hacia la orilla avanzas
con sonrosados pechos
diminutos,
con nalgas maliciosas lo
mismo que sonrisas,
oh diosa esbelta de
tobillos gruesos,
y con la insinuación
(tan propiamente tuya)
del vientre dando paso al
nacimiento
de los muslos: belleza
delicada,
precisa e indecisa,
donde posar la frente
derramando lágrimas.
Y te vemos llegar –figuración
de un fabuloso espacio
ribereño
con toros, caracolas y
delfines,
sobre la arena blanda,
entre la mar y el cielo,
aún trémula de gotas,
deslumbrada de sol y
sonriendo.
Nos anuncias el reino de
la vida,
el sueño de otra vida,
más intensa y más libre,
sin deseo enconado como
un remordimiento
-sin deseo de ti,
sofisticada
bestezuela infantil, en
quien coinciden
la directa belleza de la
starlet
y la graciosa timidez del
príncipe.
Aunque de pronto frunzas
la frente que atormenta
un pensamiento
conmovedor y obtuso,
y volviendo hacia el mar
tu rostro donde brilla
entre mojadas mechas rubias
la expresión melancólica
de Antínoos,
oh bella indiferente,
por la playa camines como
si no supieses
que te siguen los hombres
y los perros,
los dioses y los ángeles,
y los arcángeles,
los tronos, las
abominaciones...
DE
VITA BEATA
En un viejo país
ineficiente,
algo así como España
entre dos guerras
civiles, en un pueblo
junto al mar,
poseer una casa y poca
hacienda
y memoria ninguna. No
leer,
no sufrir, no escribir,
no pagar cuentas,
y vivir como un noble
arruinado
entre las ruinas de mi
inteligencia.
BIBLIOGRAFÍA
Jaime Gil de Biedma, Las personas del verbo, Seix Barral, Barcelona, 2001 (12ª edición).
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