(L770) La Odisea (s. VIII a.C. – 750-700 a.C.)
Homero, La Odisea (s. VIII a.C. – 750-700 a.C.)
La grosera adaptación de
Christopher Nolan de la Odisea, al
modo americano, me ha puesto furioso. Por dos razones, primera: tergiversa
totalmente el libro, con Circe se queda un año, en cambio en la película se lo
ventila en una tarde. Elimina el episodio de Nausícaa. En la parte
cinematográfica la Grecia que aparece es una Grecia medieval, oscura, gris,
nada que ver con la luminosidad del mediterráneo. Además cambia la
idiosincrasia de los personajes: Odiseo no es un hombre atormentado por la
guerra, está orgulloso de haber ido a la guerra de Troya y haberla ganado.
Cuando está con Calipso, 7 años, no se queda porque haya perdido la memoria,
siempre desea volver a casa. En fin que la película está llena de
despropósitos.
Todo lo anterior tiene algo bueno, me ha
llevado a releer y traeros el comentario de la fantástica historia de Homero (s. VIII a. C.),
que, como todos sabemos, sentó las bases de la cultura de Europa. En ella están
nuestros orígenes, las grandes epopeyas, los viajes y los mitos fundacionales
que nos han llevado a “ser lo que somos”. ¿Qué más se puede pedir?
Y ahora viene la
dificultad a la hora de elegir qué
traducción leemos. Demos un repaso a las existentes en castellano y
catalán. Esta selección no pretende ser exhaustiva.
La traducción de Luis Segalà y Estalella para Espasa-Calpe
(1910) fue la primera traducción directa del griego original al castellano realizada
en España con rigor científico moderno. Además la Edición de Antonio López Eire
con su introducción y notas contextualizan los aspectos filológicos,
mitológicos e históricos, convirtiéndola en una edición formidable para
consultar y estudiar. Es una versión en prosa muy fiel al texto griego,
rigurosa y de tono noble. También es la traducción preferida de Don Emilio
Lledó. (Es la que voy a seguir consultando además algunos pasajes de la de
Gredos y Proa en catalán).
Seguimos con la de José Manuel Pabón para Gredos (1982). Utiliza
una prosa rítmica que recrea con precisión la cadencia del hexámetro griego
original, pero a mi entender no es lo suficientemente clara o mejor dicho le
falta fluidez. Prefiero las ediciones en prosa.
La de Carlos García Gual para Alianza Editorial
(2004). Versión en prosa clara,
fluida y con rigor histórico. Le encuentro a faltar un mínimo aparato crítico
de notas que ayude al lector. En esto veo que fallan los libros de Alianza. Sin
embargo la creo adecuada para los lectores que se acerquen por primera vez a la
obra.
Una de las más recientes
es la realizada por Mariano Valverde Sánchez –suya es la introducción y edición
crítica– y José García López por el CSIC y publicada por la Fundación Pastor
para los Estudios Clásicos (2022). Edición bilingüe.
Y por último, recién
salida este verano de 2026, tenemos la traducción, con texto bilingüe y en
verso, de Juan Manuel Rodríguez Tobal para la editorial Hiperión, que no he
tenido tiempo de revisar en profundidad pero por lo poco que he leído me ha
parecido un poco farragosa.
Ahora vamos a las
traducciones al catalán. Está la de Carles
Riba publicada por la Fundació Bernat Metge (1919). Riba adaptó el
hexámetro griego a la métrica catalana con una maestría poética colosal. Hizo
una versión definitiva en 1953 que es la que se utiliza. Su lectura exige
cierta atención por la densidad y elevación de su lenguaje, es una obra maestra
en sí misma. Aunque a mi entender es algo arcaizante y de tal complejidad que
su lectura lastra el placer de seguir y vivir las aventuras de Odiseo.
Joan Alberich i Mariné
para La Magrana / RBA (1988): Una traducción en prosa directa, pensada para la
máxima transparencia narrativa y comprensión del texto.
