(L58) Carta a D. Historia de un amor (2006)

André Gorz, Carta a D. Historia de un amor (2006)

Ya pasados los ochenta, André Gorz (1923-2007) publicó el libro que echa los cimientos de su incipiente leyenda, su Lettre à D. Histoire d’un amour (2006). Más allá de las teorías (Gorz fue un teórico de la ecología política, fundador del Nouvel Observateur), caídos todos los velos, perdidas todas las esperanzas, Gorz escribe a la mujer de su vida una carta de amor: ambos están enfermos, ambos se descubren al margen de todas las patrias, ambos han vivido solos, desde niños, ambos dicen amarse, a los ochenta años, con la intacta pasión de cuando se conocieron, en París, sesenta años atrás, en un baile de la plaza de Saint-Sulpice, la noche de un 14 de julio.

El libro tiene un arranque espectacular: “Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. De nuevo siento en mi pecho un vacío devorador que sólo colma el calor de tu cuerpo abrazado al mío”. Prosigue con certeros análisis de lo que es para él la construcción de una pareja, las intuiciones y los afectos, la fragilidad superada, estar en otro mundo. Le aterra sobrevivir a la muerte del otro: “A veces, en la noche, veo la silueta de un hombre caminando detrás de una carroza a lo largo de un camino desierto y un paisaje desierto. Yo soy ese hombre. No quiero asistir a tu cremación, no quiero recibir tus cenizas en un recipiente".

Siguen ochenta y tantas páginas de amor y esperanza, teñidas de melancolía, ante la contemplación de dos niños, dos jóvenes, un hombre y una mujer que siempre habían vivido condenados al destierro. Ella era una inglesa que hizo su vida en París. Él era un judío austriaco que consagró su vida a soñar un mundo nuevo que solo terminó encontrando en el cuerpo de la mujer que amó, Dorine.

A lo largo de su Carta a D., André Gorz pasa revista a su vida en común. Y advierte que fueron una pareja de solitarios, apátridas, sin tierra, sin familia. Y en esa tierra de nadie del amor fiel, André y Dorine terminan por encontrar la patria inmaterial de un amor que va más allá de la muerte. André y Dorine discuten, cuenta él, la posibilidad de suicidarse. Están solos. Y la muerte, escribía André Gorz, sería para ellos una nueva tierra prometida, donde continuarían amándose, tema central en la gran literatura áurea castellana. La carta con la que nace la leyenda de André Gorz y Dorine es el tema central de la Égloga tercera de Garcilaso.

Ciceron: Amare nihil est aliud, nisi cum ipsum dilígere, quem ames, nulla indigentia, nulla utilitate quaesita (Amar no es otra cosa sino querer a aquel mismo a quien amas, sin buscar interés alguno ni utilidad).

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