(L665) Razón de amor (1936)

Pedro Salinas, Razón de amor (1936)

Hoy os traigo a uno de los grandes poetas del amor que ha tenido la lengua castellana. Se trata de Pedro Salinas (1891-1951). Razón de amor es uno de sus libros de poesía más destacados junto a La voz a ti debida (1933) y Largo lamento (1938) que forman todos ellos su trilogía del amor.

Fragmentos:

Tenía que ser así

el día.

Azul el cielo, sí, azul

indudable como anoche

le iban queriendo tus besos.

Henchida la luz de viento

y tensa igual que una vela

que lleva el día, velero

por los mundos, a su fin:

porque anoche tú quisiste

que tú y yo nos embarcáramos

en un alba que llegaba.

Tenía que ser así.

 

Con las aguas de abril

las nieves de tus blancos

trajes te florecían.

Campánulas y lirios

a tus telas corrían

a plantarse;

porque tú prolongabas

su florecer, sin fin,

y en los días de invierno

los lanzabas al aire,

seguros, defendidos

del rigor y del hielo

por esa primavera,

sin cesar, de tu carne.

¿En dónde están los pétalos

marchitos de tus trajes?

¿Qué alamedas tapizan

en los mundos incógnitos,

desde que los dejaste?

Tiene que haber un cielo

donde van al morirse

cuando se les acaban

sus glorias terrenales

sobre el cuerpo perfecto:

cielo de recordarles.

 

Tu nombre no se lee

donde se lee, con lo que se lee.

La aurora borra noches,

el mediodía auroras,

y las tardes le quitan

forma, ser, a los días.

El tiempo borra al tiempo,

queda sólo un gran blanco.

Pero tu nombre ¿quién,

dime, quien va a borrarlo,

si en nada se le lee,

si no lo ha escrito nadie,

como lo digo yo,

como lo voy callando?

 

¿Cómo me vas a explicar,

di, la dicha de esta tarde,

si no sabemos porqué

fue, ni cómo, ni de qué

ha sido,

si es pura dicha de nada?

En nuestros ojos visiones,

visiones y no miradas,

no percibían tamaños,

datos, colores, distancias.

De tan desprendidamente

como estaba yo y me estabas

mirando, más que mirando,

mis miradas te soñaban,

y me soñaban las tuyas.

Palabras sueltas, palabras,

deleite en incoherencias,

no eran ya signo de cosas,

eran voces puras, voces

de su antiguo servir olvidadas.

¡Cómo vagaron sin rumbo,

y sin torpeza, caricias!

Largos goces iniciados,

caricias no terminadas,

como si aún no se supiera

en qué lugar de los cuerpos

el acariciar se acaba,

y anduviéramos buscándolo,

en lento encanto, sin ansia.

Las manos, no era tocar

lo que hacían en nosotros,

era descubrir; los tactos,

nuestros cuerpos inventaban,

allí en plena luz, tan claros

como en plena tiniebla,

en donde sólo ellos pueden

ver los cuerpos,

con las ardorosas palmas.

Y de estas nadas se ha ido

fabricando, indestructible,

nuestra dicha, nuestro amor,

nuestra tarde.

Por eso, aunque no fue nada,

sé que esta noche reclinas

lo mismo que una mejilla

sobre ese blancor de plumas

‒almohada que ha sido alas tu ser, tu memoria, todo,

y que todo te descansa

sobre una tarde de dos,

que no es nada, nada, nada.

 

No te guardes nada, gasta,

derrocha alegrías, dichas,

truécalas en aire azul

por que vayan en volandas

por el cielo, hazlas de agua,

llena los cauces del mundo

con su espuma desatada,

entra por almas dormidas,

sacúdelas por las alas,

agita, como trigales,

grandes campos de esperanzas,

rebosa, rebósate

de amar y de ser amada:

porque

ni este día, ni esta noche

se te acabará el amor,

ni la nada se me acaba.

 

¡Darme, darte, darnos, darse!

No cerrar nunca las manos.

No se agotarán las dichas,

ni los besos, ni los años,

si no las cierras. ¿No sientes

la gran riqueza de dar?

Comentario: La voz a ti debida y Razón de amor consagran su plenitud lírica. Razón de amor responde a la pregunta sobre la naturaleza de la experiencia amorosa que se rige por el sentimiento, la voluntad y el deseo. El amor comporta el dolor y el goce, la destrucción y la creación a un mismo tiempo.

Como decía Ortega y Gasset en sus Estudios sobre el amor: “Nada hay tan fecundo en nuestra vida íntima como el sentimiento amoroso; tanto, que viene a ser el símbolo de toda fecundidad. Del amor nacen, pues, en el sujeto muchas cosas: deseos, pensamientos, voliciones, actos; pero todo esto que del amor nace como la cosecha de una simiente, no es el amor mismo; antes bien, presupone la existencia de éste. Aquello que amamos, claro está que, en algún sentido y forma, lo deseamos también; pero en cambio, deseamos notoriamente muchas cosas que no amamos, respecto a las cuales somos indiferentes en el plano sentimental. Desear un buen vino no es amarlo; el morfinómano desea la droga al propio tiempo que la odia por su nociva acción... (…) “Por esta razón, el deseo muere automáticamente cuando se logra; fenece al satisfacerse. El amor, en cambio, es un eterno insatisfecho. El deseo tiene un carácter pasivo, y en rigor lo que deseo al desear es que el objeto venga a mí. Soy centro de gravitación, donde espero que las cosas vengan a caer. Viceversa: en el amor todo es actividad, según veremos. Y en lugar de consistir en que el objeto venga a mí, soy yo quien va al objeto y estoy en él. En el acto amoroso, la persona sale fuera de sí: es tal vez el máximo ensayo que la Naturaleza hace para que cada cual salga de sí mismo hacia otra cosa. No ella hacia mí, sino yo gravito hacia ella”.

Creo que Salinas era un optimista. Para él el amor es goce y plenitud. Para mí algunas veces ha sido pesar y sufrimiento. Mi experiencia muchas veces ha acabado en dolor. Afortunadamente, cuando el amor se va o se acaba, una vez recuperados, nos queda la tranquilidad y por supuesto la poesía.

BIBLIOGRAFÍA

Manuel Díaz Martínez, Pedro Salinas o razón de amor, Revista de las Letras, 06/02/2009.

Ricardo Gullón, La poesía de Pedro Salinas, Cervantes Virtual, s/f.

Ángel S. Harguindey, El gran amor secreto de Pedro Salinas, El País, 07/04/2022.

María Rubio Martín, La forma métrica en la poesía de Pedro Salinas, Universidad de Castilla y La Mancha, 1991.

Pedro Salinas, Razón de amor, Losada, Buenos Aires, 1976 (3ª edición).

Comentarios

  1. Tomás, qué maravilla. Salinas es/fue un poeta excepcional. Y lo sigue siendo. Es el poeta del amor. El comentario que has hecho es muy bueno, Tomás. Un abrazo. Adelaida

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