Por último la de Joan Francesc Mira (València, 1939) para
Proa (2011): Logra la proeza de hacer que la poesía homérica suene natural,
viva y deslumbrante en catalán moderno. Más actualizada y para mí la preferida
para los lectores catalanes.
SINOPSIS
Bloque 1: La Telemaquía (Cantos I al IV) La
narración arranca en Ítaca, donde la ausencia de Odiseo durante veinte años ha
sumido al palacio en el caos. Decenas de soberbios pretendientes devoran los
bienes del héroe mientras presionan a su esposa, Penélope, para que elija nuevo
esposo. La diosa Atenea, valedora de Odiseo, interviene ante el concilio divino
e incita a Telémaco, joven e inexperto hijo de Odiseo, a asumir el liderazgo de
su hogar. Disfrazada del viejo Méntor, la diosa aconseja al joven convocar una
asamblea e iniciar un viaje en busca de noticias sobre su padre. Telémaco
navega primero hacia Pilos, donde el anciano rey Néstor le ofrece noticias del
regreso de otros héroes de Troya, y luego hacia Esparta. Allí, el rey Menelao y
Helena le confirman que Odiseo sigue vivo, aunque retenido contra su voluntad
en una lejana isla por la ninfa Calipso. Mientras tanto, en Ítaca, los
pretendientes descubren el viaje de Telémaco y preparan una emboscada en el mar
para asesinarlo a su regreso.
Bloque 2: La partida de Ogigia y la llegada a Esqueri
(Cantos V al VIII) Por orden de Zeus, transmitida a través del mensajero
Hermes, la ninfa Calipso se ve obligada a liberar a Odiseo tras tenerlo
retenido siete años en la isla de Ogigia. Odiseo construye una balsa y parte
hacia el mar, pero el dios Poseidón, furioso por el cegamiento de su hijo
Polifemo, desencadena una violenta tempestad que destruye su embarcación. Tras
pasar dos días a la deriva, Odiseo alcanza agotado las costas de Esqueria, la
próspera tierra de los feacios. Allí es auxiliado por la joven princesa Nausícaa,
quien lo conduce hasta el palacio de sus padres, los reyes Alcínoo y Arete. Los
feacios ofrecen hospitalidad al forastero sin conocer aún su identidad. Durante
un banquete en su honor, el rapsoda Demódoco canta los pasajes de la guerra de
Troya y las estratagemas de la toma de la ciudad. Odiseo, conmovido hasta las
lágrimas por los recuerdos, decide revelar su nombre y comenzar el relato de
sus desventuras.
Bloque 3: El relato de los viajes y prodigios
(Cantos IX al XII) Odiseo narra su periplo tras partir de Troya. Tras
enfrentarse a los cícones y visitar la tierra de los lotófagos, desembarcó en
la isla del Cíclope Polifemo. Tras ser atrapados en su cueva, Odiseo emborrachó
al gigante, lo cegó con una estaca ardiente y escapó con sus hombres bajo los
vientres de las ovejas, ganándose la ira eterna de Poseidón. Más tarde, el dios
Eolo le otorgó un odre con los vientos adversos, pero sus marineros lo abrieron
por codicia cerca de Ítaca, provocando una tempestad que los alejó. Tras perder
la mayor parte de su flota a manos de los gigantes lestrigones, arribaron a la
isla de Eea, residencia de la hechicera Circe, quien transformó a la
tripulación en cerdos antes de ser sometida por Odiseo. Circe aconsejó a Odiseo
descender al Hades para consultar al adivino Tiresias sobre el retorno. En la
tierra de los muertos, Odiseo habló con las sombras de su madre, de Agamenón y
de sus compañeros caídos. Reemprendida la navegación, el héroe logró escuchar
el melódico y letal canto de las sirenas atándose al mástil de su embarcación
mientras la tripulación remaba con las orejas tapadas con cera. Posteriormente
esquivaron a los monstruos marinos Escila y Caribdis. Sin embargo, en la isla
de Trinacria, los hombres desobedecieron las advertencias y sacrificaron las
vacas sagradas del dios Helios. Zeus castigó la impiedad con un rayo que hizo
naufragar la última nave, muriendo todos los marineros salvo Odiseo, quien
llegó exhausto a Ogigia.
