(L743) El periodista deportivo (1986)
Richard Ford, El periodista deportivo (1986)
Asistir a la
presentación del último libro de Richard Ford (Jackson, Misisipi, 1944)
en el CCCB de Barcelona el pasado 10 de junio de 2024 me animó a seguir leyendo
libros suyos. Este es el primer libro de una serie de cinco sobre el personaje
de Frank Bascombe. En el blog había comentado anteriormente Francamente, Frank (Let Me Be Frank With
You, 2014), cuatro novelas cortas sobre el personaje.
Argumento: el protagonista
se llama Frank Bascombe y es periodista deportivo. Tiene treinta y ocho años.
Dejó una prometedora carrera como escritor para hacerse periodista a los
veintiséis años. El libro nos cuenta todo esto en primera persona. Se casó con
X. El matrimonio tuvo tres hijos, uno de ellos, Ralph, murió del síndrome de
Reye. El matrimonio acabó divorciándose.
“No crean que el
divorcio le convierte a uno en un alegre mujeriego o le abre las puertas a una
vida exótica que nunca había imaginado. Ni mucho menos. Lo bueno dura poco. Es
algo que he descubierto en el Club de Divorciados de esta ciudad. Cuando nos
reunimos, no hablamos mucho de mujeres, y es un alivio estar solo entre
hombres. Y, tanto a mí como a mis camaradas, el divorcio nos ha llevado al
celibato y a la fidelidad total, aunque sin nadie a quien ser fiel o por quien
seguir siendo célibe. En definitiva una gran sensación de vacío. De todas
formas, todo el mundo tendría que vivir solo alguna vez en la vida”.
“Durante estos
doce años, mi vida no ha estado nada mal y en muchos aspectos ha estado muy
bien. Cuando más viejo me hago, más me asusta todo y más claro veo que te pueden
pasar, y de hecho te pasan, cosas malas. Pero la verdad es que no me preocupa
ni me quita el sueño. Todavía creo en la posibilidad de la pasión y la aventura
amorosa. Y no cambiaría muchas cosas, si es que cambiaba alguna. Preferiría no
estar divorciado y que mi hijo, Ralph Bascombe, no hubiera muerto, pero eso es
lo único”.
Sabemos que a la
muerte de su padre, Frank fue internado en un colegio militar. La academia naval
Gulfport. Posteriormente se alistó en el ejército, en los marines, pero una
enfermedad le impidió ser movilizado a la guerra del Vietnam, aunque fue
declarado veterano con una paga.
Frank tiene una
nueva novia, la enfermera Vicki Arcenault. A la muerte de su hijo trabajó de
profesor en un college de Massachusetts pero no le acabó de gustar y volvió a
New Jersey a escribir de deportes. Nos habla de cómo era su matrimonio.
“Supongo que
nuestra vida era como la de todo el mundo, como dijo el poeta. X era la típica
ama de casa con niños que leía, jugaba al golf y tenía amigos, mientras yo
escribía de deportes, iba de aquí para allá recogiendo historias, volvía a casa
a escribirlas y vagaba en la inopia durante días vestido con ropa vieja, y de
vez en cuando cogía el tren, iba a Nueva York y volvía. X se tomaba bastante
bien mi trabajo de periodista deportivo.
Le parecía bien, o
al menos eso decía, y se la veía contenta. Al principio creía que se había casado
con un joven Sherwood Anderson que triunfaría en el cine, pero no le molestó
que las cosas no fueran por ahí. A mí me molestó todavía menos, yo era feliz
como un pajarillo. Íbamos de vacaciones con nuestros tres hijos a Cape Cod (que
Ralph llamaba Cape God), a Searsport, Maine, a Yellowstone, y a los campos de
batalla de la guerra civil, Antietam y Bull Run. Pagábamos nuestras cuentas,
íbamos de compras y al cine, comprábamos coches y cámaras de fotos,
contratábamos pólizas de seguros, organizábamos cenas en el jardín, íbamos a
fiestas, nos apuntábamos a cursillos y nos amábamos dulce y cautelosamente,
como hacen los adultos. Yo contemplaba las puestas de sol por la ventana y
salía al jardín con una sensación de sosiego y plenitud. Limpiaba las canales
de desagüe del tejado, revisaba las tejas y las contraventanas, abonaba el
jardín regularmente, calculaba mi capital, me interesaba por mis vecinos y
hablaba con ellos. Era una vida normal, sin sobresaltos, como la de todo el
mundo”.
Describe la ciudad
donde vive, Haddam, fundada en 1795 cerca de New Jersey. Son curiosas sus
visitas a Mrs Miller, una extraña pitonisa de la que no sabe si es gitana,
judía o marroquí. “puedo asegurarles que no me da ninguna vergüenza ir allí.
Por cinco dólares, ella les conducirá a un dormitorio mal iluminado con
cortinas de brocado de plástico en las ventanas. (...) Cuando nos acomodamos,
ella me coge la mano y sigue las líneas con el dedo. A veces frunce las cejas,
como si mi palma revelase asuntos difíciles, adopta una expresión ora desconcertada,
ora aliviada, y al fin, me dice cosas esperanzadoras y consideradas que a
ningún otro desconocido se le ocurriría decirme. (...) “¿Dónde si no podría
conseguir esas predicciones del futuro tan inspiradas y prometedoras? ¿Adónde
puede dirigirse uno en un ventoso día de enero, acosado por mil demonios?
¿Dónde encontrar un extraño casi digno de confianza que te asegure que eres el
que crees ser y que las cosas no están tan mal después de todo?”.
