(L742) Misery (1987)

Stephen King, Misery (1987)

Sigo trayéndoos las obras más famosas del “mago” del terror. Stephen King (Portland, Maine, 1947) riza el rizo en esta novela claustrofóbica y asfixiante, muy indicada para los amantes del género. Aunque yo no soy uno de ellos, reconozco que tiene talento para crearnos esa inquietud y, en ocasiones también miedo y desazón.

Argumento: Paul Sheldon está conmocionado y dolorido, oye un ruido que va y viene. Una mujer le está haciendo el boca a boca. Despierta en una cama con las piernas rotas. A su lado está Annie Wilkes con un libro en las manos.

“Él era Paul Sheldon, autor de novelas de dos tipos: buenas y best-sellers. Se había casado y divorciado dos veces. Fumaba demasiado, o lo hacía antes de todo aquello, fuese lo que fuese «todo aquello». Le había ocurrido algo muy malo, pero aún estaba vivo. Aquella nube oscura empezó a disiparse cada vez más aprisa. Aún había de pasar un tiempo antes de que su fan número uno le trajese su vieja «Royal» de mueca sonriente y voz de Ducky Daddles, pero Paul comprendió mucho antes que estaba metido en un problema de todos los demonios”.

Annie le da un analgésico llamado «Novril» con una fuerte base de codeína. La casa se encontraba en un rancho alejado de la pequeña ciudad de Sidewinter, Colorado. Paul piensa preguntarle el por qué no está en un hospital. Ella le cuenta como después de una nevada, encontró su coche volcado, se detuvo y escucho gemidos. Ella lo había arrastrado sacándolo de su «Camaro» del setenta y cuatro.

“Volvió a echarse mirando el techo, escuchando el viento. Estaba en la cima de la Gran Divisoria, en el corazón del invierno, en compañía de una mujer trastornada, que lo había alimentado por vía intravenosa cuando se hallaba inconsciente, una mujer que parecía tener una provisión inagotable de medicamentos, y que no le había dicho a nadie que él se encontraba allí.

Esas cosas eran importantes, pero empezó a darse cuenta de que había algo que lo era mucho más: la marea estaba bajando otra vez. Aguardó a que sonase el timbre del despertador en el piso de arriba. Aún tardaría un poco, pero ya podía comenzar la espera. Ella estaba loca, pero él la necesitaba. Ay, estoy en un lio de miedo, pensó mirando hacia el techo a ciegas mientras su frente volvía a inundarse de gotas de sudor”.

Ella es una gran admiradora y fan del escritor, sobre todo del personaje de Misery Chastain. En ese momento y casi simultáneamente Paul descubrió tres cosas: “la primera, que Annie poseía una gran cantidad de «Novril»; en realidad, tenía muchísimas drogas de todo tipo. La segunda que se hallaba enganchado al «Novril». La tercera, que Annie Wilkes estaba bastante loca”.

Comentario: Misery es una de las novelas más angustiosas de Stephen King y un ejemplo magistral de terror psicológico construido a partir del encierro, la dependencia y la manipulación. En ella, el escritor Paul Sheldon –autor de novelas románticas de gran éxito y, en ocasiones, de obras más ambiciosas– queda atrapado tras un accidente de tráfico, con las piernas destrozadas y sin posibilidad de huida, a merced de su chalada admiradora Annie Wilkes. Antigua enfermera, fue despedida y juzgada en su día por una serie de muertes sospechosas en distintos hospitales, aunque nunca se encontraron pruebas concluyentes para encarcelarla. Este pasado profesional dota al personaje de un inquietante dominio del dolor y de la medicina, lo que incrementa la sensación de amenaza constante.

King opta aquí por un terror íntimo y claustrofóbico, prescindiendo casi por completo de lo sobrenatural. La acción se desarrolla en un espacio cerrado que actúa como una cárcel física y mental, reforzando la sensación de indefensión del protagonista. El miedo no procede de criaturas fantásticas, sino de la imprevisibilidad de Annie, de sus cambios de humor y de su concepción distorsionada del bien y del mal.

Como es habitual en la obra de Stephen King, aparecen referencias y guiños a otros libros de su universo narrativo, como la alusión al hotel Overlook de El resplandor. “Me contó que le habían hecho un encargo para una revista de Nueva York. (…) Era un viejo hotel famoso llamado el «Overlook». Se quemó hace diez años. El vigilante lo quemó. Estaba loco”. Estos enlaces no son meros adornos, sino que contribuyen a crear una continuidad literaria y una complicidad con el lector habitual de su obra.

Uno de los aspectos más sugerentes de la novela es la dimensión metaliteraria. Paul se convierte en una especie de Sherezade cautivo que, en lugar de contar historias para aplazar su muerte, se ve obligado a escribirlas. La resurrección del personaje de Misery Chastain, al que había matado en su última novela, se convierte en la condición imprescindible para conservar la vida. King reflexiona así sobre la relación entre el escritor y su público, sobre la tiranía del éxito y sobre cómo la creación literaria puede transformarse en una forma de esclavitud cuando está sometida a la obsesión del lector.

Annie Wilkes encarna de manera extrema al fan descontrolado, al lector que no acepta que el autor tenga voluntad propia ni derecho a evolucionar. Su admiración se convierte en posesión, y su amor por Misery es más fuerte que cualquier consideración moral. Esta relación perversa convierte a Paul no solo en un prisionero físico, sino también en un prisionero creativo.

La tensión narrativa se mantiene gracias a un ritmo medido y a una eficaz alternancia entre momentos de aparente calma y estallidos de violencia brutal. La adicción al Novril añade un elemento más de dependencia, subrayando la imposibilidad de escape del protagonista y su progresiva degradación física y psicológica.

La adaptación cinematográfica dirigida por Rob Reiner fue un notable éxito y es considerada por el propio Stephen King como la mejor versión cinematográfica de una de sus novelas. La elección de Kathy Bates para encarnar a Annie Wilkes resulta absolutamente acertada: su interpretación, que le valió el Óscar a la mejor actriz en 1991, ha fijado para siempre la imagen de este personaje en la memoria colectiva. Quien haya visto la película difícilmente podrá separar a Annie Wilkes de su perturbadora sonrisa y su mirada desquiciada.

Muchos seguidores y críticos consideran que, si Stephen King es sinónimo de miedo, Misery representa su obra cumbre en términos de terror puro. Si el criterio es la capacidad de provocar auténtico “canguelo”, pocas novelas de su producción alcanzan este nivel de intensidad. Sin embargo, desde una perspectiva estrictamente literaria, El resplandor (1977) sigue siendo, para mí, su obra más ambiciosa y completa.

BIBLIOGRAFÍA

Imma García Ros, Misery. Stephen King. Entre el terror obsesivo y la novela negra, Moon Magazine, 23/08/2015.

Stephen King, Misery, Plaza & Janés editores, Barcelona, 1987.

Stephen King, Mientras escribo. DeBolsillo, Barcelona, 2001.

Pablo Silva Durán, Misery: la psicótica adaptación de Stephen King que se llevó el Oscar, Mundo Diario, 14/08/2022.

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