(L690 La llamada (2024)

Leila Guerriero, La llamada (2024)

Esta novela fue la última sensación de la literatura argentina del año 2024. Leila Guerriero (Junín, 1967) nos cuenta, al estilo de Svetlana Aleksiévich en Voces de Chernóbil (1997), pero con una “gracia literaria” diferente, menos pasional, la vida de Silvia Labayrú en los años convulsos de la dictadura militar argentina y su pasó como víctima por la tristemente famosa Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Argumento: «El secuestro de Silvia Labayrú. La llegada a la ESMA y el parto en cautiverio. Tenía un error, y era el acento: su apellido es Labayru, no Labayrú. Pero el día en que leí la nota ‒edición en papel‒, era domingo yo no sabía quién era esa mujer, ni estaba interesada en la ortografía de un texto en el que ella empezaba diciendo: «El 29 de diciembre de 1976, con 20 años, embarazada de cinco meses, me llevaron [...] a la ESMA al sótano, donde torturaban en una salita [...], en un lugar famoso que llamaban "La avenida de la felicidad". Ahí fui interrogada, torturada durante un tiempo. [...] me tuvieron catorce días [escuchando] día y noche sin parar los alaridos de los compañeros que pasaban por las otras salas de tortura». La periodista aclaraba que la evocación pertenecía a «Silvia Labayrú, ex integrante de Montoneros, sobreviviente de ese centro clandestino de detención», la ESMA, donde había permanecido secuestrada un año y medio”.

(La ESMA es la Escuela de Mecánica de la Armada, un sitio de instrucción militar donde, desde el golpe de Estado que se produjo el 24 de marzo de 1976 en la Argentina, funcionó un centro clandestino de detención, el más grande de los casi setecientos que hubo en el país. Entre 1976 y 1983, cuando la dictadura terminó, fueron secuestradas, torturadas y asesinadas allí, por los llamados Grupos de Tareas, unas cinco mil personas. Sobrevivieron menos de doscientas. El número total de desaparecidos durante la dictadura es de treinta mil.)

“El artículo de Página/12 estaba enfocado en el hecho de que ella, junto con Mabel Lucrecia Luisa Zanta y María Rosa Paredes, había sido denunciante en el primer juicio por crímenes de violencia sexual cometidos en ese centro clandestino. La denuncia se había hecho en 2014. El juicio había comenzado en octubre de 2020 y se esperaba sentencia para agosto de 2021, cinco meses después de publicada la nota. Aunque Labayru había dado su testimonio acerca de lo acontecido ante la ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en 1979, ante la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) en 1984, y en diversos juicios contra represores de la ESMA, y de esos testimonios podía desprenderse que había pasado por algún tipo de abuso, nunca había dado detalles ni se los habían pedido porque, hasta 2010, la violencia sexual formaba parte del rubro «torturas y tormentos», un combo inespecífico en el que se incluían la picana eléctrica, el submarino seco, el simulacro de fusilamiento, los golpes. Recién ese año la violación se transformó en un delito autónomo: algo que podía juzgarse per se. Una década más tarde, Labayru y las otras dos mujeres ‒a quienes no conoce‒ testimoniaron en ese juicio.

Ella acusaba a dos miembros de la Armada: Alberto Eduardo «Gato» González, como su violador, y Jorge Eduardo «el Tigre» Acosta, al frente del centro clandestino en aquellos años, como el instigador de esas violaciones. Ambos tenían ya varias condenas a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad”.

“El libro de Claudia Feld y Marina Franco (ESMA. Represión y poder en el centro clandestino de detención más emblemático de la última dictadura argentina, Fondo de Cultura Económica, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2022) consigna algunas particularidades de este centro clandestino: se encontraba en el corazón de Buenos Aires, a metros de la cancha de River, en un barrio residencial de mucho movimiento; estaba bajo el poder directo del almirante Massera, uno de los tres miembros de la Junta Militar que había tomado el poder; se mantuvo activo, a diferencia de los demás, durante toda la dictadura; se realizaba allí una producción permanente de documentos falsos, informes políticos o notas de prensa que se obligaba a confeccionar a los secuestrados; fue el epicentro de casos que tuvieron repercusión internacional, como el secuestro de dos monjas francesas, de tres Madres de Plaza de Mayo y ‒por equivocación en el operativo: buscaban a una persona parecida‒ el asesinato de la adolescente sueca Dagmar Hagelin; no hubo otro centro clandestino donde se implementara el proceso de recuperación (concebido por Acosta); nacieron más de treinta bebés que, en su mayoría, fueron separados de sus madres y entregados a represores que los criaron como hijos propios”.

