(L666) Las lanzas coloradas (1931)

Arturo Uslar Pietri, Las lanzas coloradas (1931)

En mi largo peregrinaje leyendo autores hispanoamericanos esta es la primera novela que comento del escritor, periodista y político venezolano Arturo Uslar Pietri (1906-2001), quien llegó a ser ministro y senador de su país. Fue uno de los iniciadores de lo que se denominó el “realismo mágico” en la literatura en español de América.

Argumento: el mayordomo de la hacienda “El Altar” se llama Presentación Campos. Todos los esclavos lo temen porque tenía “carne de amo”. “Ante la debilidad de los demás sentía crecer su propia fuerza. Los fuertes brazos, las anchas espaldas, los recios músculos, le daban derecho a la obediencia de los hombres. Respiraba profundas bocanadas de aire tibio. Un mulato, de su mismo color, venía por la vereda cargado de un grueso haz de leña. Al verlo se dobló aún más. ‒ ¡Buen día, señor! Por entre los troncos se aproximaba a la casa de los amos. Entre los chaguaramos altos, las paredes blancas de los amos. Don Fernando y doña Inés. Don Fernando, que era pusilánime, perezoso e irresoluto, y doña Inés, que vivía como en otro mundo.

Los amos. Él era Presentación Campos, y donde estaba no podía mandar nadie más. Don Fernando y doña Inés podían ser los dueños de la hacienda, pero quien mandaba era él. No sabía obedecer. Tenía carne de amo”.

Se nos habla de una próxima guerra por voz de la sensible Inés: “Una cosa tan horrible en que todo el mundo muere, ¿por qué existe? En sus palabras ingenuas estaba vivo el desasosiego de la guerra. Estremecía las almas, vibraba en el aire, sacudía las hojas de los árboles en los lejanos campos. Estaba desatada la guerra. En todos los rincones, mujeres llorosas decían adiós a los hombres. Por los pueblos pasaba la caballería floreciendo incendios. En aquel minuto, alguien moría de mala muerte. Fernando dejó de sonreír. ‒El mundo no ha sido hecho, Inés, para lo mejor. Por eso, justamente, es difícil explicarlo. La guerra está en él, y nadie la ha traído, ni nadie podrá quitarla”.

Vemos el papel que juegan los encomenderos en Venezuela: “Cuando la tierra de Venezuela era sólo selva intrincada y llanura árida, comenzaron a abrir el camino del hombre los encomenderos. Eran duros, crueles, ásperos, ávidos de oro, y, sin embargo, también como iluminados de una divina misión. De España llegaban en los galeones lentos que aran el mar y en la primera costa se dispersaban como un vuelo de pájaros altaneros. Fueron tiempos heroicos. Ibanse unos a Coro a establecer su solar, otros se quedaban en una sierra de la costa, otros llegaban a Cumaná, algunos penetraban hacia el centro, y todos adquirían su encomienda de indígenas, erigían una horca, fundaban una ciudad, y con los indios indolentes se daban a romper la tierra virgen para buscar oro o para sembrarla”.

En la novela se nos cuenta la historia de la familia. La hacienda se llama “El Altar”. Don Fernando fue a estudiar a la ciudad de Caracas y allí conoció al general Miranda y las ideas de la Ilustración (Rousseau y su Contrato Social (1762) y la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (1789)). La muerte de su padre le hace volver para ocuparse del manejo de la hacienda y del cuidado de su hermana Inés.

Unos años después en Caracas se proclamó la independencia de la República de los Estados Unidos de Venezuela, el 5 de julio de 1811, iniciándose un periodo de guerra civil.

Comentario: estupenda novela sobre los orígenes de la independencia de Venezuela. De ella Miguel Ángel Asturias dijo: “Es la novela del llano, de los llaneros, de la pampa venezolana. Pero es el llano que se torna bandera, la caballada guerrera que se vuelve huracán. Nubes ciegas vuelcan su fatalidad, desde entonces, sobre nuestros pueblos. La lucha es de ayer, de hoy y de siempre. Un estremecimiento. La guerra a muerte. La guerra sin cuartel. Y estas páginas de Arturo Uslar-Pietri no son sino las vísperas, y ya son trágicas. El doloroso nacimiento de la República. El choque sangriento de esclavos y señores. El trasfondo de nuestra tristeza criolla iluminada por relámpagos de esperanza. Y todos los problemas en raíz, sociales y políticos. En la órbita de un libro, un mundo en transformación. Y qué amargor desolado. No hay personaje central, hay personajes. Se alarga la sombra del Encomendero, desgarrada por los mil dientes del esclavo. Suenan palabras que no se habían oído antes: ciudadano, insurgente, libertad; igualdad, derechos del hombre. Y un hombre pequeñito que dice: «¡Yo soy Bolívar!»

La relación entre la ficción y la historia en Latinoamérica es de difícil interpretación y encaje. Sabiendo que la revuelta empezó en 1811 y que el primer ejército regular de españoles no llegará a Venezuela hasta 1815. “Los primeros combatientes en defensa del Monarca fueron los esclavos y campesinos venezolanos, a quienes lograron incorporar una pareja de sanguinarios generales: Domingo Monteverde y José Tomás Boves. Este último, un asturiano rudo, se había aclimatado en Venezuela hasta el punto de convertirse en un llanero de a caballo, invicto lancero que merodeaba en nuestras pampas; libertaba a cuantos esclavos se incorporaban a sus hordas y ofrecía botín de guerra; sus ideales eran la guerra por la guerra, la crueldad llevada al paroxismo. No peleaba en nombre del Rey tanto como en nombre de su propia audacia de caudillo”.

El lenguaje de Arturo Uslar Pietri es culto, rico y sutil. Se parece más al español de Canarias sin el abundante aporte que otras lenguas precolombinas hacen a otros dialectos hispanos. Pero con términos también muy sugerentes: Parapara (fruto del árbol parapara o jaboncillo), lavativas (objeto cuyo nombre no se recuerda), casabe (torta), guarapo (jugo de caña de azúcar), bagazo (residuo de la caña de azúcar), maguey (agave), godos (se llama así a los españoles, por extensión a la persona mezquina o de malos sentimientos), caraotas (semillas con mucho valor alimenticio), musiú (persona extranjera, especialmente si es rubia), zaraza (tela de algodón estampada), corianos (cobertor, cobija), pichirre (referido a una persona tacaña), chinchorro (Hamaca tejida en forma de red), etc.  

Es una obra que se deja leer con agrado, aunque su prosa intenta ser más cortada y vanguardista, tomando influjos del surrealismo y siendo de las primeras que utilizan un cierto “realismo mágico”, a mí me recuerda a la prosa de Rómulo Gallegos en Doña Barbara (1929). Más que rompedora, encuentro la novela continuista y agradablemente clásica.

BIBLIOGRAFIA

ASALE, Diccionario de Americanismos, Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010.

Ilinca Ilian Ţăranu, Tiempo y narración en Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri, Revista Colindanzas, 2011.

Isea, Antonio. “Regionalismo y Estereotipos Raciales En ‘Las Lanzas Coloradas.’” Afro-Hispanic Review, vol. 16, no. 1, 1997, pp. 25–31. JSTOR,

Domingo Miliani, La sociedad venezolana en una novela de Arturo Uslar Pietri, Thesaurus, Tomo XXIII, Número 2 (1968).

Arturo Uslar Pietri, Las lanzas coloradas, Alianza Editorial, Madrid, 1970.

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