Bloque 4: El regreso en secreto a Ítaca (Cantos
XIII al XVI) Conmovidos por la historia, los feacios entregan a Odiseo valiosos
regalos y lo transportan dormido hasta las playas de Ítaca. Para protegerlo de
los pretendientes que ocupan su palacio, la diosa Atenea transforma su aspecto
en el de un anciano y harapiento mendigo. Odiseo acude a la cabaña de Eumeo, el
fiel porquerizo real, quien lo acoge con hospitalidad a pesar de no reconocer a
su señor. Simultáneamente, Atenea guía de vuelta a Telémaco desde Esparta,
esquivando la celada de los pretendientes. El joven príncipe se dirige
directamente a la cabaña de Eumeo. Tras enviar al porquerizo al palacio a
informar a Penélope, Odiseo recupera temporalmente su apariencia divina por
mediación de la diosa y se revela ante Telémaco. Entre lágrimas, padre e hijo
se abrazan y trazan en secreto un plan meticuloso para ejecutar el castigo de
los pretendientes.
Bloque 5: El mendigo en su propio palacio (Cantos
XVII al XX) Odiseo regresa al palacio bajo la apariencia de mendigo para
evaluar la lealtad de su servidumbre y la insolencia de los pretendientes. En
la entrada, su anciano perro Argos lo reconoce y muere tras ver a su amo.
Dentro del salón, Odiseo soporta constantes humillaciones y burlas por parte
del noble Antínoo y es forzado a combatir contra el mendigo Iro. Penélope conversa
con el recién llegado sin saber quién es verdaderamente; Odiseo le asegura con
falsas profecías que su esposo regresará pronto. La anciana nodriza Euriclea
descubre la identidad real de Odiseo al lavar sus pies y reconocer una cicatriz
de juventud causada por un jabalí, pero guarda el secreto bajo juramento. La
reina, aconsejada en sueños, anuncia que al día siguiente celebrará una prueba
definitiva entre los pretendientes para entregar su mano.
Bloque 6: El certamen del arco y la venganza
(Cantos XXI al XXIV) Penélope saca el arco de Odiseo: quien logre armarlo y
disparar una flecha a través de los ojos de doce hachas alineadas se casará con
ella. Todos los pretendientes fracasan en tensar la cuerda. El mendigo solicita
su turno y, ante las protestas de los nobles, logra armar el arco con facilidad
y superar la prueba. Odiseo se despoja de sus harapos, bloquea las salidas con
ayuda de Telémaco, Eumeo y el boyero Filetio, y da muerte a Antínoo. Se desata
una sanguinaria batalla donde Odiseo y sus aliados masacran a la totalidad de
los pretendientes y castigan a las criadas traidoras. Tras la victoria,
Penélope confirma la identidad de su esposo al exigirle revelar el secreto
inamovible de la construcción de su lecho nupcial. Finalmente, Odiseo visita a
su anciano padre Laertes y Atenea interviene para restablecer la paz en Ítaca.
Comentario: Al
igual que la Ilíada, la Odisea (ambos poemas constan de 24
cantos o rapsodias) arranca in media res, cuando ya hay jaleo y han pasado
cosas. (En su Ars poetica, Horacio
explica que un buen escritor no empieza una historia por el principio de los
tiempos, sino in media res, lo que le da un dinamismo y una acción que
consiguen que el lector se interese de inmediato por la historia).
La Odisea de Homero no es solo uno de los cimientos sobre los que se
erige la literatura universal; es, en un sentido muy real, el primer gran mapa
de la identidad y la experiencia cultural europea. Si la Ilíada fijó la tragedia del honor militar y la mortalidad, la Odisea inauguró la narrativa de la
experiencia humana moderna: la curiosidad por el mundo, la lucha contra la
adversidad y el deseo irrenunciable de volver al hogar.