“En este, un resumen sin espesor diría: años setenta, el presidente Juan Domingo Perón ha muerto el 1 de julio de 1974 y su esposa, María Estela Martínez de Perón (Isabel), hasta entonces vicepresidenta, gobierna el país. Hay una banda parapolicial de extrema derecha, la Alianza Anticomunista Argentina —la Triple A—, que secuestra y mata a decenas de personas. Hay varios grupos de guerrilla armada, principalmente Montoneros y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), en plena actividad. Desde 1975, Montoneros implementa el uso obligatorio de una cápsula de cianuro para los oficiales superiores con el fin de impedir que sean capturados vivos y, así, evitar delaciones durante la tortura. Después se dispone la utilización de las cápsulas para todos los miembros de la organización. Se distribuyen en dos modalidades: cianuro en polvo y ampolletas de vidrio con cianuro líquido, más eficaces puesto que el vidrio, al ser mordido, lastima la boca y facilita el ingreso del veneno al organismo.

El 24 de marzo de 1976 se produce el golpe de Estado que instaura una dictadura militar hasta 1983. La Junta en el poder, durante los primeros años, está integrada por el general Jorge Rafael Videla (Ejército), el almirante Emilio Eduardo Massera (Marina) y el brigadier Orlando Ramón Agosti (Aeronáutica).

Entre otros hechos: el 18 de junio de 1976 los montoneros colocan una bomba debajo de la cama del jefe de la Policía Federal, Cesáreo Ángel Cardozo, y lo matan; el 2 de julio de 1976, una bomba mata a veintitrés personas en el comedor de la ex-Superintendencia de Seguridad Federal; el 12 de septiembre, un coche bomba destruye un ómnibus policial en la ciudad de Rosario y mueren once personas; el 16 de octubre otra bomba hiere a sesenta en el Círculo Militar.

La represión por parte del Estado es monstruosa: toda su maquinaria puesta al servicio de la aniquilación. En centenares de centros clandestinos, los militares mantienen secuestrados y torturan a miles de militantes de izquierda. Matan y hacen desaparecer a la mayoría”.

Comentario: muy buena la investigación y el aproximamiento llevado a cabo por Lelia Guerreiro sobre la controvertida figura de Silvia Labayru. No solamente indaga sobre ella, sino sobre toda una época y una clase social en la Argentina de la dictadura militar y la represión. Durante casi dos años la entrevista, conversa con ella y con las personas que la rodearon, su esposo y padre de Vera (Alberto Lenni), su segunda pareja (Osvaldo Natucci, alias “el Negro”), su tercera pareja y padre de su hijo David (Jesús Miranda), su pareja actual (Hugo Dvoskin), y varios amigos del colegio de los que algunos compartieron con ella cautiverio en la ESMA. Sabemos del vacío que le hicieron cuando salió libre, la vigilancia a distancia de los militares para que no hablara.

Su participación, aunque fuera de forma pasiva, ‒acompañaba a Astiz en su infiltración en los grupos de las madres de la Plaza de Mayo que acabó con el secuestro de tres madres, dos monjas francesas, dos familiares de desaparecidos y cinco activistas de derechos humanos (8 al 10 de diciembre de 1977) ‒, le granjeó el odio y la enemistad de buena parte de la resistencia cuando salió en libertad y se exilió a Madrid. Por ejemplo, Hebe de Bonafini, la presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo, echaba pestes de ella siempre que tenía ocasión.

¿Por qué se salvó Silvia Labayru? ¿Por qué no la mataron como a la mayoría? Solamente sobrevivieron doscientas personas a lo sumo. No fue solamente porque colaboró y fue sumisa (no olvidemos que fue torturada y violada repetidas veces). Tengo mi teoría, creo que fue por un motivo de clase. Hija de militar, rubia, joven, guapa, embarazada, de clase alta, con charme, culta (hablaba francés e inglés), inteligente, viva. Supo adaptarse al modelo que los militares tenían de una mujer de su clase. Los tenía fascinados. Era la chica con la que ellos hubieran soñado casarse.

BIBLIOGRAFIA

Luciana Bertoia, Quiénes son los seis represores de la ESMA que ya no tienen estado militar, Revista Página 12, 11/02/2025.

Almudena del Cabo, "¿De qué sirve violar a una persona para salvar a la patria?": la escritora Leila Guerriero habla de su último libro sobre una mujer que sobrevivió a la dictadura argentina, BBC News Mundo, 10/09/2024.

Claudia Feld y Marina Franco, ESMA. Represión y poder en el centro clandestino de detención más emblemático de la última dictadura argentina, Fondo de Cultura Económica, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2022.

Leila Guerriero, La llamada, Anagrama, Barcelona, 2024 (6ª edición).

Rodolfo Walsh, Operación Masacre, Libros del Asteroide, Barcelona, 2018 (3ª edición).

Comentarios

  1. Hola, Tomás: la escucho todas las semanas en el programa A vivir que son dos días, de la cadena SER. Me encantan sus reflexiones. Gracias por tu comentario. Lo leo.
    Un abrazo
    Adelaida

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

(L232) Anatomia de un instante (2009)

(L305) Bella del Señor (1968)

(L187) El jinete polaco (1991)