Frank mantiene
buenas relaciones con su suegro Henry Dyskra, quien cree que el matrimonio
fracasó por la muerte de Ralph y que no pierde las esperanzas de que se vuelva
a casar con su hija, puesto que lo aprecia.
Decide llevarse un
fin de semana a Vicki a la ciudad de Detroit donde va a entrevistar a Herb, un
antiguo jugador de futbol americano que quedó invalido. Ni la entrevista ni el
fin de semana con Vicki saldrán como esperaba.
Comentario: Frank Bascombe es
el prototipo de la clase media/alta norteamericana. No tiene problemas de
dinero y vive en una zona residencial cercana a New Jersey. Pero sus problemas
son los de cualquier ser humano. Un divorcio, la muerte de un hijo, la soledad,
la dificultad de entablar relaciones con otros seres humanos.
Sus novelas son
muy americanas. Hay que entrar un poco en ese mundo que por otra parte nos
resulta ya familiar. Lo tenemos más que visto en el cine, la televisión y la
prensa. El modo de vida americano (American
Way of Life) nos llegó amplificado a través de los mass media y ya forma parte de nuestro imaginario colectivo.
Una de las cosas
que más me han llamado la atención es el tremendo optimismo que tiene Frank
Bascombe, a pesar de que le suceden cosas malas “como a todo el mundo”. El
sigue creyendo en la vida. Su optimismo entronca con esa supuesta inocencia norteamericana.
Me recuerda a la niña Pollyanna
(1913), personaje creado por Eleanor H. Porter. Siempre alegre y siempre
adelante frente a las adversidades. Lo que con el tiempo ha dado lugar al
llamado síndrome
o principio de Pollyanna.
“Yo quiero decir
sí a todo lo que pueda: sí a mi ciudad, sí a mi barrio, a mi vecino, a su
coche, a su césped y a su seto, a sus desagües. Que todo salga bien. Que todos
tengamos felices sueños hasta que todo se acabe”.
Bascombe describe
perfectamente esas zona residenciales (suburbio, -el término inglés no tiene un sentido peyorativo), él vive en una de ellas, y
lo que le gusta de estas zonas. “A la izquierda, Pheasant Run: una urbanización
de casa donde todas las calles son culs-de-sac,
y los nombres están pintados sobre carteles que imitan los cuadros de Andrew
Wyeth. En general vive gente joven, pero hay
coches de lujo aparcados en los caminos. Una vez, Vicki y yo vinimos aquí en
coche en plan turista y admiramos las casas de ladrillo viejo y tejados de
madera. Eran mucho más caras de lo que me había costado mi casa de tres pisos
hacía catorce años. (...) Pheasant Meadow se yergue en el extremo más bajo del
maizal abandonado, y es un complejo cuadrado y nada pintoresco de edificios
ordinarios de arenisca (...) están pensados para gente joven, gente que empieza
a abrirse camino en el mundo y a subir: secretarias, vendedores de coches y
enfermeras que algún día comparan de reventa las casas en Pheasant Run”.
Frank es un
vitalista asombroso y en cierto modo admirable para mí que soy, por momentos,
bastante pesimista: Dice: “hay que luchar por vivir la vida hasta sus últimas
consecuencias”. Para él la transcendencia de las cosas y las personas no
existe. “Si hay otra cosa que se pueda aprender del periodismo deportivo es que
en la vida no hay nada trascendental. Las cosas siempre vienen y se van, y eso
es la ley de vida. Todo lo demás es una mentira de la literatura y por eso
fracasé como profesor y por eso metí mi novela en el cajón y no volví a sacarla
de allí”.
Pero su aparente
simplicidad para tomarse la vida como viene no deja de tener sus momentos
oscuros “a veces me invade un terrible sentimiento de pérdida, tan intenso como
una depresión tropical”. No todo es optimismo. Frank se deja ir por la
pendiente de la vida sin hacerse demasiadas preguntas. Cree que no vale la pena
esforzarse “mi problema era que no tenía capacidad de “entrega” y sé muy bien
lo que quería decir”.
“Me gustaría saber
cómo he venido a parar aquí. (…) Quo vadis, en otras palabras. No es una
pregunta fácil y en este momento no tengo respuesta”.
En El
periodista deportivo, el verdadero protagonista es la vida que pasa. No hay
verdades absolutas ni certezas duraderas, solo instantes que se viven mientras
existen. Cuando Frank afirma:
“cuando le digo
«te quiero» a Vicki Arcenault, sólo estoy diciendo algo evidente. ¿A quién le
importa si la querré para siempre? ¿O ella a mí? Nada persiste. Ahora la quiero
y no me estoy engañando ni engañándola a ella. ¿Qué otra cosa debería sustentar
la verdad?”
Bascombe expresa
una ética del presente, despojada de promesas trascendentes. El amor, como la
vida misma, no necesita justificarse más allá del ahora. En esa aceptación de
lo provisional, honesta y sin ilusiones, se concentra buena parte de la verdad
humana que recorre la novela.
BIBLIOGRAFÍA
Richard Ford, El periodista deportivo, Anagrama,
Barcelona, 2016.
José Ángel Gayol, Richard
Ford: la vida que pasa, Revista Clarín,
01/01/2009.
Jordi Graupera, Richard
Ford: «De todas las cosas que he visto pasar en mis casi setenta y cinco años
de vida, el amor es lo único que perdura»,
Revista Jot Down, Octubre 2018.
Pablo Guimón, Profunda América.
Babelia, El País, 26/04/2008.
Juan Pablo
Zángara, Cómo
escaparse de uno mismo (acerca de El periodista deportivo, de Richard Ford),
Revista Question/Cuestión, Nro.67, Vol.2, diciembre 2020.

Comentarios
Publicar un comentario