En gran medida, el poema
bebe de los esquemas estructurales del cuento popular tradicional. Como sucede
en las narraciones folclóricas, la Odisea requiere un happy end o final feliz, que aquí cristaliza en la anagnórisis: el
emotivo reencuentro y abrazo mutuo de los cónyuges al reconocerse tras veinte
años de separación. Responde también a la lógica del cuento popular la dinámica
de los auxiliares y opositores divinos: una divinidad protectora (Atenea) ayuda
al héroe en cada trance, mientras que otra (Poseidón) le persigue con tenaz
ensañamiento. Asimismo, estos miedos y relatos populares son en parte
responsables de una nueva concepción teológica y moral: la idea de que el ser
humano es responsable de su propio destino y de que los dioses actúan como
seres justos que premian las esforzadas y virtuosas acciones de los hombres
mientras castigan sus injusticias y desmanes.
En el corazón del poema
se encuentra Odiseo (Ulises), un héroe radicalmente distinto a sus predecesores
trágicos como Aquiles. Odiseo no triunfa por la fuerza bruta, sino por la mêtis (la astucia, la inteligencia
práctica y la flexibilidad mental). Este cambio de paradigma modeló el ideal
europeo del ser humano: el individuo que utiliza el ingenio, el lenguaje y la
paciencia para sobrevivir y dominar un entorno hostil.
A la riqueza narrativa de
Homero se suma el uso magistral del verso épico, donde cada personaje de la
Odisea posee su propio epíteto (mote) tradicional: Atenea es la deidad de los
ojos de lechuza; Zeus, el que amontona las nubes; Telémaco, el deiforme y
prudente; Penélope, la divina entre las mujeres y también la prudente;
Euriclea, la de castos pensamientos; Aurora, la de rosáceos dedos; Néstor, el
domador de caballos y caballero gerenio; Hermes, el mensajero; Menelao, el
valiente en la pelea; Helena, la de hermosas mejillas; Leucotea, la de hermosos
tobillos; Nausícaa, la de los níveos brazos; Calipso, la de los hermosos
cabellos; Circe, la de lindas trenzas; y Apolo, el que hiere de lejos. Odiseo,
por su parte, es indiscutiblemente el ingenioso y fecundo en ardides.
En sus viajes por un
Mediterráneo plagado de monstruos y prodigios, la Odisea articula el choque entre la civilización y la barbarie de
los pueblos indómitos como los cíclopes. El límite entre ambos mundos lo marca
la actitud ante la xenía (ξενία), la
sagrada ley de la hospitalidad, que constituye uno de los pilares fundamentales
no solo del poema, sino de toda la civilización griega antigua. En una época
donde viajar era peligroso y conseguir sustento no resultaba tarea fácil, la
hospitalidad garantizaba la supervivencia misma. Nadie se iba de vacío sin
comer o dormir (como se aprecia en los cantos I, IV, VI, VII o XIV cuando se
pronuncia el ritual «Sígueme a fin de que
te ofrezca los dones de la hospitalidad»). El protocolo seguía una rigurosa
secuencia sagrada: acogida inmediata y protección sin preguntas previa; el baño
y el alimento para saciar el cuerpo; el diálogo posterior («¿Quién eres y de qué país procedes? ¿Dónde se hallan tu ciudad y tus
padres?»); y, por último, los dones de hospitalidad, asegurando que ningún
huésped abandonara la casa con las manos vacías.
Asimismo, el concepto del
nóstos (el viaje de regreso) consagró
una de las metáforas existenciales más profundas del pensamiento occidental. El
viaje de Odiseo es la vida misma: un tránsito repleto de tentaciones que
amenazan con el olvido —como los lotófagos o el canto de las sirenas— donde el
verdadero desafío es preservar la memoria y la propia identidad. La imagen de
Ítaca dejó de ser un simple accidente geográfico para convertirse en el símbolo
universal de la meta ansiada, del refugio y de la reconciliación con uno mismo.
