(L661) Cometierra (2019)

Dolores Reyes, Cometierra (2019)

Os traigo a una nueva escritora argentina. Se trata de Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978). A raíz de una entrevista que leí en un periódico me interesé por la persona, su “fascinante”, atribulada y difícil vida, por lo que decidí comprar y leer su primer libro.

Argumento: Empieza la novela con la muerte de mamá. “Verla en silencio caer en un agujero abierto en el cementerio, al fondo, donde están las tumbas de los pobres. Ni lápidas, ni bronce. Antes del cañaveral, una boca seca que se la traga. La tierra, abierta como un corte. Y yo tratando de frenarla, haciendo fuerza con mis brazos, con este cuerpo que no alcanza siquiera a cubrir el ancho del pozo. Mamá cae igual.

Mi fuerza, poca, no cambia nada.

La tierra la envuelve como los golpes del viejo y yo pegada al suelo, cerca como siempre de ese cuerpo que se me llevan como en un robo.

Mientras, las voces rezan.

¿Para qué? Si al final, removida, solo está la tierra.

Nunca más mamá y yo. (...)

Cierro los ojos para apoyar las manos sobre la tierra que acaba de taparte, mamá, y se me hace de noche. Cierro los puños, atrapo y la llevo a la boca. La fuerza de la tierra que te devora es oscura y tiene el gusto del tronco de un árbol. Me gusta, me muestra, me hace ver. (...) Mamá, vas al agujero en una tela que es casi un trapo. ¿Quién va a hablarme ahora? Sin vos no soy nada, no quiero ser. ¿La tierra va a hablarme? Si ya me habló.”

La protagonista vive con su tía y con su hermano el Walter. El padre no sabe por dónde anda pero ella sabe que está vivo. “Mi hermano volvió a acercarse y me agarró de la mano. Me llevó al baño, me lavó las piernas con una esponja, dejó la canilla abierta. Mientras me limpiaba los brazos y las manos, el Walter me hizo prometerle que nunca más iba a comer tierra.

Cuando prometí, mi hermano me acarició la cabeza. No sabía si él estaba más alto o si era que yo así, con su mano encima, me volvía más chica.

‒ Ahora lavate los dientes ‒dijo y me dejó sola en el baño.

Yo me miré en el espejo y sonreí: tenía los dientes manchados de barro. Me acordé de papá fumando sus puchos, del olor y la oscuridad en su boca, y pensé que ellos querían olvidarlo y que por ahí era lo mejor. Volví a abrir la canilla, metí el cepillo abajo del agua, puse un poco de pasta, mojé todo y empecé a cepillarme”.

Cuando desaparece su maestra, Ana, a la que ella quería mucho vuelve a comer tierra para saber su paradero. “Era la seño Ana, la cara así, como me la acordaba yo, pero no como cuando estaba en la escuela. Yo la había dibujado como la tierra me la mostró: desnuda, con las piernas abiertas y un poco dobladas para los costados, que hacían parecer su cuerpo más chico, como si fuera una ranita. Y las manos atrás, atadas contra uno de los postes del galpón donde unas letras pintadas decían «CORRALÓN PANDA».

‒ ¿En qué mierda pensabas para comer tierra adelante de toda la escuela? ‒ me dijo después mi tía en casa, antes de darme un sopapo.

Cuando al día siguiente encontraron el cuerpo de la seño Ana en el terreno del Corralón Panda, la tía se fue. Ni el Walter ni yo supimos nunca nada más de ella”.

Un día llega a su casa una mujer bien vestida que le dice que necesita ayuda. Se ha enterado que ella “adivina”.

Comentario: primera novela de esta escritora argentina donde se mezcla lo fantástico con la cruda realidad de la sociedad argentina sumida en una crisis inacabable. La protagonista posee poderes adivinatorios, es capaz de ver, a través de la tierra que come, donde están los seres desaparecidos, si están vivos o muertos. Si la tierra los acoge o no.

El vocabulario porteño es de lo más sugerente: arvejas (fruto en vaina comestible), laburo (trabajo), mina (mujer joven, novia), chetos (nuestros pijos), pibe (muchacho joven), puchos (colilla de cigarrillo), se copó (se entusiasmó), canillas (palanca del grifo), heladera (nevera), yuyos (malas hierbas), plaguear (quejarse de la propia suerte), chaboncito (de chabón, tipo), cana (policía), quilombo (situación problemática), celu (celular), el yuta (policía, vehículo policial), remera (camiseta), fierro (arma de fuego), bancar (pagar los gastos de una salida), ratis (agente de policía), chapalear (perder parcialmente la razón), velorio (velatorio), boliche (establecimiento de poca monta), chongo (gay atractivo), bardear (insultar a alguien), escabio (consumo bebidas alcohólicas), esténcil (papel especial para dibujos), bondi (autobús), etc.

Llegué a esta autora por una entrevista en el diario El País que os adjunto. Allí explica que tuvo siete hijos de los que seis viven con ella, que arrancaba horas a la madrugada para escribir y presenta una segunda novela titulada Miseria (2023) que es una continuación de la primera, pues se repiten algunos personajes.

Hay en la novela una poética de la desolación, Vemos como una sociedad, la argentina,  es incapaz de dar un futuro más o menos digno a los pibes condenándolos a la mendicidad, a la prostitución o a la marginalidad. Parece increíble como un país que en 1918 producía lo mismo que los Estados Unidos, que tuvo tres premios Nobel de Medicina, que rinde cosechas que pueden alimentar a trescientos millones de personas, pueda acabar así. Así que nosotros deberíamos estar muy atentos para que no nos pase.

BIBLIOGRAFÍA

ASALE, Diccionario de Americanismos, Asociación de Academias de la Lengua Española, 2010.

Dalia Ber, Dolores Reyes: "Muchas adolescentes se animan a contarme sobre sus madres víctimas de femicidio", Clarín, 21/04/2023.

Dolores Reyes, Cometierra, Editorial Sigilo, Buenos Aires, 2022 (5ª edición).

Federico Rivas Molina, Dolores Reyes, la escritora que triunfa desde los suburbios dando voz a las mujeres asesinadas, El País, 29/04/2023.

Julia Santibáñez, #Videoentrevista Nosotras hablamos: Dolores Reyes, Este País, México, 29/03/2021.

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