(L766) Luna caliente (1983)

Mempo Giardinelli, Luna caliente (1983)

Segunda novela que traigo de este autor argentino. Mempo Giardinelli (Resistencia, Chaco, 1947). Como me gustó la primera que leí de él, Qué solos se quedan los muertos (1985), he decidido repetir. Es una obra cortita, con una tipografía de un tamaño más que aceptable y, lo que es más importante, con una prosa arrebatadora.

Argumento: “Sabía que iba a pasar; lo supo en cuanto la vio. Hacía muchos años que no volvía al Chaco y en medio de tantas emociones por los reencuentros, Araceli fue un deslumbramiento. Tenía el pelo negro, largo, grueso, y un flequillo altivo que enmarcaba perfectamente su cara delgada, modiglianesca, en la que resaltaban sus ojos oscurísimos, brillantes, de mirada lánguida pero astuta. Flaca y de piernas muy largas, parecía a la vez orgullosa y azorada por esos pechitos que empezaban a explotarle bajo la blusa blanca. Ramiro la miró y supo que habría problemas: Araceli no podía tener más de trece años.

Durante la cena, sus miradas se cruzaron muchas veces, mientras él hablaba de los años pasados, de sus estudios en Francia, de su casamiento, de su divorcio, de todo lo que habla una persona que los demás suponen trashumante porque ha recorrido mundo y ha vivido lejos, cuando regresa a su tierra después de ocho años y tiene apenas treinta y dos. Ramiro se sintió observado toda la noche por la insolencia de esa niña, hija del ahora veterano médico de campaña que fuera amigo de su padre, y que lo había invitado con tanta insistencia a su casa de Fontana, a unos veinte kilómetros de Resistencia”.

Comentario: La culpa de todo el arrebato que viene a continuación se la echa el protagonista a la «Luna caliente». Aquí se inicia esta trepidante novela negra argentina del período de la dictadura y de la posdictadura.

Los ecos camusianos están muy presentes en Luna caliente, donde se le adjudica a la luna un papel similar al que tiene el sol en la obra del autor francés. Para decirlo rápidamente, esta luna chaqueña, cuya aparición en la novela es tan recurrente como el sol en El extranjero, vendría a ser la causa (aunque sea solo la causa inmediata y visible) de los impulsos asesinos de los personajes.

Ramiro Bermúdez se nos presenta, en principio, como un personaje normal. Un tipo como muchos, con una vida tranquila y un pasar económico que le permite vivir sin sobresaltos. Sin embargo, hay algo que falta en su interior, un fuego o una chispa que lo motive, que lo haga seguir adelante y lo despierte de su letargo. Araceli parece cumplir con todos esos requisitos. Personaje insaciable, y a pesar de que el primer encuentro entre ambos constituye una violación, la niña se sumerge con Bermúdez en una dinámica de obsesión y extraña complicidad. La historia, con toda su sordidez, resulta absorbente y arrastra al lector a una espiral de emociones encontradas, que van desde el rechazo absoluto hasta la perturbadora necesidad de seguir leyendo.

La novela se sitúa a medio camino entre Lolita y los clásicos de la novela criminal de James M. Cain (como El cartero siempre llama dos veces o Pacto de sangre, esta última base del guion de la célebre película Perdición). Como bien señala la crítica:

«Sin caer en efectismos ni trucos de folletín, el autor logra mantener la tensión durante toda la narración. En permanente encrucijada, el lector se divide entre la duda de no saber la verdad y la angustia que le transmite el personaje principal, que se debate entre el sentimiento de culpa, el miedo al castigo y la atracción turbadora por la joven protagonista. Lejos de limitar el alcance de la obra al mantenimiento de la intriga, a la lúbrica relación entre los dos jóvenes amantes y a la poderosa y brutal capacidad de transformación del deseo, Giardinelli sitúa la trama en el opresivo y brutal ambiente de la dictadura militar argentina de 1977 y le da así nuevos matices y trasfondos. Esta mirada crítica se efectúa a través de la aparición en la novela de personajes de las fuerzas de seguridad de la época que, encargados de imponer miedo y de hacer de cada individuo un sospechoso en potencia, ejemplifican a la perfección el ambiente hostil y temeroso que imponen todas las dictaduras». 

Uno de los mayores aciertos de la obra es el uso de un lenguaje seco y directo, desprovisto de adornos innecesarios. Esa prosa cortante acompaña muy bien la violencia psicológica y sexual del relato. Aquí no hay concesiones morales fáciles: Giardinelli no explica ni justifica, simplemente expone, y ahí radica la tremenda potencia de su literatura. Aunque el tema que trata es sumamente escabroso, la maestría de su pulso criminal convierte su lectura en una experiencia fascinante.

BIBLIOGRAFÍA

Maud Gaultier, De Luna caliente a Cuestiones interiores, Cahiers d’études romanes, número 31, 2015, pp. 163-175.

Mempo Giardinelli, Luna caliente, Bruguera, Barcelona, 1986.

Patricio Rony Henríquez Lorca, La identidad del sujeto a través del erotismo en Luna Caliente de Mempo Giardinelli, Universidad de Chile, 2005.

Àlex Martín Escribá y Javier Sánchez Zapatero, Una mirada al neopolicial latinoamericano: Mempo Giardinelli, Leonardo Padura y Paco Ignacio Taibo II, Universidad de Grenoble III/ Universidad de Salamanca, Anales de Literatura Hispanoamericana 2007, vol. 36, 49-58.

Wilson Orozco, Deseo y muerte en Luna caliente de Mempo Giardinelli, Revista Philobiblion, Asociación de Jóvenes Hispanistas, marzo 2022.

Kristine Vanden Berghe, El miedo a los estereotipos en Qué solos se quedan los muertos, de Mempo Giardinelli, Revista México interdisciplinario, XXI. Narrativa Criminal En(tre)México y la Argentina 2022/1, año 11, n° 21, 125 pp.

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