En el canto I, Telémaco
se entrega al sueño cobijado bajo la calidez de un vellón de oveja: esa humilde
zalea o pelliza donde la piel y la lana conservan un calor antiguo. Evoco este
pasaje porque en las noches heladas de mi infancia, cuando el frío se adueñaba
de las casas sin calefacción, a mí también me veló el abrigo suave de una piel
de oveja, acortando y uniendo las distancias entre el tiempo heroico de Homero
y la memoria de mis propios días.
La huella de la Odisea en
la tradición europea es enorme y atraviesa todos los siglos. Virgilio la tomó
como modelo directo para la segunda mitad de la Eneida;
Dante recreó a Ulises en la Divina Comedia como el arquetipo del ansia
insaciable de conocimiento; y el Romanticismo y la modernidad la
reinterpretaron sin pausa. En el siglo XX, James Joyce tomó su estructura para
componer el Ulises, la gran novela
moderna que demuestra cómo los mitos homéricos siguen latiendo bajo la
cotidianeidad de cualquier ciudad contemporánea. Del mismo modo, poetas como Cavafis
(Ítaca) inmortalizaron la idea de que
lo valioso no es solo el destino, sino la sabiduría acumulada a lo largo del
camino. ¡Qué precioso poema!
En definitiva, la Odisea dio a la cultura europea sus
estructuras narrativas primordiales, su fascinación por el mar y el viaje, y
una profunda reflexión sobre la condición humana. Es un poema seminal que acuñó
nuestra forma de contar historias y de entendernos a nosotros mismos en la
búsqueda de nuestro propio lugar en el mundo. Cada vez que vuelvo a sus páginas
me lleno de nostalgia. Ah, y mi versión cinematográfica preferida es la que
protagonizó Kirk Douglas allá por el año 1954, con Silvana Mangano en el doble
papel de Circe y Penélope. Hay una miniserie del año 1997 dirigida por Andréi
Konchalovski que tiene su gracia porque los actores parecen griegos antiguos con sus largas melenas rizadas y sus pobladas barbas.
BIBLIOGRAFÍA
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Revista Ethic, 14/08/2024.
Guillermo Altares, El
vómito de Polifemo, las esclavas asesinadas y el criado castrado: lo que nos
separa y lo que nos une a Homero, El País, 16/07/2026.
BBC News, El debate que genera
"La Odisea" de Nolan entre los historiadores y los amantes del cine
cuando se compara con la obra original, 21/07/2026.
Mario Camerini, La Odisea,
Italia-Francia-USA, Paramount Pictures, 1954. (100 m.)
Colaboradores de
Wikipedia. Odisea [en
línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2026 [fecha de consulta: 14 de agosto
del 2026]. Disponible en <https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Odisea&oldid=174846377>.
Juan José Gómez Cadenas, Leer
la Odisea en tiempos iletrados (1): El cine teme a Homero,
Revista JotDown, agosto 2026.
Juan José Gómez Cadenas, Leer
la Odisea en tiempos iletrados (2): Una osada odisea. Revista
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Juan José Gómez Cadenas, Leer
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Juan José Gómez Cadenas, Leer
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Homero, Odisea,
Espasa-Calpe, Madrid, 2004 (34ª edición). – [Trad. Segalà Estalella].
Homero, Odisea,
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Homero, L’Odissea, Editorial La Magrana,
Barcelona, 1988 [trad. de Joan Alberich i Mariné]
Homer, L’Odissea, Bernat Metge/Alpha,
Barcelona, 1993 (1ª ed.) – [Trad. Carles Riba].
Homer, Odissea, Proa, Barcelona, 2021 (4ª ed.) –
[Trad. de Joan F. Mira].
Óscar Martínez, En busca de Homero, El País, 23/01/2018.


Meravellós comentari Tomàs; em sembla que també la relegiré. La nova versió no la calificaria de grollera sinó una visió propia del segle XXI, evidentment molt hollywoodiense.
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