(L740) El reinado de Witiza (1968)

Francisco García Pavón, El reinado de Witiza (1968)

Segunda novela que os traigo del comisario Plinio. Novela de detectives y crímenes. Novela negra manchega. Su creador fue Francisco García Pavón (1919-1989). Me gustó mucho la primera que leí de él titulada Las hermanas coloradas (1969), y por eso he repetido. Veamos que tal me ha ido.

Personajes: (en negrilla los habituales en los casos de Plinio).

Manuel  González alías Plinio. Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso. De origen humilde, sin estudios, no ha llegado a ser detective, pero tiene un olfato portentoso para el oficio. Está casado y tiene una hija.

Don Lotario Navarro, veterinario municipal. Amigo de Plinio y especie de Dr. Watson que participa en las investigaciones del agente. Tiene coche –un Seat 600– y lo lleva arriba y abajo en sus pesquisas.

Antonio alías el Faraón. Tratante de vinos. Corpulento, de unos cientos veinte quilos. Buen bebedor y comedor. Muy ocurrente, amigo de las bromas. Se las da de mujeriego y conquistador.

Braulio el filósofo. Dueño de una bodega o taberna subterránea. Es un personaje escéptico y misántropo al que acude en ocasiones Plinio por sus amplios conocimientos en múltiples temas.

El cabo Maleza, ayudante de Plinio.

Don Saturnino, el médico y forense.

Matías, el enterrador al que llaman también camposantero o huesero.

Rocío la buñolera. Guasona y simpática. Siente afecto verdadero por Plinio.

Albadalejo, el fotógrafo.

Calixto, escultor que está de vacaciones en el pueblo.

Rovira, de la Comisaría de Alcázar. “el único jilipollas del cuerpo”.

Celedonio Canales el Rico.

Florentino García el Desgraciao.

El Pianolo y el Rufilanchas amigos del Faraón. Famosos los tres por sus bromas pesadas.

Argumento: la acción está ambientada en el pueblo de Tomelloso. Un nicho, propiedad de don Antonio alías el Faraón ha sido ocupado sin su conocimiento. “esta mañana se les ha ocurrido a las mujeres ir a hacer una visitica a los muertos, a llevarles flores y esas cosas... Y han visto que mi nicho... vamos, el que tengo yo comprao y disponible, Dios quiera que para la suegra que todavía tengo en casa aunque de muy mal ver, pues que estaba tapiao”. Se dirigen al cementerio para desvelar el misterio cuando se encuentran al forense que ha ido allí para la exhumación de un sargento.

En el nicho del Faraón encuentran un cajón grande. En su interior hay un hombre embalsamado “Era hombre. Envuelto en sudario blanco. Aparentaba unos setenta años. Nariz aguileña y boca sumida. Parecía muy alto. Una crencha de pelo cano asomaba bajo el capuz. Las manos llevaba cruzadas sobre el pecho. La piel, de un blanco morado”. Nadie lo conoce, ni sabe quién es. Se hacen fotografías que se publican en el diario de la provincia. Uno de los guardias cree reconocer en el muerto a don Ignacio de la Cámara Martínez que “fue el último y tardío descendiente de los latifundistas fronteros que conservaron tierras e inmuebles en Tomelloso y su término”.

Plinio y don Lotario se hayan todavía muy perdidos. Se trasladan a la finca “Miralagos” propiedad de la familia del supuesto difunto para intentar averiguar el misterio.

Comentario: «Oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza». Es una frase que recuerda el veterinario de sus tiempos como estudiante en la escuela. Pues bien, así podría definirse el caso que se nos cuenta en este libro.

Intentaré responder a una pregunta fundamental: ¿por qué me gustan las historias de Plinio? En primer lugar, porque García Pavón, al igual que Simenon, es un estupendo creador de ambientes. El de Plinio es Tomelloso; el de Maigret, París y su Quai des Orfèvres.

En segundo lugar, por la riqueza de un vocabulario hoy prácticamente en desuso, debido a los cambios sociales y al empobrecimiento cultural contemporáneo: albarda, batán, aceña, alcor, intemerata (cultismo), andorga, morchón, hazas, besana, antiparras, badulaque, aloque, timarse, albéitar, sinaco, ráfita, etc.

Y, en estrecha relación con lo anterior, por la capacidad que tiene el autor para ofrecer magníficas descripciones naturalistas del paisaje y acertadas descripciones sociológicas de la época. Se nos muestra una España en transición, de lo rural a lo urbano, que ya no existe.

«Los pámpanos de las vides verdeaban tensos, casi translúcidos, a uno y otro flanco de la carretera de Argamasilla. Enfilada la de Ruidera, a la derecha las choperas y alamedas del Guadiana; a la izquierda, el llano verde, las mieses doradas y las barbecheras pardas. El cielo, como una gran caída de luces inmirables. Unos kilómetros más allá, los hilos de viña trepaban prietos y simétricos por la barriga suave de rientes alcores».

En tercer lugar, la trama suele ser original y poco trillada. Plinio, por poner un ejemplo, no es ningún héroe; más bien es un pelagatos. No tiene estudios, ni rango elevado, ni tierras ni dinero. Le complace codearse con personas de mayor nivel social, a las que debe visitar como condición para sus investigaciones:

«Plinio se encontraba a gusto en aquel patio tan fresco. Siempre le gustaron las casas de los señoritos. No podía remediarlo. Se arrellanó en el asiento y aguardó a que el médico concluyese el debilísimo hilo de sus memorias».

Y, en cuarto lugar, aunque no el último en importancia, por su visión escéptica y descarnada del mundo y de la vida. Plinio y, sobre todo, Braulio, el filósofo, están desencantados, como si únicamente flotaran y vivieran por pura rutina. Hay un cierto poso de amargura ante la inevitabilidad del destino: «no le encuentro el chiste a este ferial».

«Las vidas escritas y parladas; los hechos tristes y risueños; los amores de carnes tiernas y jugosas; los cánticos, sudores, explotaciones, espigas y uvas; partos húmedos y mortajas secas; reatas de mulas nuevas y de aquellas otras históricas que al sol se calcinan... todo se lo entripa esta máquina silenciosa y suave al parecer, esta gran despectiva que es la naturaleza».

Su filosofía de vida tiene algo de kantiana: «cada cual debe hacer lo que se le ocurra con tal de que no perjudique a tercero».

Los roles hombre/mujer aparecen muy marcados. Vistos con los ojos de hoy, hay un machismo evidente, profundamente insertado y naturalizado en la sociedad de la época, que hoy resulta llamativo. La hija y la mujer de Plinio son personajes en la sombra. Nunca participan en el acontecer de la novela; su función se reduce a tener la comida preparada y la ropa limpia y planchada.

Los personajes (hombres) beben vino, coñac Peinado (que todavía existe), cerveza, marrasquinos, masagranes, aguardiente y anís a todas horas. Para los detectives del sur de Europa —Maigret, Montalbano, Pepe Carvalho o Kostas Jaritos— la comida y la bebida tienen una gran importancia. El propio Plinio se toma una copa de anís "Chinchón" todas las mañanas. Mi abuelo hacía lo mismo, aunque su anís era "Machaquito" de Rute.

En lo gastronómico, comen perdices escabechadas, y me ha hecho sonreír cuando, en un momento de la historia, están tomando una cerveza con berenjenas de Almagro. Quien las haya probado sabrá que son una auténtica bomba.

La trama de esta novela es más banal y menos interesante que la de Las hermanas coloradas. Más costumbrista, donde la parte policial prácticamente carece de interés.

BIBLIOGRAFÍA

AA.VV, Diccionario de la Lengua española, Madrid, 2014 (23ª edición).

AA.VV, Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española, Madrid, 2021.

AA.VV, Francisco García Pavón. Vida completa, Revista Añil. Cuadernos de Castilla la Mancha, Madrid, 1993.

Francisco García Pavón, El reinado de Witiza, Destino, Barcelona, 1991 (3ª edición).

Vicente G. Olaya, Hallada en Granada la única inscripción que se conserva del rey godo Witiza, El País, 14/06/2025.

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